miércoles, 30 de noviembre de 2011

Comandante Fontanes, el primer jefe caído de la Legión.

Guión de la II Bandera
La historia del Comandante de Infantería Don Carlos Rodríguez Fontanes es de las más tristes de las de los 10000 hombres que dieron su vida por la Legión y por España. Padre viudo de 9 hijos, dejó a estos en la orfandad cuando el más mayor aún no había alcanzado la mayoría de edad. A esto se suma que, poco antes, su hermana, que hacía las veces de madre para los niños, también había fallecido.
El Comandante Fontanes no fue estrictamente uno de los mandos fundadores de la Legión, pero tomó el mando de la II Bandera poco después de su creación, ya que su predecesor, el Comandante Cirujeda, tuvo que abandonar el mando por enfermedad apenas seis meses después de su creación. Así, ya en Abril de 1921 Fontanes lideraba esta histórica Bandera de la Legión, y con ella participó en la defensa de Melilla y posteriores operaciones tras el desastre de Annual.
Había nacido en 1879 en Manzanares, provincia de Ciudad Real y con 18 años ingresó en Toledo en la Academia de Infantería. Tras sus estudios y el paso por varios regimientos peninsulares y de África es destinado al Tercio de Extranjeros, incorporándose a su Bandera en la posición de de Zoco el Arbaa e iniciando las operaciones inmediatamente en la zona occidental del Protectorado. Trasladada la Bandera a la zona oriental tras los mencionados hechos de Annual, sus acciones, junto a la de las otras Banderas y resto de fuerzas españolas, fue decisiva para salvar Melilla e iniciar la reconquista del territorio perdido.
Sería en una de estas acciones, la toma de Amvar, en la meseta de Arkab, iniciada el 18 de Marzo de 1922, cuando Fontanes fue herido de gravedad en el vientre, para encontrar la muerte en la madrugada del día 20. La operación de la toma de Amvar duró tres días y fue la primera vez que se utilizó el apoyo de carros de combate –Renault FT 17- para facilitar el avance de la infantería. En un principio, cubrieron el avance de los legionarios para tomar la loma, pero al llegar a un barranco tomaron la vanguardia y aunque con sus ametralladoras iban consiguiendo barrer al enemigo, la inexperiencia de combatir con estas máquinas, hizo que se quedaran pronto sin combustible, por lo que quedaron inútiles y fueron rodeados por numerosos enemigos que acabaron con bastantes de sus tripulantes. Los legionarios, tras superar el barranco, ven lo que está pasando y corren a salvar a los tripulantes que huyen y además consiguen sacar de dentro de un carro a un capitán y a un soldado. Chocan de forma muy violenta contra los rifeños en esta acción y varios caen heridos. Será cuando el propio Comandante Fontanes, en primera línea, vaya a animar a un legionario herido, cuando reciba el fatídico disparo.

El Comandante Fontanes en el medio de la foto con los guiones de la I y II Bandera a los lados.
En un principio, el Comandante de la II Bandera no se preocupó en demasía, pues poco tiempo antes había conversado con un Capitán médico amigo suyo, Fidel Pages, gran cirujano, y este le había dicho que las heridas del vientre no eran mortales si se trataban dentro de las primeras cuatro horas. Se le llamó de forma inmediata, pero el médico se hallaba muy lejos de allí y tras pasar el tiempo marcado, al atardecer, Fontanes ya sabía que iba a morir, triste sobre todo por esos nueve hijos que dejaba solos en el mundo. Además de él, hubo otros 10 muertos y 65 heridos en la acción.
El fundador y jefe de la Legión en esos momentos, el Teniente Coronel Millán-Astray, no dudó en escribir a la madre de Fontanes para decirle lo siguiente:

"Fue uno de mis principales colaboradores en la organización de La Legión....". "Era su vida privada la de un santo, dedicando cuanto ganaba al cuidado de sus nueve hijos y pasando él personalmente privaciones que, aunque dignamente las ocultaba, no podían pasar desapercibidas....". "He dispuesto que su nombre en letras de oro figure en un cuadro de honor, él sólo, que adorne el despacho del Jefe de La Legión entre el retrato de SSMM y el pergamino de la ejecutoria de la Orden del Ejército en que se felicitaba a La Legión por su comportamiento en el territorio de la Circunscripción de Melilla, entre los que era figura principal su hijo, el Comandante Fontanes.... ". "Estoy de luto como ustedes, ordené desde el campo que La Legión entera se sintiese de luto por la pérdida de aquel bravo...."

