miércoles, 5 de febrero de 2014

Casta Álvarez, la de la bayoneta en la escoba.

Grabado de la serie "Ruinas de Zaragoza" de Juan Gálvez
y Fernando Brambilla, que muestra a la heroína.
Nuestra protagonista de hoy, es una de aquellas mujeres que destacaron en la defensa de Zaragoza contra los franceses, una de las que demostró más agallas que muchos de sus compatriotas varones, una, en fin, de las defensoras de la Patria. 
De padres oriundos de Figueruelas, no está muy claro si Casta nació en Zaragoza, en el año 1776, o en Orán, pues gustaba mucho de hablar de los habitantes de aquella ciudad. Fuera de donde fuese, Casta era la típica aragonesa, ruda en sus formas, pero trabajadora y amante de los suyos. Madre y viuda, muy pronto destacó en la defensa del primer sitio francés. Su estampa no pasaba a nadie desapercibida, pues siempre iba acompañada de una pica, o según muchos afirmaban, de una vieja bayoneta enganchada al palo de una escoba. El 5 de junio de 1808 se destaca sobremanera en la batalla de las Eras del Sepulcro, junto a la puerta de Sancho. No acaban allí sus acciones, pues también estará presente en la defensa del Portillo, junto a la gran Agustina de Aragón y ayudando a la madre Rafols evacuando enfermos. En la puerta del Carmen, consiguió rechazar, junto a otros zaragozanos, la peligrosa carga de los polacos ulanos, una de las mejores caballerías de Napoleón. Tanto en acciones en primera línea, como en las logísticas de retaguardia, Casta estuvo siempre trabajando como la que más e increpando a los que no lo hacían, haciendo gala de ese fuerte carácter por el que era conocida.

Cuando tras el segundo sitio, y con el general Palafox gravemente enfermo, se pacta la rendición de la ciudad, Casta no lo asimila y no deja de insultar a la comitiva que entrega la ciudad a los franceses. Estos, buscaron con curiosidad a la mujer que se defendía con un palo de escoba a bayoneta calada, pero Casta supo ocultarse. Tras la guerra, fue condecorada por sus acciones con el Escudo de Distinción y el Escudo de Defensor de la Patria, y además, recibió una pensión vitalicia. Un siglo después de los asedios, su ciudad supo recompensarla con el nombre de una calle y llevando sus restos a la Iglesia de Nuestra Señora del Portillo, junto a los de Agustina y Manuela Sancho.
Lienzo de Marcelino de Unceta que se conserva en el Ayuntamiento de Zaragoza

lunes, 20 de enero de 2014

Centurión Marco Casio Esceva, el héroe de Dirraquio.

Iniciamos una nueva categoría dentro de este blog, destinado a dar cabida a personajes menos conocidos, pero con actuaciones destacadas en alguna o varias batallas. Serán breves reseñas, que tienen el objetivo, de al margen de homenajear a los protagonistas, darle al blog un mayor dinamismo, sin tener que esperar largos meses a artículos de mayor longitud.
Centurión de época imperial

Nuestro primer personaje será un centurión de la época tardorrepublicana. No será el último de esta graduación, pues fueron estos hombres, columna vertebral de las legiones, quienes en muchas ocasiones decidieron batallas gracias a su comportamiento.

