jueves, 21 de julio de 2011

Los Almogávares, pura infantería ligera española.

Hubo una época en la que escuchar el nombre almogavar hacía temblar a los guerreros más valientes. El miedo se convertía en auténtico terror cuando estaban los suficientemente cerca para oir su famoso Aur, Aur, Desperta Ferro! Ya era demasiado tarde para escapar de la Venjança Catalana.
Reproducción de un guerrero almogávar.
El significado del termino almogávar no está del todo claro. La hipótesis más seguida por la mayoría de estudiosos, es que se trata de una palabra de origen árabe que o bien vendría de al-mugavar o al-mugauar, que vendría a significar “el que provoca algaradas”, es decir, disturbios; o de al-mukhavir, “el que trae noticias”. Finalmente, otra hipótesis menos seguida, afirma que viene de la palabra germánica gabar, cuyo significado es “orgulloso”.
Por otra parte, el origen de estas tropas lo podemos encontrar en la época de la conquista de la península por parte de los musulmanes. A causa de dicha invasión, los pastores de las zonas montañosas se quedaron sin poder utilizar en invierno los valles que habían sido ocupados. Para poder seguir subsistiendo, estos pastores se tuvieron que organizar en bandas de salteadores y penetrar en los dominios enemigos en busca de lo necesario para la supervivencia de los suyos. Sería aquí cuando los musulmanes les dieron el nombre de almogávares. Durante estas razzias, que solían ser de apenas unos pocos días, los almogávares podían vivir del terreno y dormir al raso. La instrucción necesaria para poder actuar de esta lid les venía dada de su antigua vida de pastores, ya que la mayoría de ellos se había criado entre las más agrestes montañas, donde la dureza del clima hacía que la tierra no regalara demasiados recursos y hubiera que aprovechar al máximo los pocos presentes. Pero tras muchas generaciones llevando este nuevo tipo de vida a la que le habían empujado los invasores, parece claro que se formó un auténtico espíritu guerrero en estas comunidades de pastores, de forma que acabaron por no saber vivir de otra manera que no fuera haciendo la guerra. Además, era mucho más cómodo ganarse la vida con asaltos de pocos días, que trabajando duramente todo el año. Con el avance de la Reconquista, los almogávares se integran como fuerzas irregulares entre los ejércitos cristianos, con el objetivo claro de poder obtener un buen botín. Parece que su existencia no se limita solo a la Corona catalano-aragonesa, sino que en Castilla también encontraríamos tropas de este estilo y compañías enteras fueron reclutadas en Asturias y Galicia e incluso algunos eran mozárabes de las tierras hispanas bajo dominio musulmán, o aventureros de cualquier parte que buscaban fortuna. Por su forma de actuar era indispensable no llevar ningún tipo de impedimenta en sus incursiones y contar con un armamento muy ligero que no les limitara en sus rápidos desplazamientos y sorpresivos ataques y poder retirarse tras atacar poblaciones musulmanas, antes de que el enemigo pudiera reaccionar y organizar cualquier tipo de contraataque. Todo esto hacía que los almogávares fueran esencialmente unas valiosísimas tropas de infantería ligera, aunque una minoría iría también a caballo cubriendo a sus hombres de a pie cuando fuese necesario y encargándose de perseguir a enemigos desbandados.

Los almogávares apenas iban protegidos con armamento defensivo, ya que tan solo contaban con un pequeño escudo circular, de los conocidos como rodela, y una redecilla de cuero o metal hacia las veces de casco. En el resto del cuerpo llevaban las pieles típicas de los pastores montañeros que siempre habían sido, junto con polainas o calzas de cuero y albarcas para calzarse. Como armamento ofensivo utilizaban una lanza corta llamada azcona, que podían partir para combatir en espacios más apretados, una serie de dardos, que sabían manejar con maestría, y el famoso coltell o colirtell, un cuchillo o espada corta, de hoja muy ancha. De esta arma, decían orgullosos que cuando entraban en combate pasaba más tiempo dentro de los cuerpos de sus enemigos que fuera. El equipo del almogávar se completaba con un zurrón colgando de su espalda, en el que transportaban las únicas provisiones que llevaban encima.
Aparte de sus famosas incursiones en territorio enemigo, dadas sus características, fueron también utilizados como exploradores.

Pero los almogávares no solo sabían combatir aprovechando el factor sorpresa, sino que supieron demostrar que sabían pelear con la misma eficacia en batallas a campo abierto. En estas ocasiones, de nuevo su equipo ligero se convertía en su mejor baza. Podían actuar mezclándose entre su propia caballería o introduciéndose en la enemiga. En ambos casos su forma de actuar solía ser la misma. Primero utilizaban el coltell para desjarretar a los caballos del enemigo (cortar los tendones de las patas). Una vez caía el jinete enemigo, era rematado en el suelo. El haber ido mejor defendido, le significaba también al caballero soportar más peso en su cuerpo y perder agilidad en los movimientos, con lo cual se convertía en presa fácil del ligero almogávar. Del mismo modo, podían introducirse entre las lanzas de las filas de la infantería enemiga y hacer estragos. En ambos casos, cuando en el campo de batalla se cerraban los espacios por la acumulación de tropas, era cuando los almogávares partían su lanza para hacerla más manejable en las distancias cortas.