Pero, quizás, el testimonio más conmovedor sea el del periodista y legionario Carlos Micó, quien, en su recientemente reeditado libro “Los Caballeros de la Legión”, apunta:

"lgnoro aún los detalles de las circunstancias en que fue herido el heroico Comandante. Solo puedo ofrecer al lector el conmovedor relato que me hizo alguien.
El día antes de ser herido hablaba el Comandante con el Capitán Médico señor Pagés, que tantos cientos de vidas ha salvado en el Ejército de África.
-Cómo se conoce que es usted soltero, mi Comandante; si no, no se batiría con tanto desenfado, con ese denuedo.
--¿Cómo soltero? Viudo y con nueve hijos, dos varones; el mayor de éstos, aún menor de edad, es fraile; el que le sigue se está preparando para ingresar en el Cuerpo de Correos. Las niñas son muy pequeñitas todavía. Ahora viven son su abuela, mi madre, ya ancianita. Hace un mes que murió mi hermana, que era quien las cuidaba.

Y ante un significativo gesto de piedad y de estupor que hiciera el Capitán Pagés, el Comandante Fontanes prosiguió humildemente, como si quisiera disculparse de su temeridad, hacerse perdonar su diario heroísmo:

--Es que no se me ocurre que me pueda pasar nada; como oye uno tantas balas y aún no me ha dado ninguna, me he acostumbrado a no concederles mucha importancia. Además, se curan tantos que hay que pensar que no todos los proyectiles traen la muerte. Lo único que me preocupa muchas veces son las heridas de vientre.

--Pues esas heridas no deben preocuparles más que las otras. Con tal de poder hacer la primera cura dentro de las cuatro horas que siguen al momento de producirse la herida, no hay gran peligro de muerte. A mí no se me ha muerto ningún herido en esas circunstancias.
Y como el Capitán Pagés, que está reputado con justicia como uno de los tres mejores cirujanos del Cuerpo de Sanidad, infunde gran confianza, el pobre Fontanes no olvidó estas palabras.
Al día siguiente de haber tenido esta conversación fue cuando cayó herido de un balazo; la balita de plomo habíasele alojado en los intestinos. Cuando lo transportaban en camilla a un lugar desenfilado de los proyectiles enemigos, dijo, sacando su reloj y mirando la hora:
--Que avisen al doctor Pagés, a ver si puede venir. Dónde está? Eran las dos de la tarde. El heliógrafo funcionó preguntando por el Capitán Pagés, que se encontraba a muchos kilómetros de distancia, no se sabía dónde.
A las cuatro sacó de nuevo su reloj:

--¿Han avisado al doctor Pagés? --volvió a preguntar--. Parece que tarda; han pasado ya dos horas.. . "A las cinco:" No va a llegar.. . Queda poco.. . "Transcurrida otra inacabable hora, volvió a consultar su reloj y dijo:

--Son las seis; ya venga o no venga.. . Ya no importa.. . ya es tarde... Mis pobrecitos hijos.. . No volvió a mirar más la hora. Transcurría la noche triste en medio de aquel campo, sin la augusta calma que a esas horas suele bajar de las estrellas; el fuego horrísono; la tragedia conmovía a la naturaleza. Un rayo de luna bañaba la faz del moribundo, iluminando sus últimos momentos. Ya de madrugada, dijo sus últimas palabras:

--Mis hijitos. .. Pero es por la Patria; no importa. Decid al Teniente Coronel que muero gritando: ¡Viva La Legión!

"Y este grito, que a todos siempre nos conmueve profundamente, se le ahogó en la garganta, atropellado por el estertor de la agonía".
"Los hombres que rodeaban su camilla mortuoria, esos hombres avezados, de corazón siempre enhiesto de entusiasmo y de virilidad, rompieron a llorar a raudales, acongojados"

El Comandante Fontanes pasaba a la historia como el primer jefe de la Legión caído en combate y la II Bandera “Carlos I”, -esa que tras 87 años fue disuelta por aquellos que tanto mal han hecho a España- contribuía con más sangre a la gloria de España, ya que el primer oficial muerto, el Capitán Pompilio Martínez Zaldívar, también calló bajo el guión del águila imperial.