El Centurión Esceva es conocido por su papel en la Batalla de Dirraquio, uno de los episodios de los enfrentamientos entre Pompeyo y Julio Cesar. Lo poco que sabemos del Centurión Esceva es gracias a los Comentarios sobre la Guerra Civil de Julio Cesar, bajo cuyo mando servía, y a otra mención que hace Plutarco en su episodio de Cesar en sus Vidas paralelas. Lucano en Farsalia es quien cuenta su historia con gran dramatismo.
Dice Cesar que Esceva era el octavo de su grado, por lo que debía mandar la segunda centuria de la segunda cohorte de una legión. Al parecer esta cohorte, protegía un fuerte bajo la dirección del legado Lucio Minucio Basilo. No vamos a narrar la Batalla de Dirraquio, pero fue una batalla de trincheras y de intento de tomas de fuertes de uno y otro bando. En un momento de esta batalla, Pompeyo envía gran número de hombres contra uno de esos fuertes. Lo que parecía que iba a ser una caída inminente, se convierte en una carnicería, donde los pompeyanos se llevaran la peor parte y se irán derrotados.
Viajemos hasta el momento cumbre. Los pompeyanos han acabado con los defensores de las torres del fuerte y se disponen a tomarlas al asalto, en esto que aparece el Centurión Esceva y arroja sobre ellos los cadáveres de sus compañeros caídos. Cualquier objeto le sirve a Esceva de proyectil, y los enemigos que consiguen trepar hasta lo alto del vallado son recibidos por su espada y sus golpes. Se convierte en el blanco de la ira de sus enemigos y no deja de recibir impactos de flecha y lanzas. Esceva no se cansa de matar y un éxtasis de muerte le posee. Su espada ya está mellada de tanto matar y atravesar las protecciones de sus enemigos.  Recibe un flechazo en el ojo izquierdo y Esceva, lejos de amilanarse, se arranca al proyectil y lo lanza a sus pies, pisándolo y reventando su propio ojo ocular, que en él se encontraba enganchado. Su rostro sangriento le hace parecer una criatura salida del mismísimo infierno, pero al fin parece rendirse. Es todo una estratagema, en cuanto dos hombres se acercan a apresarle, a uno le destroza del arma con su espada sin filo, mientras que rasga la cara del otro. En ese momento, sus hombres, enardecidos por sus valor, lo arrancan de las manos enemigas.
De manera inexplicable, una sola cohorte ha rechazado el asalto. Se cuentan más de 30000 proyectiles lanzados contra el fuerte y el escudo de Esceva es enviado a Cesar, que cuenta en el 230 agujeros, 130 según Plutarco. Esceva, además de la herida del ojo, tiene una lanzado en el hombro y otro en la pierna. Otro tres centuriones (de seis que tiene la cohorte) han quedado ciegos y no hay soldado que no haya sido herido.
Por esta acción Cesar recompensó a la cohorte con paga doble, condecoraciones, más raciones de alimentos  nuevas vestimentas. Esceva, en una orden especial, fue ascendido de golpe a primo pilo de la legión. Hay que destacar esto, pues el primo pilo era el centurión de más categoría de los 60 que tenía la legión, y lo normal era avanzar en el escalafón de puesto en puesto, sin saltos del calibre que dio Esceva, un hombre de los que tan grande hicieron a Cesar, y que este no olvido en sus memorias.

Bibliografía: -Los clásicos citados.
-DESPERTA FERRO Antigua y Medieval nº 19. En la portada de este número se puede ver una excelente ilustración de Esceva.


domingo, 5 de mayo de 2013

La Batalla de Cuarte, el Cid señor de Valencia.


Quien más y quien menos, conoce los avatares de Don Rodrigo Díaz de Vivar, sus destierros y los encontronazos con su señor, el rey Alfonso VI. Harto el buen vasallo de la incomprensión de su monarca, acabó por crear su propio feudo en Valencia, acompañado por sus fieles huestes, arrebató estas tierras a los antiguos señores musulmanes y resistió el envite de la nueva potencia norteafricana, los almorávide, que como una plaga, habían vuelto a teñir de sangre buena parte de España. Será tras la batalla desarrollada cerca de Quart de Poblet, conocida como Batalla de Cuarte, cuando el Cid, tras su mayor victoria, se haga llamar “princeps Rodericus campidoctor”.
El Cid