Su estructura interna sorprende por su carácter democrático. Básicamente había tres grados jerárquicos. En la base estaba el almogávar propiamente dicho, como soldado. En el medio estaba el almocadén, que mandaría sobre una sección de almogávares. Por último, arriba del todo encontramos al adalid, que era un capitán almogávar. Los almocadenes y adalides eran elegidos entre los almogávares, y cada hombre tenía un voto del mismo valor. Además, cuando los almogávares se disponían a afrontar una gran empresa, como fue la expedición a Oriente, elegían a un caudillo superior a todos los adalides, como lo fueron Roger de Flor o Bernat de Rocafort, que gozara de una gran popularidad como buen guerrero, aunque llegado el caso, este también podía ser destituido si los almogávares quedaban disgustados con su acción en el mando.

Desperta Ferro! La mística almogávar:

Junto a su letalidad, lo que más impresionaba, y atemorizaba, al enemigo antes de entrar en combate contra los almogávares, especialmente para aquellos que no los conocían; era el ritual previo que realizaban antes de la batalla.

Para un almogávar sus armas tenían vida propia y mientras estaban enfundadas o en reposo es como si estuvieran dormidas. Por eso, antes de combatir tenían que hacerlas despertar. Cogían su pequeña espada o la lanza y hacían chocar la parte metálica contra alguna piedra, provocando que saltaran multitud de chispas, a la vez que entonaban su famoso grito de guerra Desperta Ferro! Podemos imaginarnos que ante esta visión, el enemigo, por muy valiente que fuera, tendría que sentir encogérsele el corazón. Otros gritos acompañaban a este, tales como Matem, matem!, Aragó!, Aur, aur! o Sant Jordi!
El famoso cuadro de José Moreno Carbonero que adorna el
edificio del Senado español y que muestra la entrada triunfal
Roger de Flor y sus almogávares en Constantinopla.

Desde luego se puede afirmar que tenían una gran puesta en escena, digna de compararse con la de los mismísimos espartanos de las Termópilas o por su teatralidad, con las de los maoris neozelandeses y su danza guerrera.
Se necesitarían muchos artículos para explicar todas las campañas de los almogávares, aunque seguramente la mayoría los conoce por su expedición a Oriente, donde salvaron al imperio Bizantino de la amenaza turca, siendo pagados con la traición de aquellos a los que salvaron. Esto desembocó en los famos hechos de la Venjança Catalana, cuando tras ser asesinado su caudillo Roger de Flor, junto a otros jefes almogávares, estos en lugar de darse a la fuga se reorganizaron para contraatacar. En primer lugar hundieron las naves que tenían amarradas en el puerto de Gallipolli, evitando así la tentación de la huída (como haría Hernán Cortés dos siglos después). Luego derrotaron al ejército bizantino enviado contra ellos y fue aquí cuando empezó la gran masacre. Sedientos de sangre aniquilaron a hombres, mujeres y niños de todas las poblaciones donde se había conspirado contra ellos. Igual que el Duque de Alba es aún hoy recordado como el "coco" en Holanda, a los niños de Grecia y los Balcanes (las tierras que entonces pertenecían a Bizancio) se les asusta con que van a venir los catalanes a llevárselos si se portan mal. La venganza de los almogávares caló hondo en el saber popular. Así en albanés katala significa monstruo y en bulgaro hombre malvado. En otras regiones de la zona se utiliza su nombre para lanzar una maldición, y es que pocos ejércitos en la historia han tenido la eficacia y ferocidad de los almogávares.
Hoy en día son muy recordados y vuelven a la vida en muchas fiestas populares de Ctaluña y Aragón, donde existen varios grupos de reconstruucón histórica. En otro ámbito, cuando se fundaron en España las unidades paracaidistas, a las dos primeras Banderas se les dió el nombre de los dos caudillos almogávares más famosos, Roger de Flor y Roger de Lauria, pues en su forma de actuar lanzádose en incursiones en las líneas enemigas, se asemejaban a la táctica de estos guerreros legendarios. También un el Grupo de Operaciones Especiales número IV los honró cogiendo su temible nombre.

Para acabar un video con fragmentos de la película Tirant lo Blanc en los que se ve la forma de vestir y de luchar de los almogávares.

1 comentario:

  1. Eso de "la infantería española" no es así, estos tipos no eran mas que unos corsarios, que trabajaron para la corona de Aragón, ladrones, asesinos a sueldo. Catalanes para mas INRI. De raza le viene al galgo. Si quieres buscar a la buena infantería española, mira para otro lado.

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