domingo, 17 de abril de 2011

Los Tercios Viejos.

Hacer un artículo de los Tercios requeriría muchas líneas por breve que fuese, pero vamos a tratar de explicar algo sobre el origen de estas míticas unidades que tanta gloria dieron al Imperio español. Para ello nos centraremos en los 3 Tercios Viejos, el de Nápoles, el de Sicilia y el de Lombardía. Recibieron el nombre de viejos por el hecho de ser los tres primeros en crearse, pero al extenderse este apelativo a Tercios de nueva creación se les pasó a denominar como Grandes Tercios Viejos.


La importancia de los Tercios empieza en el hecho de que son el primer ejército moderno europeo, es decir, que sus soldados son profesionales voluntarios, y no procedentes de levas con motivos de algún conflicto, como venía ocurriendo en la época. Su origen y primera aparición documental, se remonta a las reformas del Emperador Carlos V en 1534 y la Ordenanza de Génova de 1536 en la que se habla del Tercio de Nápoles y Sicilia, el Tercio de Lombardía y el de Málaga. Este último no fue permanente y acabó integrado en el de Cerdeña; mientras que el de Nápoles y Sicilia se separaron. Pero estas unidades no habían nacido de la noche a la mañana, pues eran herederas directas de las Coronelías con las que el Gran Capitán había dominado Italia y en las que la Infantería Española empezó a hacerse dueña de los campos de batalla. Estas unidades, por la ordenanza de 1495 ya eran de soldados reclutados y pagados para servir a los intereses de la corona española. De hecho, como veremos, parece que en 1509 ya había unidades denominadas Tercios.

Otra de las cosas en las que no se ponen de acuerdo los expertos historiadores de los Tercios, es en el origen de su nombre. Hay varias teorías. Una dice que es porque imitaban a las Legiones Romanas, otra que porque se componía de 3000 soldados, o que porque estaba dividida en tres grupos de picas, escudados y ballesteros o espingarderos. La última teoría dice que es porque en su origen fueron esos tres tercios viejos los únicos, aunque enseguida surgió el de Cerdeña. Que cada cual elija con cual se queda. El hecho es que en un principio el término se reservaba a la infantería, no extendiéndose a la caballería hasta 1649. Aunque con la llegada de los Borbones los Tercios pasan a convertirse en Regimientos, el termino se ha seguido aplicando a lo largo de la historia en varias épocas, hasta hoy en día que existen los Tercios de Infantería Marina y los más modernos, los cuatro de la Legión, homenaje de su fundador, Millán-Astray a estas grandes unidades.

Volviendo a los Tercios Viejos, estos eran mandados por un Maestre Mayor, teniendo cada uno 12 compañías de 250 hombres, mandadas cada una por un Capitán. Esto era la teoría, porque en la práctica, debido sobre todo a que estaban en constante conflicto y no podían reponer las bajas, las cifras eran mucho más bajas. Otra figura fija en los Tercios era la del Alférez, palabra árabe que significa “el que lleva la bandera”, y que de hecho era su misión, conservar la bandera del Tercio pasara lo que pasara. Hay crónicas que hablan de alféreces que habiendo perdido los dos brazos en el combate, agarraban el preciado símbolo con la boca y los muñones ensangrentados para que no se les fuera arrebatado. Por debajo del Maestre de Campo estaba el Sargento Mayor, que se encargaba de transmitir las órdenes de este a los capitanes del Tercio. Aparte en cada Tercio había un Sargento, encargado de la instrucción de la tropa; y varios Cabos, que mandaban sobre unos 25 hombres. Cada Tercio tenía además gente encargada de varios servicios, como el Furriel Mayor, que pagaba y alojaba a los soldados; los tambores y pífanos, que llevaban las ordenes del Capitán en el fragor de la batalla y marcaban el ritmo. No podían faltar los capellanes que se aseguraran de la paz espiritual de los hombres, ni los médicos que tenían como curiosos enfermeros a los barberos que hacían también veces de cirujanos, y a los que nunca les faltaba el trabajo en la agitada vida de un Tercio. De forma no oficial, a los Tercios les acompañaba siempre una gran parafernalia de vendedores y prostitutas para calmar los instintos de estos bravos guerreros.

