lunes, 14 de mayo de 2012

La Dama de Arintero, la mujer caballero.

Imagen de la Dama de Arinteros que se encontraba en la
desaparecida sala de las mujeres militares del antiguo
Museo del Ejército en Madrid. Esa sala perdida en el
"progre" nuevo museo del Álcazar de Toledo.
Vivía España unos momentos de incertidumbre, provocados por una guerra civil en la que se disputaba el trono de Castilla. Por un lado tenemos a nuestra Isabel I de Castilla, la católica; por el otro, la hija bastarda del difunto rey Enrique IV, Juana la Beltraneja. Esta última recibió la adhesión de muchos nobles castellanos y contaba con el apoyo de las tropas portuguesas, ya que era esposa del rey de ese país, Alfonso V. Los Reyes Católicos han de hacer un llamamiento a todos sus fieles. Uno de ellos era el hidalgo Juan García, natural de Arintero y veterano de las guerras contra los moros, en 1474 era demasiado viejo para acudir de nuevo al combate. Para desgracia suya sus 7 descendientes eran mujeres, por lo que no iba a poder ayudar a sus reyes, viendo caer la deshonra sobre su familia. Tan apenado estaba el anciano, que una de sus hijas medianas, Juana, decidió tomar el papel que a un hijo le hubiera correspondido. Con una gran fuerza de voluntad recibió un duro entrenamiento de dos meses en los que curtió su cuerpo y aprendió el oficio de las armas. Una vez estuvo lista, se pertrecho como un guerrero y partió a unirse a las filas de sus reyes. Llegó al campamento de Benavente y triunfó en su engaño al ser alistado como el caballero Diego Oliveros. Tras meses de campaña, participó con valentía en la toma de la rebelde Zamora y se gano el respeto de sus compañeros. Tras esto, los fieles a la Beltraneja, con el ejército portugués al frente, se concentraron en Toro, en torno a la cual se iba a decidir el futuro de la contienda.  Era 1 de Marzo de 1475, cuando en Peleagonzalo, las tropas de caballería castellanas destrozan al enemigo. En la persecución el caballero Oliveros traba combate con un fiero enemigo. Pese a que lo desmonta del caballo, en el choque, Diego sufre la rotura de su jubón, quedándose libre un suave pecho blanco que hace descubrir a todos que en realidad están delante de una mujer. Salta pronto el escándalo y Juana es llevada ante la presencia del rey Fernando. Este queda muy sorprendido por como una mujer se ha desenvuelto todo ese tiempo con tanta valentía y destreza y le ofrece lo que ella quiera. Esta, humilde, le pide solo la libertad, a lo que el rey contesta que eso ya la tiene, que pida otra cosa. Es entonces cuando según los romances la Dama de Arintero le pide al rey:

“En ese caso, señor, hay algo que me gustaría pediros. Mi tierra os sirve tan generosamente que se está quedando sin varones y tiene que enviar a sus mujeres a la guerra, no consintáis que se despueble y libradla de los azotes de la guerra. No os pido que la libréis de los justos tributos de dinero; libradla de los tributos de sangre; haced que todos sus naturales sean hijosdalgo, y ello engrandecerá el reino”

El rey le expende un documento a Juana, en el que se recogen los siguientes privilegios para su villa:
- Arintero sería ahora solar conocido de hijosdalgos notorios.
- En las tierras de Arintero y en veinte leguas a la redonda no podría exigirse contribución de sangre o dinero; sus vecinos quedaban exentos del pago de tributos reales y del servicio militar.
- Los miembros del linaje y solar tendrían el privilegio de presenteros de beneficios.
- Que fueran Presenteros en la parroquia de Santiago Apóstol.
- Que los Presenteros tuvieran derecho a ser obsequiados con yantar por el rector de la parroquia.
- Que el Presentero más viejo llevase la ofrenda de la caridad todo el año.
- Que su categoría de Hijosdalgos la tuvieran aunque cambiaran de residencia, y referido a todos los vecinos de Arintero.
- Se concedía licencia real para celebrar todos los años fiesta y feria en el aniversario de la victoria ante las tropas portuguesas.