Tras la toma de Valencia por las tropas del Cid el 14 de junio de 1094, no tardó el famoso Yusuf, emperador almorávide, en poner sus ojos sobre estas tierras. Una vez más, una taifa débil, prefería el yugo integrista que representaba Yusuf, a tener que vivir bajo la cruz o teniendo que pagar grandes impuestos a un señor cristiano. Yusuf aprovechó la llamada de los ciudadanos de Denia para iniciar su expedición. Tras reclutar unos 4000 hombres en Ceuta, pasó al Península, donde las taifas sometidas a su poder le entregaron un número similar de soldados. A fines del verano llegó a las inmediaciones de Valencia, acampando en una llanura entre Quart y Mislata, pero el ramadán hizo que las operaciones quedaran muy paradas durante un mes, hasta que el 14 de Octubre se inició el asedio con toda su intensidad a la capital valenciana. La ciudad seguía siendo en mayor parte musulmana, con lo que era fácil que al iniciarse el asedio, se rebelaran contra las fuerzas cristianas del interior. Para evitar esta tentación, el Cid, que era un gran psicólogo, los amenazó con la muerte si el asedio se ponía duro. Además, utilizó una serie de fenómenos para afirmar que se auguraba una victoria cristiana. Como se recoge en varias crónicas, el Cid, viendo desde las murallas de Valencia el campamente enemigo, afirmó que este solo serviría para aumentar sus riquezas y el ajuar de sus hijas. Pero, lo que más influyó en la moral de los defensores, fue la propaganda del Cid, que hizo correr el rumor que los reyes Pedro I de Aragón y Alfonso VI, venían con grandes fuerzas para socorrer la ciudad. Lo del de Aragón parece que fue totalmente falso; mientras que respecto al rey leonés, si que pudo haber enviado tropas, pero el conflicto se resolvió antes de su llegada.
Estas noticias también llegaron a las tropas sitiadoras, provocando deserciones y disminuyendo la presión en el asedio. Así, tras una semana de infructuosos ataques, el Cid decidió salir de la ciudad a combatir a campo abierto. La estratagema elaborada por el Cid fue un éxito. Era noche cerrada cuando el mismo, comandando la mayor parte de su ejército, salió por la puerta Sur de la ciudad, donde los almorávides no tenían fuerzas. La caballería pesada del Cid dio un gran rodeo hasta situarse en la retaguardia de los sitiadores. Mientras, al amanecer, una pequeña fuerza de caballería hizo una salida para hacer creer a sus enemigos que era la típica acción que pretendía aliviar el asedio y conseguir provisiones. A su paso salió la mayor parte del ejército almorávide, cayendo así en la trampa. Estos jinetes cristianos tornaron grupas hacia la ciudad, a la vez que el Cid atacaba el campamento donde estaba el general almorávide Muhammad, quien, como todos, creyó que estaba siendo atacado por las esperadas fuerzas de Alfonso VI. Cundió el pánico entre los sitiadores que se desorganizaron como pudieron dejando numerosas bajas en el campo y huyendo de lo que creían era un gran ejército. El Cid no los persiguió pues carecía de entidad para ello, pero había levantando el asedio con una tropa menor, sin prácticamente bajas y, como había prometido, se había apoderado del campamento enemigo.
Desarrollo de la batalla

Gracias al botín y el armamento incautado, el Cid pudo asegurar su hegemonía en el principado de Valencia, tomando importante núcleos como Sagunto. Se alió con Pedro I, que pudo tomar Huesca, gracias al freno que suponía Valencia. Tras la muerte del Cid, su esposa Jimena defendió la ciudad todo lo que pudo, hasta que el propio Alfonso VI decidió que era mujer dejarla a los almorávides. Peso a ello, las acciones del Cid habían logrado equilibrar las fuerzas en la zona y dejar la poderosa Taifa de Zaragoza muy aislada del apoyo almorávide, con lo que en pocos años, el Reino de Aragón pudo expandirse hacia el sur aprovechando el trabajo del gran Rodrigo Díaz de Vivar.

 
Mapa de la época del Cid. Observese como el principado de Valencia
está clavado enmedio del poderío musulmán de los almorávides.

domingo, 10 de marzo de 2013

La Rovirada, el gran golpe de mano catalán.


El Doctor Rovira en su época militar
Conocidos son por todos, los problemas que las partidas de guerrilleros españoles ocasionaron al ejército francés durante la Guerra de la Independencia. Sus embocadas y golpes de mano, hicieron del combate no convencional, una gran arma contra los intereses franceses. Pero, no solo fueron este tipo de fuerzas irregulares las protagonistas de estas acciones; en este artículo vamos a ver, como un ejército convencional fue capaz de sorprender al ejército imperial y en un hábil golpe de mano arrebatarle el control de una de las mayores fortalezas de Europa, el castillo de San Fernando, en la localidad ampurdanesa de Figueras.