Actualmente, los restos del Comandante, ascendido a título póstumo a Teniente Coronel, descansan en Melilla en el Panteón de los Héroes de las Campañas, en el nicho 7 de la fila 3.

Bibliografía: Trabajo de Eduardo Sar Quintas y José Antonio Cano Martín De la Asociación de Estudios Melillenses.

lunes, 28 de noviembre de 2011

LA UNIDAD EZQUERRA.

Es bastante conocido el hecho, de que tras retirar Franco a la División Azul del frente del Este, aún quedó por unos meses una unidad española combatiendo a la cual se llamó Legión Azul. Pero, lo que es menos sabido es que después de la retirada de esta unidad, hubo bastantes idealistas españoles que se negaron a abandonar la lucha y se alistaron en las Waffen SS, en la organización Todt o en otras unidades alemanas. También en una unidad conocida como “El Batallón Fantasma”, pues su existencia nunca fue oficial y era como un rumor entre los españoles que estaban exiliados en Alemania. La historia de uno de estos hombres,-y que dio nombre a una unidad especial integrada en su mayoría por españoles-, es la que vamos a tratar a continuación. Es la historia de Miguel Ezquerra, que el mismo recogió en su libro “Berlín, a vida o muerte”.

Foto de Miguel Ezquerra con uniforme
de las Waffen SS.
Miguel Ezquerra era un maestro aragonés de Huesca, de ideas fascistas, que junto a otros compañeros pasaba las tardes hablando de política en las mesas del Café Universal, donde muchas veces entraron en refriegas con otras mesas, ocupadas estas por comunistas. En una de estas mesas les sorprendió el inicio de la Guerra Civil. No dudó en alistarse en el bando nacional y combatió en los frentes de Madrid, Aragón y Extremadura encuadrado en la 7ª Bandera de Falange. Acabó la guerra en Málaga como Teniente provisional. Tras el fin de la contienda, se licencia y vuelve a su oficio. Pero convencido fascista como era, más allá de las ideas de Falange, nada más estallar la II Guerra Mundial, se presenta en la embajada alemana como voluntario. Allí le agradecen su entusiasmo y toman nota de su nombre por si le hubieran de llamar en un futuro. Tras esto se va destinado a Bayona como profesor de español.
Al formarse la División Azul, no consiguió plaza en el primer reemplazo, pero si en uno posterior, a finales de 1942, renunciando a su grado de Teniente y entrando como soldado. Pero una orden obligaba a los oficiales provisionales a partir con su anterior grado, y así será encuadrado en el Batallón del Comandante Millán.
Tras la mencionada retirada de las fuerzas españolas de Rusia, vuelve de nuevo a la embajada alemana, pues su compromiso con la causa del Eje es total. De nuevo agradecen su predisposición, pero le dicen que tendrá que cruzar la frontera y llegar adonde están las fuerzas alemanas por sus propios medios. Franco, que ya creía irremediable la derrota del eje, había ordenado cerrar la frontera, castigando con la cárcel a quien quisiera cruzarla con el propósito de unirse a los alemanes. Pese a todo, y dejando mujer y 2 hijas detrás, Ezquerra se la juega. En el camino a la frontera conoce a otros españoles que van con el mismo propósito y tras amenazar a un guarda consiguen cruzar la frontera donde son detenidos por los alemanes, a los cuales explican que han venido a unirse a ellos. Como Ezquerra había sido oficial en la División 250 es separado de sus compatriotas, la mayoría vascos y gallegos, a los cuales irá visitar en cuanto pueda.
Son trasladados al campamento de Stablatt, donde hay ya más de 400 españoles. En un principio le encuadran como soldado. Tras unos incidentes con un oficial alemán, es llevado a dar explicaciones. Conforme con las mismas, los alemanes le nombran Capitán. Su primera misión es facilitar el paso por la frontera francesa a los españoles, que, como él, quieren luchar por el Eje.
Debido a su valía, es reclutado por el servicio secreto alemán, dependiendo de un tal Capitán Kronos. Estará un tiempo en Paris recibiendo la instrucción necesaria para el desempeño de estas tareas.
Reproducción del uniforme de la Unidad Ezquerra
La situación para el Eje es cada vez más difícil y se le pone al frente de una Compañía de españoles encuadrado en le División Brandemburgo para tratar de frenar el avance aliado en la segunda quincena de Julio. En la lucha contra las fuerzas que habían desembarcado en Normandía cumplen con creces, pero a costa de perder el 65% de sus efectivos ante la arrolladora superioridad aérea aliada. Paris es tomada por sus enemigos, siendo los primeros tanques en entrar en la capital francesa, los tripulados por exiliados españoles. Ezquerra debe de huir a Berlín y de allí pasa a Viena, donde encontrará los restos de su compañía española y vuelve a la capital del Reich.