Parte Juana muy contenta hacia su pueblo, pero no acaba aquí su historia, pues el drama estaba por venir.
La reina Isabel hace ver a su marido que ha errado en su decisión, que tal como están las cosas, con tanto noble levantisco, no se pueden ir regalando privilegios de ese tipo así como así. Se envía por lo tanto una patrulla de seis hombres para que prendan a Juana y le arrebaten el legajo.
Nuestra heroína, que en nada podía sospechar este devenir de las cosas, se encontraba descansando en La Cándana, un pueblo a escasos 20 kilómetros del suyo, parece ser que jugando a los bolos con unos familiares. Pronto dan con ella los soldados y le piden los documentos. Esta se niega, y, previsora de lo que podía ocurrir, se los había dado a un primo suyo para que se los hiciese llegar a su padre.
Juana entabla un feroz combate contra los seis hombres. Unos dicen que murió valientemente en la refriega; otros que logro escapar y acabar sus días esposada con un noble asturiano. Quién sabe, para la leyenda ha quedado su nombre y el escudo de su pueblo la recuerda con este poema:

SI QUIERES SABER
QUIEN ES ESTE VALIENTE
GUERRERO QUITAD LAS
ARMAS VERÉIS SER
ES LA DAMA DE ARINTERO
CONOCED LOS DE
ARINTERO VUESTRA
DAMA TAN HERMOSA
PUES QUE COMO
CABALLERO CON SU REY
FUE VALEROSA.
Escudo de la Villa de Arintero


También quedaron unos versos en su recuerdo en el pueblo que presumiblemente la vio caer, en La Cándana aún se dice:

"La Cándana, pueblo triste
porque en tu recinto viste
morir la luz de Arintero.
Toda la montaña llora
la alegría de tus muros
y, en la Dama, a quien adora
mira sus timbres más puros".

Existe una novela histórica de Antonio Martínez Llamas con el título de “La Dama de Arintero” donde se narra la vida de esta gran mujer.

martes, 1 de mayo de 2012

Mörsel Karl, el supermortero alemán.

Un Mörsel Karl con la gran cantidad de hombres que se necesitaba para su uso
De entre los diferentes tipos de morteros que se emplearon en la II Guerra Mundial, el más espectacular, aunque no el más efectivo, fue el mortero Mörsel Karl, una auténtica bestia de 600 mm. de calibre. Debido a su gran tamaño y a la dificultad de su transporte apenas se le dio uso y su función más la del impacto psicológico sobre el enemigo. Pensando para la campaña de Francia, la rápida rendición de esta nación, hizo que su uso se retrasara hasta la campaña del Este, concretamente en el sitio de Sevastopol. Posteriormente fue utilizado en el Levantamiento de Varsovia y en Brest-Litovsk. Su radio de alcance superaba los 6800 metros, en el modelo Gerät 040. Posteriormente, se modificaron tres de los 6 Mörsel Karl existentes, creando el modelo Gerät 041, que alcanzó un radio de más de 10 kilómetros, al reducir el calibre a 54 cm y estableciendo la longitud del tubo en 7,1 metros.

Los Mörsel Karl se distribuyeron en tres batallones de la Wehrmacht. En el 1º estaban los Karl Adán y Eva, en el 2º Odín y Thor y en el 3º Loki y Ziu (nombre germano de Tyr, dios escandinavo de la guerra).
El Mörsel Karl ZIU en el Levantamiento de Varsovia

El peso de la munición, según el tipo, rondaba las dos toneladas por unidad. Los Mörsel Karl se situaban sobre una plataforma con ruedas de carga. La suspensión se consiguió mediante dos tipos de barras de torsión. El motor de la plataforma de transporte era un Daimler-Benz MB 507 Diesel de 12 cilindros, refrigerado por líquido, consiguiendo una velocidad máxima de 10 km/h. El transporte se hacía a través de ferrocarriles especiales, ya que para ser llevados por carretera tenían que ser desmontados.
Muestra de la violencia del impacto del ZIU contra un edificio

lunes, 9 de abril de 2012

Don Ángel Salamanca, Medalla Militar Individual.

