sábado, 5 de noviembre de 2011

Oriamendi, una victoria de españoles sobre ingleses.

Si hay una batalla recordada y llevada a la leyenda por los carlistas, esa es la de Oriamendi, que incluso da nombre al himno de su causa. Cierto que las guerras carlitas fueron guerras civiles, de las que tanto ha sufrido España; pero como ha ocurrido en otros momentos de la historia, hubo fuerzas extranjeras apoyando a los diferentes bandos. En el caso que nos ocupa, la causa liberal había recibido el apoyo de Inglaterra, Portugal y Francia. Y, fue en la batalla de Oriamendi, donde tropas españolas carlistas se enfrentaron a la Legión Auxiliar Británica consiguiendo una importante victoria.

Magnífico cuadro de Ferrer-Dalmau sobre la Batalla de Oriamendi.

Los carlistas venían de fracasar en la toma de Bilbao, donde además habían perdido a su mejor general, el famoso Zumalacarregui. Tras esto, se decantaron por sitiar San Sebastián. Por su parte, el bando liberal decidió lanzar una ofensiva desde Pamplona sobre las tres provincias vascongadas para dar un golpe mortal a las aspiraciones carlistas. Mientras que el general isabelino Sarsfield intentó penetrar en Guipúzcoa, siendo rechazado por los carlistas; el general inglés Lacy aprovechó que los carlistas estaban ocupados en su lucha contra Sarsfield, para avanzar desde San Sebastián y ocupar Lezo, Ametzagaña, Loyola y Oriamendi. Tras expulsar a Sarfield de nuevo a Pamplona, el Infante Sebastián, líder de las tropas carlistas, llevó a sus hombres a marchas forzadas a encontrarse con los ingleses. Esos habían tenido unas jornadas más relajadas en las que incluso se habían podido permitir algún día de descanso. Pero esto no fue un obstáculo para que los españoles del bando carlista, que habían llegado de noche a Oriamendi, iniciaran su ataque al amanecer sin poder haber dormido. El furor de los hombres del Infante Sebastián superó las defensas británicas y les provocó más de 1500 bajas, obligándolos a huir de nuevo hacia San Sebastián y teniendo que cubrir la desbandada la flota que amarraba en las costas vascas, impidiendo así una masacre mayor. Los carlistas tuvieron menos de la mitad de bajas que los ingleses, pese a todos los factores en contra. Era muy raro que Inglaterra participara con tropas regulares en un conflicto dinástico extranjero y fue un autentico escándalo que sufrieran este descalabro. El Parlamento británico monto en cólera y el general Lacy fue muy criticado por la prensa de su país. Pero, para nosotros, lo más importante dejando al margen las ideologías enfrentadas, es que aquel 16 de Marzo de 1837, una vez más, en campo abierto, los españoles volvieron a desatar el infierno entre los hijos de la pérfida Albión, que seguro que volvieron a recitar aquello de “Españoles en la mar quiero, y si es por tierra que San Jorge nos proteja”. Aún hoy, en el monte Urgull de San Sebastián, descansan los restos de algunos de aquellos ingleses.

2 comentarios:

  1. El dicho "españoles en la mar quiero..." debe de ser a partir de Napoleón, cuando nuestras armas estaban de capa caída y no servíamos ni para pararle los píes a un cojo ciego, porque anteriormente las armas navales españoles le causaron muchísimo gasto de vaselina a la Royal Navy, sino sólo hay que recordarles el nombre de Lezo, donde su armada sufrió la mayor humillación de su Historia.

    Ingleses, ja, sólo escoria sajona.

    Un saludazo.

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  2. Buenísima entrada. No conocía la batalla y, aprovechando que vivo por el norte voy a acercarme al monte Urgull a ver si hay algún recuerdo de la batalla por ahí.

    Saludos.

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