Los alemanes cada vez confían más en la capacidad de Ezquerra y le ofrecen crear un comando de operaciones especiales como otros 36 españoles. Tras un periodo de instrucción, el comando se cubrirá de gloria en la Batalla de las Ardenas. En esta ofensiva alemana para frenar la iniciativa que los aliados habían tomado tras Normandía, se pretendía romper sus líneas, ya bastante frenadas por las lluvias torrenciales que cayeron en Noviembre de 1944. La misión del comando español, junto a otros muchos, era infiltrarse en las líneas enemigas para congestionar su retaguardia, para así facilitar el paso de las fuerzas alemanas. Con un frió atroz y una gran nevada, que a los españoles les recordó la famosa Batalla de Teruel en la contienda fratricida hispana; se inició el movimiento el 14 de Diciembre. La noche del 15 divisaron un campamento norteamericano que albergaba una gran cantidad de obuses y munición artillera. Tras colocar sigilosamente cargas explosivas sobre los depósitos de munición, al amanecer las detonaron. Los norteamericanos empezaron a salir de sus tiendas despavoridos y fueron recibidos por un nutrido fuego de ametralladoras. Creyendo que los alemanes habían superado sus líneas, no tardaron en rendirse, sumando 300 prisioneros ante esos 36 españoles que en la acción solo sufrieron tres muertos y dos heridos.
El éxito de esta acción llegó a oídos de Hitler, que da permiso para que haga más comandos de españoles. Mientras estaba en ello, el alto mando alemán piensa que es mejor crear una unidad especial donde estén todos los españoles de las Waffen SS y los alistados en el ejército alemán, ya que por el carácter hispano, no se integran bien en la cuadriculada mentalidad y disciplina alemana. Es así como nace la UNIDAD EZQUERRA, llamado así por los alemanes, pese a que al propio Ezquerra no le agradaba.
La Unidad Ezquerra se hará famosa en la resistencia de Berlín ante la entrada de los rusos, pues allí fue destinada tras su formación, que coincidió con la última batalla de la guerra. Ya en un primer momento consiguen destruir cuatro tranques rusos en una acción en la que el propio Ezquerra es herido. Son enviados a la calle Kronen donde acaban con otros 5 tanques, además de aniquilar a gran cantidad de soldados rusos que los acompañaban en su avance, Destaca aquí la acción de un soldado español conocido como “El Chato”, que destruye el solo tres tanques. La principal arma contra los blindados eran los “puños de hierro”, cuyo nombre en alemán era Panzerfaust y que era una especie de bazoca.
Ezquerra es ascendido a Teniente Coronel por estas acciones y le encargan una nueva defensa. Debe ir a Postdam Platz y ocupar un edificio del que solo quedan las ruinas. Allí su unidad entabla una cruenta batalla, pero su disciplina y la elección de buenas posiciones, hace que consigan destruir otros 15 tanques, además de aniquilar a dos batallones de infantería ligera rusa. A lo largo de la defensa, Ezquerra destaca en su libro, como los rusos combatían completamente borrachos, cuando no drogados, para evitar que el miedo se apoderada de ellos.
Las acciones de estos bravos españoles siguen dando que hablar y el mismísimo Hitler hace que le traigan al jefe de estos jabatos a su bunker. Allí le impone a Ezquerra la Cruz de Caballero, la máxima condecoración alemana, y le ofrece la nacionalidad alemana. Ezquerra lo agradece, pero rechaza esta última, pues él es español por los cuatro costados. Ezquerra apunta, que pese a testimonios posteriores, él vio muy entero a Hitler en aquellos momentos en los que se aproximaba su fin.
Vuelve Ezquerra con su unidad y continua la lucha. Limpian de rusos el Reichbank, vuelven a la plaza Postdam y entran a combatir en el Hotel Kaiserhof. Los alemanes ya saben que la resistencia es inútil y la derrota segura y algunos mandos intentan dialogar con los rusos. Estos, cuando no disparan sobre los portadores de la bandera blanca, se niegan a cualquier tipo de acuerdo.
En un último intento desesperado, se envía a su unidad a un puente para tratar de pasarlo y romper el cerco ruso. Al destino solo llegan él y el Sargento Pinar. El resto de sus hombres, exceptuando unos pocos que han huido, han perecido como valientes en la defensa de Berlín. Tras volver al Ministerio del Aire, donde se aglutinan los últimos reductos de resistencia, se enteran de la muerte de Hitler. Alemania se rinde y sus soldados se entregan a los rusos.
Ezquerra tiene claro que no va a acabar en un gulag ruso y prefiere morir en el intento de escapar. Tras varios días de marcha, al llegar a Polonia consigue su propósito junto a otros cuatro españoles. Se separaran para tener más éxito. Ezquerra sufrirá una autentica odisea para poder llegar a pie prácticamente durante todo su itinerario, a su añorada España. De Berlín ira a Paris y luego a Burdeos, siempre a escondidas y falsificando su identidad, pues en todas las listas de los españoles buscados por los nuevos amos de Europa, Miguel Ezquerra está en primer lugar. Trabará grandes amistades, incluso con gente que había sido enemiga, y sufrirá el abandono de otros que creía camaradas. Pero, finalmente, tras mucho sufrir llegará la frontera donde la Guardia Civil le dará el alto, algo que para Ezquerra significaba que ya estaba en casa.
Poco se sabe de su vida posterior. Se dice que trabajó en los servicios secretos españoles y que incluso se alistó en la Legión Extranjera Francesa. Murió en Madrid en 1984 y sus restos descansan en el cementerio de la Almudena junto a los de los otros divisionarios.