En el artículo de la batalla de Krasny Bor, el testimonio del entonces sargento Salamanca, ya nos sirvió para dar vida a los hechos. Hoy, como se merece, nos toca homenajear a este hombre, que tras ser nombrado Medalla Militar Individual por su capitán en el propio campo de batalla en 1943, hubo de esperar hasta 1969 para que le fuera concedida de manera oficial y hasta 1998 para que le fuera impuesta en un acto en la Academia de Infantería.
Ángel Salamanca Salamanca nació en 1919 en el pueblo toledano de Escalonilla. Transcurría tranquila su vida, como la de cualquier aldeano, hasta la llega de la II República. Tras unos primeros años sin alborotos, la victoria del Frente Popular en las irregulares elecciones de 1936 acaba con la paz del poblado. La ley empieza a brillar por su ausencia y solo vale lo que salga de la Casa del Pueblo. A todo aquel que tiene unas míseras tierras se le considera rico, y como tal se le obliga a contratar parados, que al no tener donde trabajar, solo hacen que vaguear y vivir de una pobre clase media trabajadora. Uno de estos casos es el del padre de Ángel Salamanca. No acabaron aquí los desmanes, pues ya antes del inicio de la guerra, dos familiares son asesinados sin razón, arrojados a un pozo y enterrados bajo macetas.
Tras el estallido de la guerra, la familia Salamanca queda en la zona roja. Seguirán con especial atención el avance de las tropas nacionales hacia la liberación del Alcázar de Toledo. Era septiembre de 1936, cuando enterado de la presencia de los nacionales en Talavera de la Reina, Ángel Salamanca, con solo 17 años, decide pasarse a sus líneas, en soledad y sin decir nada a nadie. Durante 3 días ando siguiendo el curso del río Tajo. Alimentándose de lo que iba encontrando en los huertos que iba encontrándose en su camino y durmiendo al raso, fue sorprendido por unos disparos y unas voces. Se había topado con un tabor de Regulares. Tras decir que venía a unirse a sus fuerzas, fue llevado ante un oficial para ser interrogado sobre la situación tras las líneas. Estaba en la posición de la columna del comandante Castejón, formada por el II Tabor de Regulares y la V Bandera de la Legión. Tras pasar toda la información que pudo, quedaron sorprendidos de que no hubiera encontrado tropas enemigas en todo su camino, eso significaba que el avance estaba más libre de lo que creían. Queda encuadrado en la Plana Mayor y pocos días después participa en la liberación de su propio pueblo, donde se encuentra con su preocupada familia que nada sabía de él. Tras esto, siguió en el avance hasta Toledo. Una vez tomada la ciudad y liberado el Alcázar queda filiado en el Depósito de Milicias de FE de las JONS. Se le encuadra en la III Bandera de Castilla donde lucha en el frente de Toledo y Madrid, hasta que por ser menor de edad de le tramita la baja de la I Bandera de Toledo donde estaba en ese momento. Al poco tiempo, ya mayor de edad, pasa a formar parte de la IV Bandera de Castilla, en la tercera centuria, en la División nº 13 del Cuerpo de Ejército Marroquí. Como el mismo cuenta en sus memorias Esclavos de Stalin, estuvo en los frentes de Aragón: en el Vértice del Silencio; en Teruel, donde su bandera tomó varias cotas importantes hasta el río Alfambra; y en Belchite. Su Bandera recibió por estas acciones la Medalla Militar Colectiva. Cruzó el Ebro y el Cinca y llegó hasta las puertas de Lérida. En su expediente consta que “durante su permanencia observó buena conducta y alto espíritu militar y falangista”.
La curiosidad en este tiempo, es que durante la batalla de Teruel, sirviendo como enlace, se pierde durante varios días entre las líneas enemigas. Se le da por muerto y así se le comunica a su familia. Finalmente apareció y pidió permiso para ir a su pueblo a calmar a los suyos. No sería la última vez que Ángel Salamanca fue declarado muerto.
De abril a junio de 1938 realiza el curso de Sargento Provisional en Jerez de la Frontera. Tras obtener sus galones es destinado al 6º Batallón del Regimiento de Infantería Burgos nº 31, adscrito a la 81 División del Cuerpo de Ejército de Castilla bajo el mando del general Varela. Se movió por Castellón, Valencia, el Ebro, Extremadura y Guadalajara, donde le sorprende el final de la guerra. Además de la Colectiva, obtuvo de manera individual la Medalla de Campaña, dos Cruces Rojas del Mérito Militar y dos Cruces de Guerra. Tras la guerra es enviado con su batallón a los montes de Asturias y León para controlar los últimos focos de resistencia republicana, hasta que en junio de 1940 acaba su misión y es disuelto su batallón, quedando en situación de disponible.