El éxito de los Tercios es en parte ser la continuación de las ideas del Gran Capitán, que da la mayor importancia en el combate a la Infantería, frente a la hegemonía de la caballería en el Medievo. Pero también, los ciertos saben adaptarse rápidamente a la evolución de la guerra, y a medida que avanzan los años las armas de fuego van sustituyendo a las ballestas, siendo los arcabuceros los soldados más expertos y antiguos, dejando las picas a los noveles, de ahí que a los jóvenes soldados se les conozca como “picas secas”.

Pero volviendo a los Tercios Viejos, que fue de ellos, esta es su historia:

TERCIO VIEJO DE LOMBARDÍA: Conocido como El Osado. Se dice que fue el primero de todos y que era la élite del ejército español, según un capitán de la época “tercio padre de todos los demás y seminario de los mayores soldados que ha visto Europa en nuestro tiempo”. Era el encargado de controlar el norte de Italia, con sede en Milán y fortalezas en el Piamonte, Mantua y Castiglione, además de otras guarniciones. Tuvo que acudir a Flandes por lo delicado de la situación. Cae allí bajo el mando del conde de Mansfelt, un general alemán, algo que no hacía ninguna gracia a los soldados españoles. Este dio la orden de invernar en una de las islas del río Mosa, lo que hizo que los españoles pensaran que podrían caer de nuevo en una situación como la del “milagro de Empel”, solo que esta vez no hubiera tal milagro. Así que se negaron a obedecer, ya que además se les adeudaban muchas pagas, algo bastante normal en los Tercios. Aunque acabaron desistiendo, Alejandro Farnesio no les perdonó y quiso darles un escarmiento que sirviera de ejemplo, así que ordenó su disolución y distribuir sus hombres entre otros Tercios. El acto de la disolución consistía en plegar su bandera por el Alférez y romper el asta. El soldado y escritor Diego Duque de Estrada cuenta así la terrible escena: “algunos no pudieron detener las lágrimas a fuerza del deshonor; y los que tantas veces habían tolerado sus heridas con ojos secos, como ajenas, ahora traspasados con más penetrante dardo, entre suspiros y gemidos se rendían oprimidos al dolor y todos con pompa fúnebre lloraban al tercio como al difunto que llevaban al sepulcro”.

Escudo del RIL SICILIA 67
TERCIO VIEJO DE SICILIA: Conocido como El Valeroso. Ha permanecido hasta nuestros días. Como Tercio participó en muchas de las guerras del Mediterráneo, como la toma de la Goleta en sus inicios, el socorro a Malta en 1565 o la famosa batalla de Lepanto en 1571. Como no, lucho contra los franceses en Italia, estuvo presente en Flandes, en la Armada Invencible, en la guerra de Portugal de 1580 y siguió combatiendo durante todo el siglo XVII por el Mediterráneo hasta su transformación en Regimiento en 1707. En 1815, al absorber otras unidades se le cambia el nombre por África, hasta que lo vuelve a recuperar en 1897, cambiando su regimiento de número, hasta el actual 67 que recibe en 1966, cuando era un regimiento de montaña. Hoy en día se encuentra acuartelado en San Sebastián, tiene 476 años de historia. En 1797 consiguió el derecho de llevar en su escudo el lema “Valor, firmeza y lealtad”. Además tiene una Laureada colectiva por la Batalla de Huesca de 1837 en la I Guerra Carlista y con tres medallas militares colectivas por acciones en la guerra civil.