Esquela publicada tras la muerte de Ezquerra

sábado, 5 de noviembre de 2011

Oriamendi, una victoria de españoles sobre ingleses.

Si hay una batalla recordada y llevada a la leyenda por los carlistas, esa es la de Oriamendi, que incluso da nombre al himno de su causa. Cierto que las guerras carlitas fueron guerras civiles, de las que tanto ha sufrido España; pero como ha ocurrido en otros momentos de la historia, hubo fuerzas extranjeras apoyando a los diferentes bandos. En el caso que nos ocupa, la causa liberal había recibido el apoyo de Inglaterra, Portugal y Francia. Y, fue en la batalla de Oriamendi, donde tropas españolas carlistas se enfrentaron a la Legión Auxiliar Británica consiguiendo una importante victoria.

Magnífico cuadro de Ferrer-Dalmau sobre la Batalla de Oriamendi.

Los carlistas venían de fracasar en la toma de Bilbao, donde además habían perdido a su mejor general, el famoso Zumalacarregui. Tras esto, se decantaron por sitiar San Sebastián. Por su parte, el bando liberal decidió lanzar una ofensiva desde Pamplona sobre las tres provincias vascongadas para dar un golpe mortal a las aspiraciones carlistas. Mientras que el general isabelino Sarsfield intentó penetrar en Guipúzcoa, siendo rechazado por los carlistas; el general inglés Lacy aprovechó que los carlistas estaban ocupados en su lucha contra Sarsfield, para avanzar desde San Sebastián y ocupar Lezo, Ametzagaña, Loyola y Oriamendi. Tras expulsar a Sarfield de nuevo a Pamplona, el Infante Sebastián, líder de las tropas carlistas, llevó a sus hombres a marchas forzadas a encontrarse con los ingleses. Esos habían tenido unas jornadas más relajadas en las que incluso se habían podido permitir algún día de descanso. Pero esto no fue un obstáculo para que los españoles del bando carlista, que habían llegado de noche a Oriamendi, iniciaran su ataque al amanecer sin poder haber dormido. El furor de los hombres del Infante Sebastián superó las defensas británicas y les provocó más de 1500 bajas, obligándolos a huir de nuevo hacia San Sebastián y teniendo que cubrir la desbandada la flota que amarraba en las costas vascas, impidiendo así una masacre mayor. Los carlistas tuvieron menos de la mitad de bajas que los ingleses, pese a todos los factores en contra. Era muy raro que Inglaterra participara con tropas regulares en un conflicto dinástico extranjero y fue un autentico escándalo que sufrieran este descalabro. El Parlamento británico monto en cólera y el general Lacy fue muy criticado por la prensa de su país. Pero, para nosotros, lo más importante dejando al margen las ideologías enfrentadas, es que aquel 16 de Marzo de 1837, una vez más, en campo abierto, los españoles volvieron a desatar el infierno entre los hijos de la pérfida Albión, que seguro que volvieron a recitar aquello de “Españoles en la mar quiero, y si es por tierra que San Jorge nos proteja”. Aún hoy, en el monte Urgull de San Sebastián, descansan los restos de algunos de aquellos ingleses.

domingo, 30 de octubre de 2011

O caja o faja. Juan Prim, el general político.

