jueves, 2 de septiembre de 2010

LOS GARROCHISTAS JEREZANOS DE BAILÉN.

Aunque ya han pasado las celebraciones por el segundo centenario de la Batalla de Bailén, es justo homenajear a unos hombres a los cuales la historiografía actual se ha empeñado en menospreciar su papel en tan famosa batalla, nos referimos a los antaño famosos garrochistas de Bailén.


Garrochistas en una reconstrucción histórica de Bailén.
Para los que no estén muy duchos en el tema, los garrochistas son los hombres a caballo encargados de cuidar las reses de toros, se puede decir que son sus “pastores”. Para controlar a estos poderosos animales se ayudan de un palo de unos 3 metros de largo, llamado garrocha, de la cual toman su nombre.


Cuadro de un garrochista.

Tras los hechos del 2 de Mayo en Madrid y la entrada del General Dupont en Andalucía, los patriotas de esta tierra empezaron a organizarse, especialmente al contemplar los desmanes y abusos que las tropas francesas cometieron en Córdoba. Bajo el mando del General Castaños se empezaron a agrupar miles de andaluces y gentes huídas de otras regiones, deseosos de vengar la afrenta francesa. Estos voluntarios procedían de todas las clases sociales y oficios, y con más o menos experiencia militar, lo que no faltaba era el valor. Entre todos ellos, empezaron a llegar los garrochistas, la mayoría de Jerez de la Frontera, tierra famosa por sus buenos caballos, y también algunos de la localidad sevillana de Utrera. No está muy claro cuál fue su número, pero según los estudiosos del tema, podrían rondar entre 250 y 500 efectivos. Pronto destacaron por sus vestimentas, llevaban un pañuelo de color rojo en la cabeza atado a la nuca cuyos picos caían sobre la espalda dejando ver una coleta envuelta por redecilla negra, sombrero calañés con moña, chaquetilla corta con hombreras y caireles, chaleco medio abierto por el que asomaba un pañuelo atado al cuello, faja negra o roja, calzones ajustados hasta la rodilla y botín abierto que dejaba ver medias azules o blancas. Como armamento tenían un cuchillo de monte en la faja y sus famosas garrochas para picar toros, pero a las que a muchas se les había cambiado la puya por punta de lanza.

Encuadrados en la 4ª División del General Manuel de la Peña, ya tres días antes de la gran batalla en Bailén tuvieron un importantísimo papel en la toma de Mengíbar, bajo el mando del Capitán José Cheriff, cayendo el mismo en la acción junto a los primeros garrochistas que regaron con su sangre la tierra andaluza. Pero fue el 19 de Julio cuando su nombre se incorporó a la leyenda. Gracias a sus dotes como excelentes jinetes y a lo ligero de su equipo, podían maniobrar con gran rapidez entre los numerosos olivares que pueblan esa tierra jienense, y así de forma temible cargaron a todo galope con una formación en cuña que diezmó a la vanguardia enemiga, deshaciendo el ala izquierda francesa y adentrándose hasta el grueso del ejército a través de los olivares al grito de: ¡¡España Jerez, a por ellos, como a las vacas!! Tras el tremendo choque, los garrochistas se cebaron en perseguir a los franceses, hasta que la superioridad numérica de éstos acabó con su valor. Para comprender lo valeroso de su acción, basta decir que solo 30 sobrevivieron. Aquellos audaces lanceros voluntarios de Utrera y Jerez vestidos de paisano asombraron a los oficiales napoleónicos tanto por su bravura e indumentaria como por su armamento, ya que nunca antes aquellas gruesas y largas garrochas de tres metros de largo se habían visto en una batalla moderna. En el parte del general Reding a Castaños de fecha 22 de julio de 1808, se alaba a estos voluntarios utreranos y jerezanos, calificándolos de “bisoños triunfadores de las águilas napoleónicas”. El 24 de agosto de ese mismo año las tropas del general Castaños entraron victoriosas en Madrid, con ellas, un puñado de jinetes jerezanos causaron la admiración de todos por su fama y peculiar indumentaria, eran los supervivientes de aquella histórica gesta. Después de aquella batalla muchos serían los garrochistas jerezanos que siguieron engrosando la caballería del ejército español, circunstancia ésta que trajo en jaque a los franceses hasta su salida definitiva de suelo patrio. Ello podemos desprender de un bando publicado en febrero de 1810 colgado en las plazas de Jerez, cuando las dichas tropas napoleónicas ocuparon la ciudad. Entre otras muchas medidas de represión decía lo siguiente: “Todo individuo que auxilie a los garrochistas será fusilado o ahorcado. El que avise para prenderlos será gratificado con cuatrocientos reales y si el mismo es soldado será ascendido”.

Quisiera dedicar este artículo a un jerezano de pro, orgullo de su tierra tanto él como su familia, mi compañero Alejandro Sánchez Sabido.
Maqueta de un garrochista en Bailén.


Bibliografía: -Wikipedia.

-Artículo de Antonio Mariscal Trujillo.

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