Escudo del RIL SORIA 9
TERCIO VIEJO DE NAPOLES: Conocido como El Sangriento. Hoy su heredero es el Regimiento de Infantería Soria 9 y es considerada como la unidad más antigua de Europa. Su origen se remonta a 1509, cuando Fernando el Católico envía a Italia el Tercio de Zamudio, mandado por Pedro de Zamudio. Por estar en Nápoles, parece que en 1513 es cuando se le empieza a denominar como Tercio de Nápoles. Participa en las guerras contra los franceses, destacando en la batalla de San Quintín y la toma de Amberes. Estuvo también en la malograda empresa de la Armada Invencible. Igual que le pasó al de Lombardía, un acto de insubordinación hace que en 1590 Alejandro Farnesio lo disuelva, pero lo reorganiza al año siguiente como Tercio de Brabante, y con este nombre recibirá el título del sangriento, por ser el famoso Tercio que no se rindió en Rocroi y que acabó con todos su hombres muertos o malheridos. Pasará a llamarse Tercio de Sangre. Recibirá el nombre de Soria al ser hecho regimiento en 1715. Desde entonces cambia numerosas veces de nombre y ubicación, estando actualmente en Fuerteventura. Merece por si solo un artículo mucho más extenso. Valga como resumen que tiene dos Laureadas colectivas, dos medallas militares colectivas y siete cruces de distinción. El solo hecho de ver su escudo produce escalofríos.

No finalizaremos sin recomendar un gran libro, el de Tercios de España, del gran escritor Fernando Martínez Laínez y el general José María Sánchez de Toca y Catalá. De ahí hemos sacado la mayor parte de la información.

Como último homenaje, un video con el Himno de los Tercios que sale en la BSO de Águila Roja, de Daniel Sánchez de la Hera, y que pone los pelos de punta.

Bibliografía: -Tercios de España de Fernando Martínez Laínez y José María Sánchez de Toca y Catalá.
- http://www.amm2m.com/

domingo, 3 de abril de 2011

Reivindicando a un gran militar, General Valeriano Weyler.

El General Weyler ha pasado a la historia como El Carnicero, apodo que se le dio por su dureza en la guerra de Cuba, en especial por el episodio de la reconcentración de campesinos para evitar que estos se unieran a los rebeldes y que causó un gran mortandad en la población cubana por hambre y enfermedades. No vamos a justificar estas muertes, pero hay que entender que el país estaba en guerra, que los rebeldes independentistas hacían lo mismo en las zonas que controlaban, y que sobre todo, la prensa amarilla estadounidense exagero mucho las acciones de Weyler.


Pero Weyler ya era un hombre curtido antes de las guerras de Cuba. Hijo de un médico militar, siguió los pasos de su padre, pero en el arma de Infantería, en cuyo Colegio de Toledo ingresó y salió de Teniente en 1861, para seguidamente cursar los estudios de Estado Mayor y con solo 24 años ser ya comandante. Solo medía 1,52 metros, pero eso no le impedía ser un hombre impetuoso y destacar desde sus inicios como gran estratega, no en vano sus compañeros del colegio de infantes le llamaban Escipión. Su primera experiencia bélica fue en 1863 cuando es destinado a Santo Domingo, donde consigue la Cruz Laureada de San Fernando por la acción del río Haina, cuando con solo 150 hombres resistió el asalto de más de 500 durante tres días. Aquí aprendió Weyler lo dura que era la guerra bajo un clima tropical y empezó a convertirse en un experto en ella, además sobrevivió a las fiebres amarillas, quedando inmune a ellas el resto de su vida. Cabe destacar que antes de partir a este destino le había tocado la lotería nacional y se había hecho rico, pudiendo haber vivido tranquilamente de las rentas. Pero esto no iba con este gran hombre y solo el mundo militar podía darle la verdadera riqueza a su espíritu.

En 1868, en el marco de la Guerra de los Diez Años, parte a Cuba por primera vez. Era Brigadier y estaba a las órdenes del General Blas Villate, Conde de Valmaseda. Weyler organiza a los cubanos pro españoles en una entidad efectiva y temible, los Cazadores de Valmaseda, que serán el terror de los insurgentes. De vuelta a España, en 1873, con la I República y en el seno de la última guerra carlista, derrota al general Santés, por lo que es ascendido a Mariscal de Campo. Con la Restauración, pese a ser destituido un tiempo acusado de nuevo de ser demasiado brutal, sigue progresando y es ascendido a Teniente General y nombrado Capitán General de las Canarias, cargo que ocupa de 1878 a 1883, pasando luego a ejercer el cargo en Filipinas y otras regiones españolas.