Fue el siglo XIX español un periodo especialmente prolífico en guerras, tanto de defensa contra el invasor, como civiles y sin faltar las exteriores. Asociadas a estas, se vivieron periodos de gran convulsión en la política, con idas y venidas de dinastías monárquicas, múltiples cambios de gobiernos y gran cantidad de pronunciamientos militares. Es el siglo en el que nace el fenómeno de los “espadones”, generales que se metían en política, ocupando cargos de todo tipo en el gobierno, o derrocando a este para traer uno nuevo. Esta figura del general político se hizo muy común en España, pero quizás hay uno que destacó sobre todos y ese es Juan Prim y Prats.

Grabado de Prim con la bandera en Castillejos.
Prim nació en Reus en 1814, hijo de un notario que había servido como capitán en la Primera Legión Catalana durante la guerra de la independencia y que también combatió a los carlistas mandando el Batallón de Tiradores de Isabel II, retirándose como Teniente Coronel y volviendo a su notaría. Con 19 años sintió Prim la llamada de las armas y se alistó como soldado en el Batallón que había mandado su padre. Pronto destacó sobre el resto por su valor y fue promovido a oficial. No hizo esto menguar su empuje, sino muy al contrario luchó siempre en primera línea. Fue herido en la toma de Vilamajó del Vallés y ascendió a capitán poco después por meritos de guerra. Recibe su primera Cruz Laureada de San Fernando cuando captura en San Miguel de Serradell la bandera del 4º Batallón carlista. Sigue sumando heroicidades y es ascendido a Comandante cuando escala las murallas de Solsona y abre sus puertas. Otra valerosa acción en Angers le vale el ascenso a mayor de Batallón y se le concede el mando de la zona Solsona-Castellvell, de gran importancia para el paso de los convoyes carlistas. Sus acciones en esta área, en las que fue varias veces herido le llevaron a ganar su segunda Laureada y ser nombrado Coronel. Tenía solo 26 años, era bilaureado, había conseguido todos sus ascensos en guerra y lo más importante, era un mito entre sus hombres y un héroe popular.
Finalizada la contienda contra los carlistas, empieza su carrera política, la cual tocaremos aquí mínimamente. Enemistado con el General Espartero, al llegar el General Serrano al Ministerio de la Guerra, ascendió a Prim a Brigadier.
La oposición a Espartero había hecho surgir juntas revolucionarias en varias ciudades, siendo Barcelona donde más fuerte se hicieron. Para acabar con este foco se nombró a Prim gobernador militar y comandante general de la provincia. A los milicianos de la junta de Barcelona se les conocía como “jamancios”, de jamar, forma calé de decir comer. El núcleo más radical de esta junta conocida como “jamancia” era el batallón de la blusa”, formado por unos obreros que habían ocupado el cuartel de Atarazanas. Al intentar dialogar con ellos, Prim solo recibió burlas. Fue entonces cuando dijo la famosa frase de “o caja o faja”, refiriéndose a que o vencía y obtenía la faja de general, o moriría en el intento y acabaría en una caja mortuoria. Prim, pacificó tanto Barcelona como la provincia y otras zonas de Cataluña, por lo que consiguió su faja y además fue ennoblecido con los títulos de conde de Reus y vizconde del Bruch.

Prosiguió su carrera política con altibajos y enfrentamientos con los hombres fuertes del momento. En 1853 consiguió ser comisionado a la Guerra de Crimea como observador. Su espíritu inquieto no le permitía estar parado y no dejó de dar consejos a los generales turcos, que fueron bien apreciados, por lo que el sultán le regaló un sable de honor y le recompensó con la condecoración de Medjidie.

