martes, 31 de agosto de 2010

LA DEFENSA DEL CASTILLO DEL MORRO.

Don Luis de Velasco, héroe de la defensa del Morro.
Uno de los mayores privilegios de los que goza la Infantería de Marina Española (aparte de ser la más antigua del mundo), es la consideración de Cuerpo de la Casa Real, el cual le fue concedido por R.O. DE 22 de Marzo de 1763, debido al heroico comportamiento de sus miembros en la defensa en La Habana del Castillo del Morro. Hemos de situarnos en el marco de la Guerra de los Siete Años (1756-1763), la que Winston Churchill consideró como la verdadera primera guerra mundial de la historia, ya que se desarrolló en tres continentes (Europa, América y Asia) e involucró a Gran Bretaña, Hannover, Prusia y Portugal contra Francia, Austria, Rusia, Suecia, Sajonia y España.


Tras el periodo de paz que caracterizó el reinado de Fernando VI, la llegada de Carlos III significó un cambio de rumbo y la firma del Tercer Tratado de familia con Francia fue lo que empujo al monarca español a involucrarse en esta guerra, sin olvidar las afrentas inglesas con sus continuos ataques a los barcos españoles en las Antillas y el Atlántico.

En Marzo de 1762 una gran escuadra inglesa parte hacia La Habana para apoderarse de ella. Sus fuerzas se componían de 74 buques de guerra, 150 de transporte, 22000 hombres (más 4000 de refuerzo que llegarían de las colonias americanas) y 2292 cañones de todos los calibres.

Mientras en La Habana el Capitán General de Cuba, Don Juan de Prado Malleza Portocarrero y Luna, empezaba a tomar decisiones desafortunadas, como no juntar todas las fuerzas marítimas de la isla, junto a las francesas, para poder haber hecho frente a la escuadra inglesa.

Las fuerzas con las que contaba España en La Habana para su defensa eran el Regimiento de infantería de la Habana mandado por el coronel Alejandro Arroyo y compuesto por cuatro batallones de seis compañías con una fuerza total de 856 soldados, sin contar oficiales y los destacamentos destinados en diferentes puntos de Cuba y La Florida; el segundo batallón del Regimiento de infantería España al mando del Teniente Coronel Feliú formado por nueve compañías con 645 soldados sin contar oficiales; el segundo batallón del Regimiento Aragón mandado por el Teniente Coronel Panés Moreno formado por nueve compañías con 636 soldados sin contar oficiales; el cuerpo de Dragones de la Habana que estaba repartido por diferentes destinos estando en la Habana una fuerza de cuatro compañías compuestas por 54 soldados a caballo y 21 a pie y los Dragones de Edimburgo formado por 200 a caballo sin contar oficiales. La situación de la artillería era bastante precaria. Se consideraba que para una buena defensa de la ciudad eran necesarios 595 cañones, disponiéndose solo de 340 de los cuales únicamente 107 estaba totalmente operativos. A estos se sumaban 69 que envió el Virrey de México y 171 artilleros divididos en dos compañías.

El 6 de Junio los ingleses se sitúan frente a La Habana. Se crea una junta de defensa presidida por Don Juan de Prado, la cual tomará dos decisiones trágicas que marcarán el futuro de la defensa. Primero tras mandar subir con gran esfuerzo dos baterías de cañones a el cerro de La Cabaña, sitio estratégico pero con escasas defensas y ser este atacado por tierra por los ingleses, se ordena al segundo día de ataque despeñar los cañones y retirarse si atacan los ingleses, lo cual ocurrió. La segunda equivocación es la de hundir el 9 y 10 de Junio tres navíos en el estrecho canal de entrada de la bahía para evitar la entrada de la flota inglesa. Estos navíos eran de los mejores de la escuadra española, el Neptuno de 70 cañones y los Asia y Europa de 60 cañones .Los ingleses, sin podérselo creer, se frotan las manos tras ser inutilizada la flota enemiga sin disparar un solo tiro. Perdida la flota se ordena desmantelar los cañones y repartir las provisiones, así como tropa y marineros entre las diferentes guarniciones. Es aquí donde empieza a tomar protagonismo el gran héroe de esta historia, el Capitán de Navío Don Luis de Velasco y Fernández de la Isla, que es enviado a la defensa del Morro.