En eso que vuelve la guerra a Cuba y la situación es cada vez peor, los rebeldes cada vez controlan más territorio de la isla y están rondando la capital de La Habana. El entonces presidente del gobierno, el inolvidable Cánovas del Castillo, que sobre esta guerra afirma que se hará “hasta el último hombre y hasta la última peseta”, sustituye al general Martinez Campos y nombra a Weyler como Capitán General. Gracias a esto la guerra da un vuelco. Weyler, frente a la tibieza de su antecesor, se muestra duro, muy duro sí, pero no más que los independentistas en una guerra muy cruel en la que pereció una tercera parte de la población total de la bella isla. Weyler hizo que los soldados españoles, machacados física y moralmente por la guerra de guerrillas y las enfermedades, recuperen el orgullo y venzan de nuevo en los envites contra los rebeldes. Como buen estratega se le ocurre dividir la isla a través de las trochas, murallas con puestos de vigilancia para aislar a los rebeldes. Consigue acabar con uno de los líderes más carismáticos de los rebeldes, Antonio Maceo. Pero en España la situación cambia, un anarquista italiano asesina a Cánovas y llega al poder el liberal Sagasta, contrario a la política dura de Weyler y lo sustituye por Ramón Blanco, quien fracaso en esta nueva política conciliadora, sobre todo desde la llega de los estadounidenses a la isla, quien sabe si Weyler podría haberles frenado de mejor manera.

De vuelta a España, Weyler llego a ser tres veces Ministro de la Guerra y una de Marina. Fue el encargado de sofocar la revuelta de la Semana Trágica de Barcelona en 1909 y llego a ser nombrado por sus meritos Grande de España, siendo Marqués de Tenerife y Duque de Rubí, además de ser nombrado senador vitalicio por Alfonso XIII. Su estrella se apagó con la llegada de la dictadura de Primo de Rivera, a la que se opuso y contra la que conspiró en la sanjuanada de 1926. No fue arrestado por estos hechos, su figura era demasiado grande para ello, pero se le retiró de la vida pública y murió en 1930, con 92 años. Hace unos años, su nieta, María Teresa Weyler escribió un libro para limpiar el buen nombre de su abuelo, al que tanto mancillaron los cretinos de Pulitzer y Hearst en su afán de llevar a su país a la guerra contra España para vender más periódicos. El libro se llama Memorias del General Weyler, que al parecer fueron dictadas por el mismo a su hijo y padre de la escritora, Fernando Weyler.

Mientras tanto, aquí como siempre creyéndonos lo que dicen del exterior de nosotros, sin pararnos a investigar y ver como son de verdad las cosas.

¡HONOR AL GENERAL WEYLER!

Bibliografía: - Revista Historia de Iberia Vieja, nº 69.
-www.biografiasyvidas.com
-Wikipedia.

sábado, 2 de abril de 2011

Superadas las 3000 visitas.

Gracias a todos los que nos visitan y a los que dejan sus comentarios. Al hilo de esto último hemos cambiado la configuración del blog para que sea más facil dejar comentarios a los artículos.
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domingo, 27 de marzo de 2011

Bilaureado Don Pablo Arredondo Acuña, el primer Capitán de la Legión.