Muchos fueron los héroes militares que dio esta guerra, en la que antes de la cual nunca habían tomado las armas. Hombres de distinta procedencia y condición, que sin pasar por ninguna academia militar, se rebelaron como hábiles estrategas y conductores de hombres en el combate. Uno de estos hombres fue el clérigo Francisco Rovira Sala, el Doctor Rovira, que abandonó por un tiempo el altar para escarnio de los franceses, llegando por meritos de guerra a ostentar el grado de Brigadier.
El Abad Rovira se había educado en un ambiente de odio hacia las innovaciones que llegaban de la revolucionaria Francia. Pese a lo que apuntaron en el pasado algunos autores, no parece que Rovira participara en la Guerra de la Convención contra la novel república francesa a fines del siglo XVIII. Sería poco después de los hechos del Bruch, cuando indignado de las tropelías de los franceses, se sumó en Bañolas al alzamiento de la vecina Figueras el 13 de junio de 1808. Mandó que tocaran las campanas del pueblo de famoso lago, para una vez reunido los vecinos lanzar una inflamable proclama contra el invasor del otro lado de los Pirineos.

El contexto de Cataluña en los primeros días de la guerra es el de una región, cuya capital, Barcelona, y sus principales fortalezas, han sido rápidamente ocupadas por el ejército de Napoleón. Las otras tres capitales resisten en un principio (famosa es la ya aquí tratada resistencia de Álvarez de Castro en Gerona). Tarragona acabará quedando como la capital de los patriotas catalanes y en la zona que nos ocupa se formarán dos Juntas corregimentales en Gerona y Figueras.
Pocos días después del alzamiento, el 18 de junio se intenta un primer asalto y toma del castillo de San Fernando, clave en el abastecimiento logístico del ejército francés en Cataluña, por controlar este el camino real, a través del cual se suministraba a sus fuerzas de todos lo necesario proveniente de Perpiñán. El plan era que aprovechando que los mandos franceses se encontraban en el ayuntamiento con motivo de un baile, capturarlos y una vez descabezadas las tropas, tomar la fortaleza. El capitán retirado Juan Clarós, con el mando del corregimiento de Figueras, dirige la acción que acaba en desastre. Pese a todo logra bloquear la fortaleza. Esta acción fue cubierta por el Doctor Rovira, que en su primera acción militar, corta con sus hombres el camino real, impidiendo que el castillo fuese auxiliado.
Tras este fracaso se reorganiza la resistencia y se crea la Junta Superior de Cataluña.
Se regulariza la situación de Rovira, que se incorpora como capitán a los migueletes, encuadrando su compañía de Bañolas en el Segundo Tercio de Gerona. Estos Tercios equivalían a un Batallón de 10 compañías, unos 1000 hombres. Poco duró su primera aventura militar, pues en Agosto, una orden superior del marqués de Palacio, licencia a todos los religiosos del Ejército de Cataluña. No se rinde el abad y en Noviembre es reincorporado a filas, esta vez como coronel de infantería, recibiendo el mando de la unidad conocida como Cuerpo de Expatriados. Tanto esta unidad, como el Batallón de Almogávares de Narcís Gay, se crearon para paliar el flojo reclutamiento de los migueletes. Rovira se provee de hombres que tras el sitio de Rosas va llegando a Bañolas, de ahí el nombre de expatriados.
Pasa solo un mes, y se le da también el mando de una División de Somatenes. Un somatén equivalía a la mitad de un Tercio, 500 hombres. Los somatenes servían como fuerzas reservistas. Combinando ambas fuerzas, Rovira no dejó de machacar las líneas de comunicación del ejército francés, especialmente interceptando los convoyes que aprovisionaban el asedio francés a Gerona. Destaca la captura de uno en Mendinyà que llevaba 36 carros de galletas y otros efectos.
Otra acción destacada es cuando el 27 de Diciembre de 1808 expulsó a los franceses de Pont de Molins y de Capmany, empujándolos a Junquera. Pero no todo fueron alegrías; el 24 de Febrero del año siguiente, fracasa en una emboscada entre Esponellà y Orfans, donde además es capturado, consiguiendo huir tras sobornar a unos de sus captores. 