De vuelta a España continuó con su carrera política hasta que en 1859 el gobierno de O´Donell le declaró la guerra a Marruecos por unos incidentes en las fronteras de las ciudades españolas de África. A Prim se le otorgó un mando aparentemente secundario, el de la División de Reserva. Pero no era Prim un conformista, así que creó un batallón de voluntario catalanes con 466 hombres, a los que uniformó de forma característica, con el atuendo de los pageses catalanes y con la barretina como prenda de cabeza. Cuando los catalanes desembarcaron en África, Prim los recibió con este discurso:

" Soldats! Catalunya, que us ha dit adéu amb un gran entusiasme, les mares, els germans, els amics, tots us contemplen amb orgull. No deixeu mai en l'oblit que sou els dipositaris de la seva honra y la de tots els vostres paisans, aviat tindreu la dita d’abraçar altre cop a les vostres families, amb la front coronada de llorers; i els pares, les mares, les dones, els amics, diran plens d’orgull, al donar-vos una abraçada: Tu ets un valent català. Visca Espanya!"


“¡Soldados! Cataluña, que os ha dicho adiós con un gran entusiasmo, las madres, los hermanos, los amigos, todos os contemplan con orgullo. No dejéis nunca en el olvido que sois los depositarios de su honra y la de todos vuestros paisanos, pronto tendréis la dicha de abrazar otra vez a vuestras familias, con la frente coronada de laureles; y los padres, las madres, las mujeres, los amigos, dirán llenos de orgullo al daros un abrazo: Tu eres un valiente catalán. ¡Viva España!!

Destacaron en las famosas acciones de Castillejos y Wad Ras, siendo fundamental la acción personal de Prim en el cabo Negrón y en la Batalla de Tetuán, donde llegó a alcanzar el campamento de Muley Abbas. Pero es la de Castillejos la batalla que ha pasado a la historia, cuando en medio de la refriega, viendo que el Regimiento del Príncipe estaba en serias dificultades, agarra la bandera del Regimiento de Córdoba que se había mandado en su refuerzo y la enarbola con un discurso para la historia:

"Soldados podéis abandonar esas mochilas porque son vuestras, pero no podéis abandonar esta Bandera, que es de la Patria. Yo voy a meterme con ella en las filas enemigas ... ¿Permitiréis que el estandarte de España caiga en poder de los moros? ¿Dejareis morir solo a vuestro general? ¡Soldados! ... ¡Viva la Reina!"

Acabado el discurso, sin pararse a ver si había hecho mella, se lanzó contra las líneas moras. Los soldados del Córdoba no le dejaron solo y le siguieron dando vivas al general y haciendo huir al enemigo.
Prim conocía bien la psicología de los soldados y la gente en general. Tampoco olvidaba que una buena acción tiene que tener una mejor propaganda. De ahí que se hubiera llevado becado a esta guerra a su paisano Mariano Fortuny, que tan bien supo retratarla para mayor gloria de Prim.

Acabada la guerra en África, su último gran mando de operaciones fue la expedición a México, cuando el gobierno de Benito Juárez suspendió el pago de su deuda, cosa que afectaba a España, Francia e Inglaterra. Debido a esto llegaron a un acuerdo para intervenir militarmente en territorio mexicano. Prim comandaba la fuerza española, pero pronto se percató que la intención francesa era poner como soberano a Maximiliano de Austria y apoderarse del territorio. Por ello Prim, pese a las críticas abandonó el país y volvió a España.

En los siguientes años Prim fue ganando cada vez más el favor popular, pese a que tuvo que desterrarse cuando las cosas pintaban mal; hasta que en 1868 fue el principal artífice de la revolución conocida como “La Gloriosa”, cuando aliado con el Almirante Topete y el General Serrano entre otros, vencieron a las tropas leales a la reina Isabel II y esta hubo de exiliarse a Paris.

Prim llegó a convertirse en presidente del gobierno en una época nada fácil de llevar. Una de sus misiones era conseguir un nuevo rey para España, pero se negaba a que tuviera nada que ver con los Borbones. Tras muchos intentos y varios ofrecimientos rechazados o retirados para no chocar con las potencias del periodo, consiguió que el duque de Aosta, Amadeo de Saboya, aceptara. Pero pocos días antes de que el nuevo rey llegara a Madrid, un 27 de Septiembre de 1870, Prim fue tiroteado dentro de su coche de caballos en la calle del Turco. Recibió cinco heridas y luchó contra la muerte hasta el día 30 murió al llegar la noche.

El Prim político podrá gustar más o menos, pero nadie podrá dudar del Prim militar, un catalán de Reus, orgulloso de ser español y que tanta gloria dio a sus armas.