El 11 de junio los ingleses son dueños del cerro de la Cabaña, así como de los fuertes de la Chorrera y Torreón de San Lázaro. La situación de La Habana es desesperada y se empieza a evacuar a los civiles. Los ingleses disponen el 14 de junio de tres baterías de cañones en La Cabaña, a escasos 190 metros del Morro y en posiciones más elevadas, los cuales disparan sobre la ciudad y el Morro, sumándose a los que disparan desde el mar. Durante los siguientes días las decisiones de la Junta de Defensa, más que ayudar son un estorbo para los intereses españoles, y don Luis de Velasco no cesará de pedir que se organicen salidas para atacar las posiciones enemigas y aliviar la presión a la que se ve sometido el Morro.

El día 29 de junio se lleva a cabo un ataque a las baterías inglesas que fracasa pero permite que 300 soldados al mando del coronel Arroyo entre en el Morro para reforzar a la guarnición.

Vista actual del Castillo de los Tres Reyes del Morro,
nombre completo de la fortaleza.
El 1 de julio se lleva a cabo un ataque general por tierra y mar contra el castillo. Por mar un navío inglés, el Namur, debió ser remolcado por lanchas al haber perdido todos sus palos, otros dos, el Cambridge y Marlborough sufrieron daños. El comandante de un cuarto, el Stirling Castle, fue relevado de su cargo y juzgado por cobardía. Por tierra las baterías del general Keppel van desmontando una a una las piezas que defienden al castillo. Los baluartes y las cortinas se resquebrajaban, los soldados mueren despedazados por los proyectiles de los cañones o enterrados al derrumbarse los muros que protegen el Morro. Con todo el castillo resiste. Al día siguiente han desaparecido las obras exteriores del castillo. Los cañones dentro del Morro son cada vez más escasos y por la tarde solo dos de ellos están en situación de hacer fuego.

Por la noche, tras estos interminables días, se hacen prodigiosos esfuerzos para llevar al castillo, desde la Habana, tropas de refresco y cañones para sustituir aquellos que han sido destrozados. Pero los ingleses también van aumentando el número de bocas de fuego que disparan desde tierra por lo que siempre estarán los españoles en inferioridad. Para el 12 de julio veinte cañones ingleses disparan contra cinco o seis españoles que responden.

El 15 de julio don Luis de Velasco, con un esfuerzo sobrehumano, ya que se hallaba enfermo, acude a las murallas en ruinas y con su presencia anima a los soldados a mantener la defensa. En ese momento será cuando es gravemente herido en la espalda por la metralla. Contra su voluntad debe ceder el mando de la guarnición al Capitán de Navío Francisco de Medina y es trasladado a la Habana para que le curen las heridas.

El combate continúa, el 17 de julio solo quedan dos cañones activos, los ingleses inician una mina para volar los muros. El día 19 y 20 se consigue instalar tres nuevos cañones que pronto quedaran inservibles. Los merlones que dan a tierra están todos destruidos. El trabajo de las minas prosigue amenazadoramente.

El día 23 de julio las tropas españolas atacan a las inglesas con idea de destruir sus baterías. Este ataque desde la Habana ha sido ideado, como no, por don Luis de Velasco quien, a pesar de la gravedad de su herida, no cesa en la idea de una defensa activa frente al enemigo al contrario que el gobernador y la Junta que postulan una defensa pasiva a la espera que la enfermedad destruya al ejército enemigo como sucedió en Cartagena de Indias en la inolvidable defensa de don Blas de Lezo. Fracasó el ataque debido a un fallo en la coordinación. Sin esperanzas de parar las obras de las minas que cada vez se aproximaban más a los muros del castillo, don Luis de Velasco, a pesar de su herida, volvió a asumir su puesto en la defensa del castillo que se sabía sentenciado.