Ese mismo año intentó alistarse como voluntario en el ejército alemán que entonces avanzaba imparable por Europa. Su petición, aunque agradecida, fue rechazada como todas las demás, pues Alemania no tenía entonces ninguna unidad donde enrolarlos. Así que cuando se formó la División Azul corrió a alistarse. En esos momentos estaba destinado en la 1ª División de Caballería. Su padre, harto de las ausencias de su hijo, que solo tenía 21 años, consiguió que no le cogieran. Triste vio partir en julio de 1941 a los primeros voluntarios. Así que cuando las cosas en Rusia se complicaron para los alemanes, sin decir nada en casa, fue de nuevo al banderín de enganche. Era mayo de 1942. Concentrado en Logroño, cruzo la frontera en el 14 Batallón de Marcha, quedando en Alemania hasta el 15 de setiembre. Una vez en Rusia queda encuadrado en la 5ª Cía. del II Batallón del famoso Regimiento 262, a las ordenes del eterno capitán Teodoro Palacios. Este le destinó a la segunda sección, bajo el mando del alférez Céspedes, que cayó en Krasny Bor. Tras la batalla, se iniciaban 11 años, 1 mes y 18 días de cautiverio.
El teniente Salamanca dando un discurso cuando recibió la Medalla Militar
Individual en la Academia de Infantería de Toledo en 1998
No vamos a narrar todo lo acontecido en los campos de trabajo y las cárceles rusas, para ello ya están los libros del capitán Palacios y el propio Salamanca. Lo que si debemos destacar es el papel tan importante que tuvieron tanto Salamanca como los otros suboficiales en el mantenimiento de la moral de los prisioneros españoles. Palacios y los otros oficiales pronto fueron separados del resto de los españoles, por lo que los más altos grados en la mayoría de campos, eran los sargentos.
Salamanca, herido en Krasny Bor, pasó los primeros días hacinado en uno de los hospitales rusos donde antes de sanar sus heridas, fue ya enviado a un campo. Durante todos esos años trabajó en diversas tareas y estuvo muchas veces al borde de la muerte por las enfermedades, la falta de alimentos y el maltrato de los carceleros bolcheviques. Siempre estuvo en el punto de mira de los traidores a España, los que formaban los llamados grupos antifascistas que trataban de convencer a los otros prisioneros de firmar declaraciones contra España, mintiendo sobre su situación o que incluso llegaran a renunciar a la nacionalidad española. A cambio se les ofrecía raciones extras de comida o pequeñas comodidades. En una situación extrema, Salamanca consiguió que pocos hombres acabaron cediendo a estas trampas, y recuperó a muchos de los que lo habían hecho. El momento de mayor tensión se vivió en Abril de 1951. Muchos prisioneros de otras nacionalidades ya habían sido liberados o vivían en mejores condiciones, incluso los alemanes. Pero los españoles, como causa del gobierno de Franco, eran los más odiados por los bolcheviques. En esta fecha, Salamanca y otros organizan una huelga de hambre porque eran los únicos que no tenían permitido mantener correspondencia con sus familiares. Tras muchas torturas y tratar de hacerles comer a la fuerza, el gran éxito de la huelga en el corazón del “paraíso de los trabajadores”, hace que al igual que Palacios y otros oficiales, Salamanca y sus colaboradores sean condenados a 25 años de trabajos forzados. Poco les importaba esto a unos hombres que habían perdido toda esperanza de salir de la URSS y que sobrevivían gracias al orgullo de ser españoles y de mantener firmes sus ideales. Al menos, gracias a los camaradas alemanes liberados, idearon un sistema de correspondencia a través de Alemania y diversos organismos, que les permitió dar noticias de su situación a sus familias. Era la segunda vez que la familia Salamanca se enteraba de la “resurrección” de su “difunto” hijo.
Cuando por fin, en Abril de 1954 se llega a un acuerdo para su liberación, muchos no podían creerlos hasta que embarcaron en el Semíramis en el puerto de Odessa. La llegada a Barcelona fue espectacular, todo el mundo se volcó con ellos. Cuenta Salamanca, que cenando en un restaurante se le acercó una prostituta y le dijo que no podía darle nada excepto su cuerpo, y que si quería podía tomarlo. Salamanca rechazó la invitación agradecido, pero sirva el ejemplo para dar cuenta de cómo toda la población adoraba a estos héroes. Tras el recibimiento en su pueblo y dar cuenta de su testimonio, Salamanca intentó volver a filas, pero no se le permitió. Se le contaron los años de servicio, pero no le sirvieron para ascender. Tuvo que conformarse con un trabajo civil y hacer el curso para brigada. Hasta 1969 duraron los trámites para concederle su Medalla Militar. Fue ya como teniente en la reserva que se hizo justicia y hace unos pocos años, en la cuna de la Infantería, se homenajeo a este ESPAÑOL como se merece.
En mayo de 2005, a la tercera fue la vencida, Don Ángel Salamanca Salamanca, dejó, esta vez sí, este mundo.