Centrándonos en la famosa Rovirada, es curioso que el término se originara como algo despectivo. El General O´Donnell, que nunca estuvo a favor de la acción, se refería a ella con este apelativo para menospreciarla. Rovira sabía que si caía San Fernando, la Armée de Catalogne solo podría ser abastecida por mar, de manera que si se permitía a los ingleses tomar las Islas Medas y que desembarcaran fuerzas contra la más que probable fuerza de asedio que los franceses mancarían a retomar el castillo; su ejército quedaría aislado de todo apoyo logístico. Como veremos, O´Donnell no dio ninguna facilidad a Rovira y responsabilidad suya fue que la Rovirada no fuese explotada como merecía.
Durante todo 1810 Rovira fue planeando la acción. Una enfermedad, la llegada de refuerzos  y problemas meteorológicos frenaron varios intentos anteriores. No dejó de pedir más hombres para llevar a cabo sus planes, pero solo se le cedieron los Expatriados encuadrados en la Segunda Sección de la Primera Legión Catalana.
La Legión Catalana era una unidad interamas con tres Secciones (equivalentes a Regimientos) de infantería, dos de ellas de línea y una ligera. A estas fuerzas se sumaban una compañía de gastadores y una unidad de artillería.
La Segunda Sección de la Primera Legión Catalana contará con tres Batallones, los Expatriados y el Batallón de Almogávares de Gay que se le une el 12 de Marzo. Por tanto, las cifras de las fuerzas que llevaron a cabo la Rovirada oscilan entre 969 hombres según unos autores, 1038 según otros y otros que afirman que la Segunda Sección solo tenía 462 hombres por 92 del Batallón de Almogávares.
Fuera cual fuese el número, el gran éxito de la acción fue gracias a la inteligencia. Rovira contaba con cinco topos dentro de la fortaleza. Los franceses externalizaban gran parte de su logística y gran parte de ella la formaban gentes de la tierra. Así, el acceso a los almacenes de suministros, lugar por el que entraron los asaltantes, era más que conocido por Rovira. Joan Marqués había hecho una copia en cera de la llave de acceso a dichos almacenes. Genís y Pere Pou informaron a Rovira hasta última hora de la situación de los puestos de seguridad dentro del castillo. Juan Floreta y Juan Buenaventura fueron los otros dos informadores. Incluso el capitán Casa pudo entrar disfrazado días antes en la fortaleza y dar informes fiables.
Cuando todo estaba a punto se iniciaron los movimientos aprovechando la Semana Santa, una época que se presumía tranquila por los franceses, que sabían de la religiosidad de los españoles. Rovira realiza unas maniobras de diversión para disminuir las tropas francesas en el castillo. Lo consigue simulando un intento de invasión de la frontera francesa en Saint Laurent de Cerdans. A esto suma otro falso intento de tomar Olot atacando la vanguardia francesa a finales de Marzo, siendo relevado cuando consigue su propósito. Estas maniobras, junto al asedio de Castellfollit, dejan en la fortaleza una fuerza de menos de 1000 hombres.
Imagen aérea de la explendida fortaleza de San Fernando
Rovira acerca por el día sus fuerzas aprovechando los frondosos bosques, hasta detenerse a 2 horas del castillo. Al anochecer se aproximan a tan solo una hora de su objetivo, tomando como base de partida la casa del capitán Bonal, donde toman una frugal cena y se informa a las tropas de la acción. Rovira divide sus fuerzas en 4 piquetes y una fuerza de cobertura mandada por el mismo. Inician movimiento a las 00:30, tomando la fortaleza solo 2 horas después, pese al mal tiempo que les acompañó.
Era una noche de luna llena, pero avanzaron por el Sur aprovechando los altozanos, hasta el glacis defensivo. De allí hasta la poterna del almacén de víveres fueron por la contravanguardia del torreón de San Juan. El mal tiempo y el fuerte viento de tramontana les ayudó en la acción, pues los centinelas franceses están a cubierto en las garitas. Accedieron a los fosos por la escala de mampostería de la contraescarpa, frente a la cara izquierda de la contraguardia de San Juan, muy cerca de la poterna. Allí se dio muerte a los primeros centinelas. Solo hizo falta acabar con la vida de 25 soldados enemigos para tomar la fortaleza por sorpresa. Como contraseña para identificarse durante la acción se escogió la palabra catalana SETZE, dieciséis, debida a su difícil pronunciación por la gente de habla no catalana. Cada piquete se hizo cargo de un objetivo:

-El capitán Casas con 80 hombres fueron los primeros en tomar la poterna y acabar con los centinelas de guardia de la puerta principal sobre ella.