Nunca nos cansaremos de repetir el filón que tendría Hollywood si estuviera en España, donde, por desgracia, solo se hace cine basura, salvo nobles excepciones, y no se explota nuestra gran historia. El protagonista de este artículo, si hubiera sido norteamericano, sería tan conocido como Washington y habría sido representado en varias grandes producciones. Hablamos de Don Pablo Arredondo Acuña, conocido como el primer Capitán de la Legión, por mandar la 1ª Compañía de la I Bandera desde el 27 de Septiembre de 1920, cuando es destinado al recién creado Tercio de Extranjeros, una semana después de que se alistase el primer legionario, dando esta fecha lugar a la fundación de esta gloriosa unidad.
El Capitán Arredondo nació en la localidad jienense de Baeza el 8 de Enero de 1890, hijo del Teniente Coronel de Infantería Pablo Arredondo Muñoz-Cono, natural de Torreperogil. Ingresó como cadete en la Academia de Infantería de Toledo el verano de 1908. Su primer destino como Alférez será el Batallón de Cazadores de Barbastro Nº 4, con sede en Alcalá de Henares. Pronto sintió la llamada de África y en 1913, ya como Teniente va destinado al Batallón de Cazadores de Arapiles Nº 9, con guarnición en el Fuerte de Serralo en Ceuta. El 11 de Junio de este año obtendrá su primera Cruz Laureada de San Fernando. Los hechos transcurren en el Combate de Laucien (Tetuán), cuando mandando una sección de la 3ª Compañía encabeza una carga a la bayoneta, en el transcurso de la cual es herido en una pierna. A pesar de ello, no abandona el frente y dirige dos ataques más, donde destaca por su liderazgo, su desprecio del peligro, su arrojo y seneridad. Por Real Orden de 14 de enero de 1915 publicada en el Diario Oficial del Ministerio de la Guerra número 11, de 15 de enero de 1915; recibe la Laureada, siendo de los pocos que la pueden disfrutar en vida.

En Mayo de 1916 pasa destinado a las Fuerzas Regulares Indígenas de Melilla. En 1920, de vuelta en Madrid, en el Regimiento de Wad-Ras, es cuando es requerido para la nueva unidad fundada por Millan-Astray. Primero en el Fuerte de García Aldave y más tarde en el mítico Dar Riffien, serán los años más intensos en la vida militar de nuestro héroe. Una de las jornadas más memorables fue la del 29 de Junio de 1921, cuando en la toma de la posición de Muñoz Crespo, llegó a ser herido hasta en tres ocasiones. Estaba su posición en un lugar destacado del campo de batalla, por lo que recibía un fuego nutrido. Herido en las piernas, siguió de pie dirigiendo a sus hombres, hasta que otro balazo le dio en el nervio de una de sus piernas y le hizo caer al suelo. Para colmo, cuando era trasladado para ser atendido, el mulo que le trasladaba se despeñó.

Dos años tardó en recuperarse de estas heridas y es aquí, más aún que en el fragor de la batalla, donde Don Pablo Arredondo muestra su mayor ejemplo de heroicidad. No paró de pelear contra sus superiores para no pasar al Cuerpo de Inválidos Militares, ya que estaba inútil para el servicio al no poder andar con agilidad. Pero, debido a su voluntad y a un rudimentario aparato ortopédico que apenas le permitía andar; por Real Orden Nº 164 de 1924, el 13 de Agosto es destinado de nuevo a la I Bandera, bajo el mando del Teniente Coronel Franco.

Parece que preveía que no le tardaría mucho en visitar su novia la muerte, por lo que este mismo mes hace testamento. Estuvo presente en todas las acciones de su Bandera hasta el día de su gloriosa muerte, que le valió su segunda Laureada, el 19 de Noviembre de 1924, en el repliegue de la columna del General Serrano desde Xeruta al Zoco-Arbáa. Que mejor narración que la del Diario oficial del Ministerio del Ejército nº8 de 11 de Enero de 192, donde se le concede la gloriosa condecoración y que dice así:

“Visto el expediente de juicio contradictorio instruido en la plaza de Ceuta para conocer si el capitán de Infantería (fallecido en acción de guerra) don Pablo Arredondo Acuña se hizo acreedor a ingresar en la Real y Militar Orden de San Fernando, por su heroico comportamiento al replegarse la columna del general Serrano, desde Xeruta al Zoco-Arbaa del día 19 de noviembre de 1924, de la que formaba parte mandando la primera Bandera de El Tercio: Resultando que el mencionado día, apenas iniciado el movimiento bajo un violento temporal de agua y viento, la columna fue atacada con gran intensidad por numerosos enemigos de las kabilas de Xeruta y otras próximas a Xauen y Dar-Acoba, y muerto el general Serrano y ocupados por los moros puestos de protección abandonados prematuramente, la columna, en uno de cuyos últimos escalones iba la citada Bandera, tuvo que continuar su marcha en condiciones muy desfavorables. Acentuado el ataque del enemigo sobre la primera compañía de la bandera que ocupaba el puesto de mayor peligro, el capitán Arredondo tomó el mando directo de esta unidad, entablando desesperada lucha en condiciones cada vez más desventajosas por las numerosas bajas sufridas y el incremento constante que el enemigo recibía, y herido el capitán, sigue alentando a su gente con notable ejemplo de espíritu y valor; y conteniendo al enemigo, pudo retirarse la compañía de ametralladoras y la segunda de la Bandera, recibiendo segunda herida que le ocasiona honrosa muerte en el campo de batalla.”

A título póstumo fue ascendido a Comandante por méritos de guerra por Real Orden Circular de 8 de Mayo. Además de una Medalla Militar Individual por los servicios prestados en Tetuán en 1914, otras condecoraciones que recibió a lo largo de su vida militar fueron la medalla de plata de los Sitios de Zaragoza, medalla de plaza de los sitios de Gerona, la medalla individual de Marruecos con pasador de «Tetuán» y distintivo de herido, y el distintivo de permanencia en Fuerzas Regulares e Indígenas de Infantería con cuatro barras rojas.

Otros homenajes que ha recibido es el de un monumento en Baeza, del cual se retiró su estatua por incomprensibles motivos políticos con el advenimiento de la república y que, por fin, en abril de 2015 fue repuesta siendo adquirida por suscripción popular. Además, en 1968 fue nombrado “Hijo Predilecto y Adoptivo” de Torreperogil, de donde era su padre y en donde pasó parte de su infancia. Por último, cabe destacar, que el comedor de gala de la Academia de Infantería lleva su nombre, con una placa en la que se destacan sus condecoraciones, sus sesenta acciones de guerra y sus diez heridas en las mismas.

Con este artículo rendimos un muy modesto homenaje que este héroe que merece libros enteros y mucho más. Como último documento copiamos su testamento apiadándonos de la pobre prometida que nunca pudo casarse con él.

... Declaro que soy soltero, pero que tengo empeñada mi palabra de casamiento con la señorita Luisa San Teodoro Linares que habita en Madrid.

Instituyo por herederos de todos mis bienes a mi madre, doña Rosario de Acuña y Martínez Pinillos, como usufructuaria de ellos mientras viva, pasando luego con igual carácter a mi hermano D. Juan Arredondo Acuña y a su fallecimiento, pase en propiedad a su hijo D. Pablo Arredondo Garrido, ahijado mío.

Todo esto con la precisa y única condición de pasar una renta vitalicia de 150 pesetas mensuales a la señorita Luisa San Teodoro Linares. De no ser aceptada esta condición y aceptada y empezada a cumplir desde el mes siguiente a mi fallecimiento, queda entendido que renuncian a esta herencia, haciéndose cargo de ella como única heredera la señorita Luisa San Teodoro Linares.

Es mi voluntad que si muero por mi Patria, pague mi madre mensualmente a la señorita Luisa San Teodoro Linares la diferencia entre la pensión que por mi muerte cobrara y la que como viuda de teniente coronel cobra actualmente, encomendándole, además, la misión cristiana de velar por ella y dirigirla, enseñándola a ser buena creyente, pues dada su situación desgraciada, viviendo como hasta hace poco en casa de una tía que como Cenicienta la trataba, vive en la ignorancia, teniendo un alma hermosa y angelical.