El día 27 de julio los ingleses cortaron la única posibilidad que tenían los españoles del Morro de comunicarse con la ciudad que era con pequeñas embarcaciones por el centro de la bahía. Los cañones ingleses habían cortado esta mínima vía de escape. Desde ese instante la guarnición del Morro se encontraba aislada y sin ninguna posibilidad de recibir suministros o refuerzos.

Al día siguiente los ingleses recibieron un refuerzo de 3.000 soldados procedentes de las colonias americanas. Uno de estos soldados era un joven que respondía al nombre de George Washington. Estos refuerzos causan tan buen efecto moral entre los ingleses que se deciden al asalto final.

Velasco sabe que el castillo está sentenciado por lo que comunica a la Junta la situación y solicita ordenes. La Junta de Defensa, en su línea e incapaz de tomar ninguna decisión, le contesta que actué como crea oportuno. Para un hombre como Velasco,con un sentido del deber y pundonor tan marcado es prácticamente una incitación a que lleve a cabo una lucha hasta la última gota de sangre.

El día 30 de julio de 1762 el general William Keppel da la orden de atacar. El orden de ataque será los destacamentos de zapadores delante tras ellos cuatro compañías de soldados, el general Keppel al mando de una brigada detrás y al final el resto de las brigadas.

Cuadro que muestra como los buques ingleses
se retiran del Morro seriamente dañados.
A las dos de la tarde, la hora de más calor, explotan las minas y las tropas parten al asalto. Se inicia un combate cuerpo a cuerpo por el castillo de una ferocidad inaudita. Don Luis reúne entorno a sí una fuerza de cien hombres en los parapetos que están alrededor de la bandera y anima la defensa hasta que una bala le atraviesa el pecho. El mando de la fortaleza pasa al otro gran héroe de la jornada, don Vicente González-Valor de Bassecourt que no permitió que se le fuera robado su estandarte y murió con el cuerpo atravesado por las bayonetas enemigas mientras abrazaba la enseña nacional. Ante la falta de líderes y tras tantos días de sufrimiento, combate y penurias, los supervivientes deciden rendir la fortaleza.

Los ingleses han quedado profundamente impresionados por el valor mostrado por los españoles en la defensa del castillo y en especial con su comandante. Sin pensarlo dos veces organizan el traslado de don Luis de Velasco a la Habana para que sea cuidado por médicos españoles, en el traslado a la ciudad la acompañara uno de los oficiales del conde de Albermale. Pese a todo, las heridas eran muy graves y nada se puedo hacer. Dos días después fallecería el heroico marino.

Pero no acabó aquí la admiración inglesa por nuestro héroe, y en un gesto que les honra le levantaron un monumento en la abadía de Westminster, el cual todavía se puede visitar. Además el estandarte español que capturaron en el Morro lo guardaron con gran respeto en la Torre de Londres. Por último y hasta entrado el siglo XX, cada vez que un barco de guerra británico pasaba por Noja, en Cantabria, disparaba salvas de honor en nombre de don Luis de Velasco, por ser natural de esta localidad marinera.

En España, el rey Carlos III, junto al honor otorgado a la Infantería de Marina, concedió títulos a los familiares de don Luis de Velasco y del no menos heroico don Vicente González. También construyó un monumento a Velasco cerca de Noja y declaró que un navío de guerra español siempre llevaría su nombre.

Por el contrario, la desastrosa Junta de Defensa fue tratada con total deshonor por los ingleses, y los principales oficiales españoles fueron embarcados y devueltos a España donde les esperaba un juicio para dilucidar su actuación. El proceso reveló los fallos cometidos en la defensa de la plaza de la Habana.

La perdida de la batalla significó perder La Habana, pero no por mucho tiempo, ya que tras la firma de la paz esta volvió a España, a cambio de Florida, recibiendo España la Luisiana por parte francesa a modo de compensación.
Castillo del Morro

Bibliografía: Wikipedia y diversas webs de Internet sobre numismática e Infantería de Marina.

lunes, 30 de agosto de 2010

La invencible inglesa.