-El capitán Dresayre, con 208 hombres se encargó de tomar las casamatas encima de las caballerizas donde se alojaban las tropas de infantería del 1ª Reggimento di Fanteria di Napoli.

-El capitán Bonal, con otros 208 hombres, ocupó los cuarteles donde se alojaba la tropa artillera del 5é Bataillon du Train.

-Por último, el teniente coronel Llobera, jefe de la fuerza de asalto, aseguró el Estado Mayor y capturó al gobernador de la plaza, el general Guillot.

Guillot culpó del éxito de la acción a sus tropas napolitanas, que afirma que se rindieron al grito de “Viva España, somos todos hermanos”.
Pese a la rapidez y el éxito, hubo  momentos de preocupación, ya que debido a la lluvia se inutilizaron muchos cartuchos,  pero el propio Rovira afirma que sus hombres supieron tirar de bayoneta y sable.
Por esta acción Rovira fue ascendido a Brigadier y fue el primer militar propuesto a la novel Cruz Laureada de San Fernando, la cual rechazó formalmente, pues prefirió ser nombrado Maestre de la Escuela de Vic, ya que él nunca quiso hacer carrera militar, sino seguir con la suya en la iglesia una vez terminada la guerra. El resto de hombres también fueron recompensados en mayor o menor medida por su heroicidad.
No se detuvo Rovira, pues sabía que de poco serviría su acción sino se completaba con el control de la costa y con el apoyo inglés. Viajo a Valencia para convencer a O´Donnell, pero este siguió negándose pese al éxito de su vilipendiada Rovirada. En Cádiz se encontraban 2000 ingleses esperando para desembarcar. O´Donnell solo consintió que apoyaran a los asediados en Tarragona. Como se temía Rovira, pronto los franceses enviaron fuerzas para retomar San Fernando. Sin nadie que les importunara por la espalda como quería Rovira y aprovisionados por mar, el éxito de la Rovirada se iba diluyendo.

El 28 de junio caía Tarragona y tras cuatro meses de brava resistencia, San Fernando capitulaba ante los franceses. Para más inri, solo diez días después, las Islas Medas eran ocupadas por las fuerzas de Millans del Bosch, cortando así el cabotaje entre Marsella y Barcelona, acabando con el aprovisionamiento de los franceses por mar, justo cuando habían vuelto abrir la vía logística terrestre. Una vez más, la ceguera del alto mando, esta vez O´Donnell, impidió haber dejado a los franceses sin ningún apoyo en una zona tan complicada como Cataluña. 

Hoy en día, dos siglos después la Rovirada apenas es conocida por los entendidos y los habitantes de Figueras, que la recrean históricamente cada año.

Es muy recomendable la visita a esta magnífica fortaleza, donde en sus caballerizas se encuentran unos muros conmemorativos con los nombres de muchos de estos héroes, justo enfrente donde otro héroe patriota, el defensor de Gerona, Álvarez de Castro, murió en cautiverio.

Valgan como homenaje las palabras del gobernador de la fortaleza esos cuatro meses, el Mariscal Juan Antonio Martínez, marqués de Campoverde:

“Gloria al Dios de los ejércitos, y honor a los valientes catalanes” 

http://larovirada1811.blogspot.com.es/ Blog sobre la Rovirada y su reconstrucción histórica.

http://www.castillosanfernando.org/ Web del Castillo de San Fernando. 

Bibliografía: La Rovirada-1811. Pablo de la Fuente de Pablo y Jordi Bohigas Maynegre. Colección de Cuadernos del Castillo de San Fernando editada por el Ministerio de Defensa en 2011 para conmemorar el segundo centenario.
 