Mando que lo que a mi muerte pague la Sociedad de Socorros Mutuos, a la que estoy afecto, se le entregue, por mi madre, a la citada señorita para que lo pueda emplear en lutos y pago de atrasos, entre ellos una alcoba sacada a plazos, que quedará en su propiedad.

Lego a mi hermano Juan el tapiz con el escudo heráldico que tiene en depósito en su casa Luisa.

Lego a mi ahijado Pablo la Cruz de San Fernando que lleve en mi uniforme al morir y sepa cumplir con la Patria.

Lego a mi sobrino Pablo, hijo de mi hermano Luis, mi uniforme ensangrentado con el mismo fin.

Lego, por fin, a mi madre queridísima y santa, la Cruz que me regaló la primera Brigada de Cazadores, heredándola luego mi hermano Juan y después mi ahijado Pablo, cuya Cruz está en poder de Luisa.

Encargo a mis hermanos Juan y Luis hagan un ligero resumen de mi vida militar y se la lean con frecuencia a sus hijos, para que sirviéndoles de ejemplo, sigan éste y sean hijos amantísimos de España, como yo siempre lo fui.

Declaro que no sé si algunas de estas disposiciones serán o no legales, pero son de absoluta conciencia y justas, pues sobre no necesitar mi madre, ni mis hermanos, de la insignificancia de mi capital, Luisa, faltando yo, no tendrá otros medios honrados de vida que los que yo le deje aparte de la sagrada obligación que tengo de velar por su porvenir desde que la saqué de su casa, hasta que se celebre nuestro matrimonio.

Por todo ello suplico e imploro de mi madre y hermanos que en mi memoria y por humildad y por caridad, cumplan y celen por el exacto cumplimiento de esta mi última voluntad, aunque con ella tengan algún perjuicio.

... Tal es mi última voluntad, por mí escrita y rubricada en todos los folios de estos dos pliegos de papel barba común que firmo.

Pablo Arredondo Acuña

Bibliografía: - Atlas ilustrado de La Legión.

-Blog “El oráculo del trisquel” http://www.eloraculodeltrisquel.com/2010/11/el-capitan-arredondo-doble-laureado.html



domingo, 13 de marzo de 2011

Adolfo Esteban Ascensión. El último laureado.

Si hace poco escribíamos sobre los héroes de Edchera, los últimos en recibir la Laureada de San Fernando, hoy queremos dedicarle unas breves líneas al último laureado que hubo vivo, y que con 95 años falleció hace algo más de tres años. No es otro, que el Teniente General de Caballería Don Adolfo Esteban Ascensión.


Tras estallar la Guerra Civil, manda la 1ª Cía. del Tercio de Oriamendi. Recibió la más alta condecoración militar por una acción durante la Guerra Civil. Siendo Capitán, estaba encargado de la defensa de una posición avanzada en Las Minas, en la provincia de Vizcaya. Mandaba el Sexto Escuadrón del Regimiento “Cazadores de Numancia”, de 150 hombres, y se encontraban realizando tareas de Infantería, ajenas a su arma; cuando, de madrugada, se vio atacado por una fuerza muy superior de cuatro batallones y dos compañías de refuerzo, unos 1700 hombres. La superioridad de los republicanos se hace notar y consiguen acercarse tanto a la posición defensiva, como para cortar las alambradas que la protegían. Los nacionales están al borde de la derrota, se han quedado sin granadas y munición para sus fusiles, pero es aquí cuando el Capitán Esteban arenga a sus hombres a lanzarse contra el enemigo a la bayoneta. Viendo el ejemplo de su líder, no dudan en imitarle y atacar con furia, de tal manera, que contra todo pronóstico hacen huir al enemigo tan superior en número, tras dejar este 370 cadáveres en el terreno.

Cuando el 9 de noviembre de 2007 murió este héroe, apenas nadie hizo mención de que había muerto el último laureado (excepción un artículo de Alfonso Ussía en La Razón), así que valga este modesto homenaje para honrar su memoria.

Tte. Gnral. Esteban Ascensión. Fue el último Laureado vivo.
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