Uno de los mayores bulos de la leyenda negra española y de esa historiografía anglosajona que tanto nos gusta creernos a los españoles, es el de la famosa Armada Invencible. Ese seudónimo se lo pusieron los ingleses en parte como mofa y en parte para glorificar su victoria. El nombre real de la expedición que pretendía invadir Inglaterra era La Grande y Felicísima Armada, y no, no sufrió una derrota, ni tan siquiera un estrepitoso desastre, sino que más bien fue una fracaso. Fracaso porque no consiguió su objetivo y porque murieron alrededor de 15000 hombres en el intento, además de perderse varias naves. Pero como muchos autores, por suerte, ya han sabido demostrar esto se debió más que nada a los temporales que sufrió y a su mala dirección, pues su principal comandante, el Marqués de Santa Cruz, murió mientras la preparaba y el mando recayó en un inexperto Alonso Pérez de Guzmán, duque de Medina Sidonia. Los ingleses, también sufrieron alrededor de 8000 bajas, y sus acciones se limitaron a hostigar a barcos perdidos por el temporal y aislados. La mayor parte de naves que los españoles perdieron no eran de guerra, sino mercantes, eso sí con valiosa carga, y casi todo el grueso de la expedición pudo volver a la península para reparar los barcos que habían quedado muy dañados.


Maria Pita dando muerte al alférez inglés
Mucho se podría profundizar de este tema, pero vamos hablar de lo que ocurrió al año siguiente, en 1589, cuando los ingleses, aprovechando la debilidad de la Armada española, que seguía en reparación, montaron una gran expedición para atacar las costas españolas y con el objetivo de sublevar a los portugueses (entonces bajo la corona de Felipe II) contra el rey español. La escuadra inglesa la mandaban Drake, que tantas falsas medallas se puso en el fracaso de la Invencible española, y Norris.

Pese a que el objetivo principal era la mencionada rebelión portuguesa, el ansia de botín de la mayoría de embarcados, como el mismo Drake, contra la opinión del resto de comandantes, hizo que la Armada inglesa se dirigiera a saquear La Coruña. Aquí comenzó el desastre militar de los ingleses fue absoluto, y digo desastre militar, porque a lo largo de la expedición, las 13000 bajas inglesas (cifras estimables, porque los ingleses no dejaron muchos documentos sobre sus derrotas) si fueron en combate. La ciudad gallega resistió bravamente, destacando el episodio de María Pita, que dio muerte a un alférez inglés que se colaba en la ciudad por una brecha de la muralla, dícese que con el sable de su marido, que acababa de caer en combate. Ante la noticia de que llegaban refuerzos terrestres españoles, los ingleses, derrotados en todos sus intentos por los coruñeses, siguieron hacia Lisboa. No les fueron muy bien allí las cosas, ya que no consiguieron que los portugueses les apoyaran en masa como esperaban y cada vez sufrían más deserciones en sus propias filas, algo constante desde que salieron de Inglaterra. Además la pequeña escuadra española comandada por don Martín de Padilla no dejaba de infligirles daños y bajas constantes. Visto lo visto, los ingleses decidieron que la retirada era la mejor opción, pero para aprovechar en lago el viaje pensaron que sería buena idea saquear Las Azores, volviendo a fracasar, pagando sus frustraciones en la entonces pequeña Vigo, a la cual saquearon y quemaron, pero donde se dejaron otros 500 muertos.

Para conocer mejor el desarrollo de estos hechos y de otras grandes victorias españolas por mar, recomiendo el libro de Agustín Ramón Rodríguez González, experto en el tema, Victorias por Mar de los Españoles.

En resumen, y pese a los pocos datos que del desastre militar inglés tenemos, podemos hacer la siguiente comparativa.

Armada Invencible Española: 15000-20000 muertos españoles y 6000-8000 ingleses. 800 heridos españoles y 400 ingleses. 400 prisioneros españoles. Los españoles perdieron unos 60 barcos, casi todos de carga y por el temporal.

Armada Invencible Inglesa: 13000 muertos ingleses y 900 españoles (muchos civiles). Los ingleses perdieron unos 30 barcos y casi 40 más desertaron junto a 5000 hombres.