Monumento a Prim en su ciudad natal de Reus.

Bibliografía: -A golpes de sable, de Gabriel Cardona.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Baltasar Queija de la Vega, el novio de la muerte.

Baltasar Queija de la Vega
Si hay un himno militar en España famoso y conocido por el público en general, ese es El Novio de la muerte. Esta canción legionaria ha sido capaz de emocionar con el paso de los años a muchas generaciones. Su letra, la tremenda y triste historia que narra, es capaz de tocar la fibra sensible de aquellos que la escuchan, sean civiles o militares, y que sea tarareada en espacios y lugares muy diferentes. Pero, lo más emotivo de esta canción, es que se basa en una historia real, en la del Cabo Baltasar Queija de la Vega, el primer muerto que tuvo la Legión Española, el que abrió la lista de esos 10.000 Caballeros Legionarios que sacrificaron su vida en el altar de la Patria.
Queija de la Vega había nacido en el onubense pueblo de Minas de Riotinto un 21 de Mayo de 1902. Con tan solo 18 años, en Noviembre de 1920 se alista en la recién creada Legión, conocida entonces como Tercio de Extranjeros, concretamente en la II Bandera. Parece ser, que el motivo de su llegada al Tercio, fue una discusión con tuvo con su novia, una chica de su mismo pueblo. No sabemos como de grave fue el enfado, ni que pretendía Queija de la Vega con su marcha; pero el caso es que al poco de llegar a la Legión recibe una carta donde se le comunica que su amada había fallecido. El joven Cabo, que desde su llegada al Tercio se había destacado como un eminente poeta y romántico, recibe la noticia como un cuchillo en el corazón. El propio Millán-Astray dijo en la revista “Nuevo Mundo”, que aunque el muchacho era bravo como un león, lo vio llorar desconsolado al recibir la misiva y que al interesarse por él el fundador, el poeta legionario le dijo “Mi Teniente Coronel, ¡Ojalá que la primera bala que se pierda sea para mí!”
Y así fue, al poco tiempo, cuando su escuadra se retiraba al campamento de Zoco el Arbáa de Beni Hassán, al sur de Tetuán, después de haber estado prestando unos servicios de seguridad en la zona, recibieron un ataque de los cabileños. El día estaba ya cayendo y resistieron con valor el fuego enemigo que pretendía acabar con ellos y robarles las armas. Aunque se rechazó con éxito el ataque, la Legión acababa de entregar su primer hombre a España, el Cabo Queija de la Vega encontró esa bala perdida que le llevo a reunirse con su amor. La historia que dio origen a la canción se debe a que al recoger su cuerpo, además de encontrar la trágica carta donde se le comunicaba la muerte de la novia, tenía también un pequeño poema escrito que decía lo siguiente:

                                                                     Somos los extranjeros legionarios

                                                                     El Tercio de hombres voluntarios

                                                                      Que por España vienen a luchar

Cartel del Teatro donde se cantaba
El Novio de la Muerte
Millán-Astray ordenó que se le diera sepultura con todos los honores militares. No tardó su bella y romántica historia en darse a conocer y esta inspiró al escritor Fidel Prado para crear la letra de la canción, a la cual puso música el músico catalán Juan Costa. En un principio el ritmo de la canción era el de un cuplé y como tal sería interpretada por primera vez por la artista Mercedes Fernández González, de nombre artístico Lola Montes, en el Teatro Vital Aza de Málaga. En una de las funciones estaba presente la Duquesa de la Victoria, encargada de dirigir los hospitales de la Cruz Roja en Marruecos. Como era el verano de 1921 y habían empezado las operaciones del General Silvestre para pacificar el Rif, la Duquesa, encantada con la canción, convenció a Lola Montes de que fuera a Melilla a cantarla para motivar a las tropas. Allá que fue la cupletista y allí que se encontró con el desastre de Annual y con la llegada de la Legión para salvar a la ciudad española. Al conocer Millán-Astray la canción no dudo en adoptarla para sus bravos hombres que tanta sangre derramaron en aquellas difíciles jornadas.
Desde entonces El Novio de la Muerte quedó como himno oficioso de la Legión, con la única variación de la música, que se adaptó a ritmos más marciales.
Para acabar un video donde se narra brevemente la evolución de la canción.


Bibliografía: http://www.revistatenea.es/
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...