Bibliografía: Esclavos de Stalin, Ángel Salamanca Salamanca y Francisco Torres García. Colección Denuncia.

Don Ángel Salamanca narrando la batalla de Krasny Bor

lunes, 19 de marzo de 2012

La Batalla de Simancas, el primer gran paso de la Reconquista.

Ramiro II
Como aquí hemos contado, mucho son los que ponen en duda la existencia o la importancia de batallas como las de Covadonga, Clavijo o Calatañazor. Sin embargo, nadie pone en duda la gran victoria cristiana en Simancas, recogida incluso por las fuentes árabes, y que significó un paso definitivo en el avance cristiano hacia el sur, traspasando la frontera marcado por el río Duero y demostrando al mundo que España estaba dispuesta a desprenderse del yugo musulmán.
El gran protagonista de esta batalla fue el rey de León Ramiro II. El casus belli venía de tiempo antes. Ramiro II se estaba mostrando como un belicoso monarca y no dejó de organizar razias contra el territorio musulmán, llegando a atacar ciudades tan importantes como Madrid o Zaragoza. Precisamente el detonante del estallido de la furia de Abderramán III, califa de la época, fue por causa de esta ciudad. Ramiro II había apoyado a Hashim, el gobernador de Zaragoza, para que se rebelase al poder del califa y entrar a su servicio. Abderramán III tuvo que reaccionar y tras conquistar la estratégica Calatayud, volvió a tener en su redil la siempre rebelde provincia de Zaragoza.
No olvido el califa esta afrenta y decidió valerse de la proclamación de la Guerra Santa para organizar una gran campaña contra su enemigo cristiano y de una vez por todas acabar con su insolencia y sus correrías. Llamó a la campaña Supremo Poder y reclutó guerreros de múltiples lugares, desde mercenarios a fanáticos religiosos, hasta sumar la sorprendente cifra de 100.000 hombres, un ejército nunca antes visto en la época. Su objetivo era tomar Zamora, que por aquel tiempo era el corazón del Reino de León.
Por su parte, Ramiro II no se quedó quieto y busco el apoyo de sus aliados. Así consiguió que se unieran a su defensa el rey pamplonés García Sánchez I y los condes de Castilla Fernán González y Ansur Fernández.
La masacre en los barrancos de Alhándega
Abderramán III se puso personalmente al frente de sus ejércitos y partió de Córdoba el 28 de junio del 939. En su camino, el 19 de julio hubo un gran eclipse solar que algunos ya vieron como el presagio de un gran desastre. Tras pasar por Toledo, el 1 de agosto llegó a la ciudad de Simancas, que era el primer obstáculo en el camino hacia Zamora. Ramiro II que no quería dejar más tierra libre para que fuera devastada por sus enemigos, junto todas sus fuerzas en las defensas de esta ciudad.
El califa estaba sediento de venganza y nada más llegar lanzo un ataque masivo de todas sus fuerzas. Durante cinco días los cristianos resistieron bravamente la ofensiva musulmana. Estos se iban debilitando cada vez más y su impotencia crecía al no poder tomar la ciudad. Parece ser que el gran número de generales que tenía Abderramán III no llegaron a entenderse y surgieron las envidias por ser un eslavo el que acaparaba más poder.  Los cristianos habían sufrido mucho, pero aún eran más numerosas las bajas musulmanas, por lo que el califa optó por retirarse antes de perecer en aquel paraje. Creía que así, tras el castigo a la ciudad, quedaba a salvo su honra. Pero Ramiro II no era pusilánime que se conformara con haber salvado el reino. Viendo la retirada forzada del enemigo se lanzo en su persecución. Fue en una zona, hoy no localizada, llamada por las crónicas árabes como los barrancos de Alhándega, donde se produjo el desastre para los hombres del califa. Allí cayeron en una emboscada de los cristianos que les costó grandes pérdidas. El propio califa estuvo a punto de caer prisionero de no haber sido por sus hombres más fieles que le facilitaron la huida.
La campaña le costó 20.000 hombres a Abderramán III, pero lo que más le dolía era el orgullo. Mandó crucificar a 300 hombres acusados de cobardía y nunca más se volvió a poner al frente de sus tropas.
Por su parte, la victoria cristiana -que atribuyeron a la aparición de los santos Millán y Santiago-, les sirvió para repoblar grandes zonas del Duero y dar un importante avance a la Reconquista. Era la primera gran victoria de las armas cristianas sobre las de los invasores y se abría así un periodo de esplendor para los reinos cristianos.
Ramiro II reinó varios años más, siendo lo más destacado el enfrentamiento con su antes fiel Fernán González, el conde que separó Castilla del Reino de León, abriendo así un episodio fundamental en nuestra historia.