sábado, 5 de enero de 2013

El de las Hazañas. Hernán Pérez del Pulgar, un héroe de la Reconquista


En nuestro último artículo, sobre la Guerra de Granada, reflejábamos la arriesgada aventura de un castellano que osó clavar en la mezquita de la capital nazarí un retrato de la Virgen. Ese hombre era Hernán Pérez del Pulgar, y por estas y muchas otras gestas recibió el sobrenombre del de las Hazañas y merece un artículo propio.
Inauguración en 2010 de la estatua dedicada al héroe en su
ciudad natal, Ciudad Real.
Corría el año 1451 cuando la castellana villa de Ciudad Real vio nacer a este gran hombre. Muy ligado desde siempre a la figura de Isabel la Católica, sus primeras acciones de combate se desarrollan contra Portugal y el bando que apoyaba la candidatura de Juana la Beltraneja al trono de Castilla. Pero fue durante la Guerra de Granada que su nombre se empezó a escribir en la historia. Desde el inicio de la contienda su bravura fue conocida y ya en 1481 recibe los títulos de Gentilhombre y Continuo de la Casa Real. Al año siguiente realiza una de sus primeras famosas hazañas, cuando estando sitiado en Alhama -una ciudad de gran valor estratégico por su situación en el corazón del reino nazarí-, consigue burlar la vigilancia del enemigo y llegar a Antequera para pedir refuerzos con los que levantar el asedio de los musulmanes. Gracias a esta acción, recibió en 1486 el título de Capitán General de Alhama. No transcurrió mucho tiempo para que volviese a asombrar a propios y extraños, cuando con apenas 80 hombres conquista el castillo del Salar, entre Loja y Granada. Una vez es envestido con un nuevo título, el de alcaide del Salar. En 1679, más de dos siglos después, el recuerdo de esta hazaña, hace la ciudad de Granada pida que se cree el Marquesado del Salar, que llegó a obtener la Grandeza de España en 1834.
El rey Fernando el Católico lo quiso a su lado para la toma de Vélez-Málaga. Por sus buenas dotes diplomáticas fue el encargado de negociar la rendición de Málaga. Tras esto tomo Baza y dio muerte en combate singular al general musulmán Aben-Zaid. Como consecuencia de esta victoria el rey le concede el título de caballero y le otorga un escudo nobiliario con un león que agarra una bandera con la leyenda Ave María, rodeado de un once castillos que simbolizan las 11 plazas tomadas a los musulmanes y el lema “Tal debe el hombre ser como quiere parecer”. Ejemplo de su determinación es cuando en 1490, cuando Boabdil asediaba Salobreña y los pozos de la ciudad ya no tenían agua, ante la oferta de rendición del rey nazarí, Pulgar, que dirigía la defensa, arroja por sus murallas el contenido de la última jarra de agua. Tras esto, lanzó un ataque y rompió el asedio con una gran victoria.
Cuadro de Pulgar en la Diputación
de Ciudad Real.
El siguiente episodio de su historia es el ya referido de la entrada en Granada. El objetivo inicial era prender fuego a la mezquita y fue al no poder hacerlo que clavo el famoso cartel con la imagen de la virgen y la siguiente leyenda “Sed testigos de la toma de posesión que realizó en nombre de los reyes y del compromiso que contraigo de venir a rescatar a la Virgen María a quien dejo prisionera entre los infieles”. En la huida sí que consiguió prender fuego a la Alcaicería y derrotar a un grupo mucho más numerosos de guardias granadinos. Los reyes lo otorgaron otro castillo para su escudo y el gran honor de ser enterrado en la futura catedral de Granada que se iba a construir sobre esa mezquita que el profanó.
Tras el final de la Reconquista fijo su residencia en Sevilla y se dedicó al oficio de historiador. Por orden del emperador Carlos V escribió una obra sobre las campañas del Gran Capitán en Nápoles titulada “Breve parte de las hazañas del excelente nombrado Gran Capitán”. Con 73 años no pudo negarse a volver a tomar las armas tras la llamada del emperador, para luchar contra los franceses en la frontera de los Pirineos. Murió con 80 años un 11 de agosto de 1531, siendo efectivamente enterrado en la catedral granadina, junto a los Reyes Católicos por los que tanto luchó y siendo el único que disfruta de tal privilegio sin ser de la familia real.

Muy recordado en su ciudad natal, tiene allí un instituto con su nombre. La principal referencia de su vida es la biografía que de él escribió Francisco Martínez de la Rosa en la novela histórica Hernán Pérez del Pulgar, el de las Hazañas. Otro hombre, que de haber nacido en un país menos desagradecido, tendría mil películas y libros dedicados a su figura.


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