Lo importante es una vez más señalar que las bajas inglesas fueron en su mayor parte en combate, igual que las de su barco, frente a los famosos “elementos” que derrotaron a los españoles un año antes.

sábado, 28 de agosto de 2010

LA CARGA DE TAXDIRT. CUANDO SANTIAGO VOLVIÓ A COMBATIR JUNTO A LOS ESPAÑOLES.

Cavalcanti
Dentro de los centenarios, bicentenarios y demás efemérides que inundan nuestra rica historia, hay uno que por aislado, aunque no por ello menos importante, ha tenido poco eco, por no decir ninguno, en los medios. Se trata del centenario de la carga de Taxdirt, la memorable hazaña capitaneada por el entonces Teniente Coronel Cavalcanti.


Para calibrar la importancia de este hecho tenemos que situarnos en el difícil contexto de la época. Con los sucesos del Barranco del Lobo y de la semana trágica muy recientes en la memoria, el ejército español sufría una de sus peores crisis de desprestigio entre nuestra sociedad. El Gobierno se percató de que tenía que tomarse más en serio los asuntos de África y reforzó las tropas allí asentadas con algunas de las mejores con las que contaba en la península. Entre estas se encontraba el escuadrón de Caballería “Alfonso XII”, principal protagonista de esta historia.

El Comandante de la zona era el General Marina, que tras dividir sus fuerzas en cinco grandes unidades se decidió a pacificar el norte de Melilla, llegando al Cabo Tres Forcas para no dejar al enemigo a sus espaldas antes de volverse al Sur. Tras dividir sus fuerzas en dos columnas, una se dirigió al sur hacia el zoco el Had, siguiendo el río de Oro y la otra más al norte, con dirección a Taxdirt. Esta segunda columna, al mando del General Tovar, llegó a su destino sin demasiadas dificultades, aunque trabando algunos combates en los que destacaron los nombres del Cabo Pedro Calvo y el Teniente Velarde.

El día 20 de septiembre de 1909, por la mañana, los batallones de cazadores de Cataluña, Chiclana y Tarifa se despliegan frente a Taxdirt donde los rifeños han acumulado fuerzas para su defensa, trayéndolas del zoco el Had y, sintiéndose fuertes, contraatacan el dispositivo español. Tras intensos combates y ante la actitud cada vez más pasiva de los rifeños, el general Tovar decide retirar a las tropas que estaban en vanguardia, el batallón de Cataluña, y sustituirlo por el Tarifa. En el proceso del relevo y aprovechando el momento de desorganización de las tropas españolas, los rifeños iniciaron un feroz ataque con la intención de envolver al batallón que se estaba desplegando. Es en este momento cuando el General Tovar ordena al Teniente Coronel Cavalcanti que auxilie al batallón Tarifa con su escuadrón de caballería dándole una total libertad de acción. Tras un rápido estudio del terreno y con tan solo 65 caballos, Cavalcanti se sitúa en el flanco izquierdo del enemigo tras una loma. Es aquí cuando llegamos al punto culminante de la batalla. Tras alcanzar la cima, Cavalcanti ordena desenvainar los sables y recuperando el grito de guerra que acompañó a la Reconquista y a los Tercios, el escuadrón Alfonso XII se lanza en una vertiginosa carrera que aterra a los 1500 rifeños que sin poder reaccionar se ven superados y comienzan a huir despavoridos.

Tras esta primera exitosa carga, Cavalcanti solo cuenta con 40 caballos, además algunos jinetes se han lanzado a la persecución de los rifeños y sus fuerzas están dispersadas. A esto se suma que el enemigo, superada la sorpresa, se reorganiza y se prepara para contraatacar. Llegados a este punto, es donde los autores contrarios a Cavalcanti vuelcan sus críticas, pues lo acusan de haber provocado la pérdida de muchos de sus hombres por esta acción suicida y ponen en duda las condecoraciones y reconocimientos que recibió por estos hechos, argumentando que sirvieron para tapar el desastre de la batalla. Pero lo cierto, es que Cavalcanti supo reagrupar lo que le quedaba de su escuadrón, el cual se defendió disparando sus carabinas, y que gracias a su acción el batallón de Tarifa pudo salvarse, reorganizarse y devolver ahora la ayuda a la caballería española. Al mando del Teniente Coronel Moreira acuden por el mismo camino por el que había atacado el escuadrón y consiguen hacer retroceder a los rifeños. El propio Moreira, que alentaba a sus hombres caracoleando con su caballo a través de toda la línea, es gravemente herido en la acción.