martes, 13 de marzo de 2012

Bernardo de Gálvez, un español héroe de Estados Unidos.

Bernardo de Gálvez
En nuestro personaje de hoy se juntan dos de las particularidades de nuestra nación y su historiografía. Por un lado, lo que tantas hemos denunciado, este hombre sería protagonista de mil películas en cualquier otro país. Por otra parte, triunfó en el siglo XVIII, ese periodo de la historia en el que parece que España no existía después de su esplendor imperial, y que, sin embargo, junto a otros hombres, como el inolvidable Blas de Lezo, volvió a llenar de gloria las armas españolas.
Bernardo de Gálvez y Madrid nació en un pequeño pueblo de la axarquía malagueña, Macharaviaya, en el verano de 1746. Pronto ingresó en la academia militar de Ávila, para con tan solo 16 años recibir su bautismo de fuego en la guerra contra Portugal, donde alcanzó el grado de teniente.
Su primer contacto con las tierras americanas se produce en 1762, cuando arribó ya como capitán del Ejército Real a Nueva España, conocida hoy como estado de Nuevo México. Allí guerreó contra los famosos apaches, que antes de embarcarse en las guerras contra los colonos yanquis del oeste, ya se estuvieron repartiendo estopa contra los españoles, que volvemos a recordar, a mediados del siglo XVIII, pese a quien le pese -y pese a los gobernantes patéticos e inútiles-, seguíamos siendo una potencia mundial de primer orden. Diez años estuvo allí, ascendió a comandante y no paró de batirse por su España hasta que regresó a ella para ser destinado a la ciudad francesa de Pau, donde aprendió su lengua. En 1775 participa en la infructuosa expendición contra Argel y asciende a teniente coronel. En 1776 vuelve a América, concretamente a la Luisiana Occidental, que desde hacía unos años antes pertenecía a España, cedida por Francia en compensación por la pérdida de La Florida en la Guerra de los Siete Años. Sus conocimientos de francés le sirvieron para ejercer el papel de gobernador en esta provincia, donde se dedicó a perseguir el contrabando inglés y comerciar con los franceses. En 1778 funda una ciudad a la que da su nombre, Galveztown, hoy Galveston.
Desde su llegada, fue el principal valedor de la recién iniciada Guerra de la Independencia de los Estados Unidos contra Inglaterra. Mantuvo conversaciones con los principales líderes de la rebelión, ayudo el tráfico de armas y hombres de los useños y bloqueo el acceso de los navíos ingleses por el Misisipi. En 1779 asalta las guarniciones inglesas de la Luisiana Oriental e impidió que su capital, Nueva Orleans, fuera atacada por los hijos de la pérfida Albión. Al año siguiente, destacó con la acción que le valió la toma del fuerte Charlotte, un sitio que duró dos semanas y que abría el paso hacia la importante Pensacola.
Estamos en un contexto en que las hostilidades entre Inglaterra y España sufrían continuos altibajos. Treguas y declaraciones de guerra se alternaban. En 1781, gracias a la mayor rapidez de los correos españoles, Bernardo de Gálvez se entera de una nueva ruptura de las hostilidades y se pone manos a la obra. Dijimos que tras la toma del fuerte Charlotte había quedado libre el paso hacia Pensacola y de Gálvez no tardó en aprovecharlo.

La Batalla de Pensacola.

Momento de la entrada de los españoles en el fuerte inglés
Tras neutralizar las primeras defensas, el 9 de marzo de 1781 los españoles desembarcan fuerzas de infantería de Marina y ponen sitio a Pensacola. Solo eran 1500 hombres y contaba con muy poca artillería, por lo que vio que con esos medios no iba a poder tomar una plaza fuerte de ese tipo.  Pide refuerzos a Nueva Orleans y a Mobila, otra ciudad cercana. Por su parte, el comandante inglés de la plaza, general Campbell, hace lo propio con Jamaica. Los españoles llegan a juntar 4000 hombres contra una posición bien defendida por 1800 ingleses y algunos centenares de indios aliados. Dentro de las fuerzas españolas, la escuadra estaba bajo el mando de José Calvo Irazábal, que al ver a los ingleses bien pertrechados en las defensas de la bahía se negó a que sus barcos entraran en ella por considerarlo un suicidio. Fue en estas que, Bernardo de Gálvez, tiró de valentía y a bordo de su buque estandarte, el bergantín Galveztown, no dudó en izar la bandera de Almirante para atraer todo el fuego inglés, y jugándoselo todo penetró en la bahía sin dejar de cañonear las defensas inglesas. El resto de barcos españoles, viendo como su líder iba solo a la muerte, no les quedó más remedio que por vergüenza torera ir tras él. Tras este episodio que no acabó con el sitio -pero que demostró que los españoles lo iban a dar todo por hacerse con la estratégica plaza-, siguió el asedio. Llegaron más refuerzos españoles fruto de las buenas gestiones de los mandos patrios. Así, con ya 7500 hombres, de Gálvez basa su estrategia en atacar en tres puntos escalonados. La lucha es encarnizada, los ingleses se defienden con valentía. El 8 de mayo, tras dos meses de asedio, una granada de obús lanzada a menos de 500 metros entra por la abertura de un polvorín inglés y provoca una gran explosión. El líder español ordena un ataque final aprovechando la coyuntura y los españoles toman Pensacola al asalto. La plaza se rinde y Campbell y los demás jefes ingleses caen prisioneros.

Fin de la guerra.

Estatua ecuestre de Bernardo de Gálvez en Nueva Orleans
La caída de la estratégica Pensacola es un golpe mortal para los intereses británicos en el norte de América. Gálvez toma poco después la isla de Nueva Providencia en las Bahamas, acabando así con la última baza para la resistencia de Inglaterra contra los rebeldes norteamericanos. El Caribe es totalmente español, cosa que lleva a los norteamericanos al triunfo final.
Estaba de Gálvez preparando la invasión de Jamaica, lo único que les quedaba a los ingleses en el Caribe, cuando los ingleses se rinden y firman la paz con la nueva nación de Estados Unidos, Francia y España. Solo esto salvó a esta isla de haber caído en las manos del invencible Bernardo de Gálvez.
A consecuencia de la paz del Tratado de Versalles, España recupera las dos Floridas. Fue tan importante el papel de Gálvez, que en el desfile de la victoria del 4 de julio, desfiló a la derecha del mismísimo George Washington. La nueva nación, supo agradecer el apoyo vital de este español ilustre. Por su parte, el monarca español, Carlos III le recompensó con los grados de Mariscal de Campo y teniente general gobernador de los nuevos territorios conquistados. Le otorgó también el título de Conde de Gálvez, Vizconde de Galvestown y el derecho a llevar en su escudo de armas su figura empuñando la espada sobre su bergantín y con la leyenda “Yo solo”, en referencia a su acción en la bahía de Pensacola. Además, al morir su padre, pase a ser Virrey de México.
No acaba aquí la historia de este hombre único, si como guerrero había destacado, no se quedó atrás como político. En su papel de virrey supo ganarse al pueblo y dejar un gran recuerdo. Iluminó las calles de las ciudades y destinó muchos fondos de la lotería y los impuestos a la beneficencia y al desarrollo de la ciencia.
Hoy en día es triste decir que es mucho más conocido en Estados Unidos que en su propia nación. Allí no se olvida su ayuda para la obtención de su libertad y cabe destacar también una estatura ecuestre suya en Nueva Orleans, donada a dicha ciudad por el rey Juan Carlos I. Al menos, aquí en España, en su provincia, Málaga, cuenta con una asociación cultural; mientras que en su pequeño pueblo se recrea la batalla de Pensacola todos los 4 de julio por grupo de reconstrucción histórica.


A continuación un video de dibujos animados en honor a nuestro héroe:

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