Aquella jornada, como en Clavijo, el apóstol Santiago al cual invocó Cavalcanti pareció volver a bajar al mundo terrenal para salvar a los españoles de un nuevo desastre en tierras africanas.

El escuadrón Alfonso XII recibió por esta acción la corbata de la cruz de San Fernando de manos del rey Alfonso XIII en Sevilla. Cavalcanti fue ascendido a Coronel y recibió la laureada de San Fernando, un premio justo a una carga de caballería tan romántica, como decisiva que pareció retornar el arte de la guerra a unos siglos atrás.

Me gustaría dedicar este modesto artículo a todos los héroes que defendieron el nombre de España en África, a los miembros de la Caballería Española y a mi compañero Paulo Sanz Baillo, antiguo miembro del acuartelamiento que lleva el nombre del protagonista de esta hazaña.

Mapa de la zona de operaciones

Suena el clarín… con sus bélicos sones de guerra.


Suena el clarín… óyelo, Cazador de Taxdirt.

Vamos allá... galopad sin cesar.

Si lucháis como buenos… no tenéis que temer.…

A la Carga, a la Carga, a la Carga, bravo Cazador de Taxdirt

(Del Himno del “Sagunto” 7, heredero del Estandarte, historial y tradiciones de los “Cazadores de Taxdirt”)
 
Himno de la carga de Taxdirt en youtube:
http://www.youtube.com/watch?v=TjdIv7eZ9dY

viernes, 27 de agosto de 2010

La Batalla de Clavijo.

Castillo de Clavijo
Una de las batallas más famosas, y a la vez más discutidas respecto a su existencia, es la Batalla de Clavijo. Después de la Batalla de Covadonga, Clavijo es la segunda gran victoria de la Reconquista. El motivo de que se haya puesto en duda su veracidad es que la victoria cristiana en esta batalla se atribuye a la legendaria intervención del apóstol Santiago. Pero dejando al margen esto, no hay porque poner en duda la existencia histórica de los hechos, y sino fue en Clavijo, parece casi demostrado que si hubo una importante victoria cristiana a mediados del siglo IX, como pudo ser la Batalla de Albelda.

Cruz de Santiago en el castillo de Clavijo
El cómo se llegó a esta batalla, parece tener su origen en otro hecho envuelto también de cierta leyenda, como era el pago que los reyes cristianos tenían que hacer a los emires árabes de cien doncellas. Estamos en el año 844, cuando el rey de Asturias, Ramiro I se niega a pagar este tributo y el caudillo musulmán, Abderramán II decide enviar una expedición de castigo. Ramiro I no se echo atrás y salió a buscar a su enemigo, pero al llegar a la zona de Albelda y Nájera se vio rodeado por el ejército musulmán teniendo que refugiarse en el castillo de Clavijo en Monte Laturce, a unos 25 kilómetros al sur de Logroño. En gran semejanza con el sueño que tuvo el emperador Constantino antes de la Batalla del Puente Milvio (y no por eso nadie duda de la autenticidad de dicha batalla), Ramiro I, la noche antes de la batalla soñó con que se le aparecía el apóstol Santiago, el cual le aseguró que vencería y que el mismo le ayudaría en la contienda, bajando de los cielos en un caballo blanco. Los españoles vencieron al día siguiente al grito de Que Dios nos ayude y Santiago. Ramiro I atribuyó su victoria a esta intervención divina y desde entonces se creó el Voto de Santiago, un voto sagrado y solemne con el compromiso de abonar las primicias de las cosechas de cada año y el equivalente al gasto de un caballero en combate para la diócesis de Santiago; y la peregrinación a la ciudad con su nombre en la que está enterrado, para darle gracias por esta victoria y llevarle ofrendas. Es aquí cuando nace la figura de Santiago matamoros y su símbolo de cruz roja en forma de espada que hoy es en parte del escudo de nuestro ejército.

Santiago Matamoros
Otros autores sitúan la batalla en el 856 con Ordoño I; y también hay quienes afirman que la leyenda de la intervención de Santiago fue en el 939, en la Batalla de Simancas con Ordoño II. De lo que no cabe duda, es que fue en el inicio de la formación de los reinos cristianos, cuando a raíz de una gran victoria se instituyó el culto al santo patrón de España.

Como curiosidad, apuntar que el Voto de Santiago se mantuvo en vigor hasta la Constitución de Cádiz de 1812, cuya una de sus primeras medidas fue abolirlo. Los más fanáticos del apóstol afirman que fue a raíz de esto que empezó la caída de España como gran potencia mundial, pero eso por desgracia era un proceso mucho más largo que ya venía de antaño, porque como bien dicen en la película La caída del Imperio Romano, refiriéndose a Roma, pero que también se le puede aplicar perfectamente al viejo león hispano, su caída duró más tiempo que el que existen en total muchos otros imperios.

miércoles, 18 de agosto de 2010

Gaudiosa, la mujer guerrera de Don Pelayo.

De todos es conocida la Batalla de Covadonga que inició la Reconquista y, quien más y quien menos, sabe quien era Don Pelayo, el héroe y futuro rey que encabezó a los guerreros españoles en dicho combate. Pero, seguramente, pocos han oído hablar de su esposa, Gaudiosa, y menos aún conocerán el papel tan importante que desempeño en estos primeros pasos de recuperación del territorio a los invasores. En esta grandiosa mujer se juntan, por desgracia, dos factores negativos de nuestra historia. Por un lado, el poco interés que los españoles tenemos en general por reivindicar nuestro glorioso pasado; y por otro, el no menos lamentable hecho del poco caso que se ha hecho a los actos de las mujeres a lo largo de la historia. Es por tanto muy difícil saber quien fue esta mujer y que es lo que hizo. Los expertos han tenido que bucear mucho en las fuentes antiguas para poder extraer la poca información que de ella poseemos. Una de las pocas menciones a está mujer es la del Códice Ovetense de la Crónica Alfonsina.

Tumba en Covadonga de Don Pelayo, su esposa y su hermana

El nombre de Gaudiosa significa gozosa, o según otros autores, agradable a Dios. Parece ser que nació en la localidad de Liébana, en la zona de Cosgaya, dominio de las tribus de cántabros y astures. Cuando Don Pelayo se refugió en estas tierras, tras la dolorosa derrota del ejército del rey godo Don Rodrigo en Guadalete, fue cuando conoció a esta dama que acabaría convirtiéndose en su esposa. Lo más probable es que fuera la hija de un jefe astur y que el matrimonio le valiera a Don Pelayo ganar aún más confianza con los rudos montañeses. Pero Gaudiosa demostró no ser una mujer que se conformará con su papel de ofrecer descanso al guerrero y cuando Don Pelayo preparó la legendaria resistencia en Covadonga, su esposa, temerosa de que este fuera derrotado no se quedó de brazos cruzados. Aunque su esposo la había enviado a su localidad natal para que estuviera segura, ella por su cuenta y riesgo comenzó a reclutar un ejército con las gentes de Cosgaya para continuar la lucha contra el invasor. Tras recibir las buenas noticias de que su marido había salido vencedor de la contienda y aclamado como rey, de nuevo Gaudiosa dio muestras de su carácter, y lejos de conformarse e irse a lanzar a los brazos de su marido, aprovechó que ya contaba con un ejército formado y salió al encuentro de los restos del derrotado ejército musulmán. Tras dar con ellos, los aniquiló en un lugar cerca de Espinama, el cual hoy día es conocido como Campos de la Reina en honor a nuestra protagonista.

Gaudiosa y Don Pelayo tuvieron dos hijos, Favila, que heredó el trono de su padre, pero que murió atacado por un oso; y Ermesinda, que se casó con el que sería Alfonso I, hijo del duque godo de Cantabria, Don Pedro. De esta manera se unieron en los futuros monarcas de la naciente corona astur los linajes godo y montañés que irían recuperando palmo a palmo la hispana tierra de manos del invasor.

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