domingo, 24 de junio de 2012

García Fernández, Conde de Castilla, único freno de Almanzor.

Imagen de García Fernández en Salamanca
Conocidos son los estragos que Almanzor hizo en la España cristiana de fines del primer milenio. Indiscutible es la gran fuerza militar de este gran caudillo sarraceno, pero lo que también es cierto que pocos se atrevieron a hacerle frente. Muy al contrario, fueron muchos los reyes, condes y grandes señores que se le sometieron a cambio de prebendas. Valga como ejemplo, que en la famosa destrucción de Santiago de Compostela del 997, hubo señores leoneses entre las tropas del líder árabe.
Pero a lo largo de su victoriosa carrera, Almanzor tuvo en Castilla a un rival digno, el Conde García Fernández, que pese a sufrir varias derrotas, nunca se doblegó al poder de aquel diablo que asolaba las tierras reconquistadas.
Cuando en 970 heredó el condado de Castilla de su padre, Fernán González, se encontraba en una fase de paz con el califa de Córdoba, que por aquel entonces era Al-Hakam. En 974 decide romper la paz y ataca las tierras musulmanas de Soria y Guadalajara, tras formar una coalición con los reyes de León y Pamplona y otras poderosas familias. El general eslavo Galib, el mejor de la época en Córdoba les frena en el intento de tomar la importante plaza de Gormaz.
Pasan los años, Almanzor se ha hecho con el poder absoluto en Córdoba y empieza a golpear con dureza la frontera y las tierras cristianas. García Fernández cree con razón que hay que contrarrestar estas acciones y aliviar la frontera volviendo a intentar tomar Gormaz. Pide audiencia a su señor, el rey de León Ramiro III, pero este está escaldado de los enfrentamientos contra el poderoso Almanzor, y se la niega. No se rinde nuestro conde, y pese a no contar con ningún apoyo se lanza a tomar la plaza con un fuerte ejército castellano. El cómo había conseguido reunir estas huestes en su condado se debe principalmente a la promulgación de los Fueros de Castrojeriz. En base a estos fueros, se equiparaba legalmente a los campesinos que dispusieran de un caballo y armamento para hacer la guerra –los llamados infanzones-, con la baja nobleza. De esta manera, García Fernández atrajo a un gran número de estos infanzones a sus tierras, pudiendo formar así una fuerza militar considerable.
Estamos en 978 cuando el conde de Castilla inicia su ofensiva sobre Gormaz, la cual toma rápidamente, consiguiendo un éxito que nadie esperaba. Pero no se detiene aquí García Fernández, sino que continúa su campaña y saquea Almazán y Barahona, además de Atienza. La llegada del frío le hace retornar a sus tierras castellanas, cargado de un gran botín.
Mientras Almanzor  entraba en una especie de guerra civil con su suegro, el general Galib. García Fernández se alía con el general eslavo, pero la gran fuerza militar organizada por Almanzor les derrota en San Vicente. Era el año 981, el mismo en que una nueva coalición, de Castilla, León y Navarra se enfrente en Rueda a Almanzor, que una vez más sale vencedor, siendo a raíz de esta batalla cuando toma su sobrenombre de al-mansur, el victorioso. Esta derrota supuso la rebelión de los nobles gallegos del Reino de León, que deponen a Ramiro III y sitúan en el trono a Bermudo II. Tanto estos nobles, como el rey se convertirán de manera humillante en vasallos de Almanzor. Pronto le seguirán el resto de coronas y condados; García Fernández se quedará como el único opositor al poder avasallador de Almanzor. Este no deja de asolar las tierras cristianas, en especial de aquellos que osan no someterse. Pero García, pese a tener que ir retrocediendo terreno, no deja de causar dificultades a Almanzor y de intentar unir a los poderes cristianos contra el enemigo musulmán.
El invencible Almanzor no da crédito a que un simple conde, vasallo de León, sea tan terco y obstinado. A esto se suma la rebelión de uno de sus hijos, Abd Allah, que busca refugio en los dominios del conde de Castilla. Mientras, en 989, Almanzor vuelve a toparse con las defensas de Gormaz, pero asola el resto de la comarca. García Fernández llega a un acuerdo con él, le devolverá a su hijo a cambio de la paz y de que no le haga ningún daño. Almanzor acepta, pero no respeta el pacto y decapita a su propio hijo.
La paciencia de Almanzor se está agotando y se dispone a emplear una de sus tácticas preferidas, la compra de voluntades. Es aproximadamente lo que se narra en el Romance de los Siete Infantes de Lara, según el cual, la familia Lara, una de las más poderosas de Castilla, traiciona a su conde. En la trama está involucrada hasta la propia esposa de García. No sabemos la verdad que puede existir en este romance, pero sin duda, algo de cierto hay. Más aún, cuando lo que sí está probado es que será Sancho García, el hijo del conde, el que se alíe con Almanzor en contra de su padre. El motivo fue seguramente ver como todos los señores de la época lograban grandes prebendas al someterse al musulmán, mientras que, por el contrario, su testarudo padre no dejaba de sufrir las penalidades de la guerra y perder territorios y riquezas en sus luchas contra Almanzor. A esta triste traición, se une la de los infanzones de Espeja, una población de la frontera. Entre 993 y 994 caen Gormaz, Clunia y Osma. Es un golpe muy duro para García Fernández. Pero una vez más, cual ave fénix, el conde se rehace. Reorganiza sus fuerzas y contraataca para pedir cuentas a los de Espeja y atacar Medinaceli, haciendo retroceder a las fuerzas musulmanas. Será en el eje entre Langa y Peñaranda donde se dispute la batalla final. Volviendo a la leyenda del romance, doña Ava, la mujer de García Fernández, estaba compinchada con Almanzor. Esta alimenta al caballo de su marido de salvado en vez de cebado, para que se mantuviera robusto, pero sin fuerzas. De esta manera, al poco de ser montado por el conde, el caballo desfalleció y el castellano fue derribado y cayó malherido. Ciertamente, en una batalla cerca de Alcozar, el conde castellano cae gravemente herido, sus fuerzas se dispersan y es tomado prisionero. Almanzor por fin ha capturado a su eterno enemigo. Ordena que sea llevado a Córdoba donde será encarcelado y ajusticiado, pero las heridas son muy graves y García Fernández muere poco después, privando a Almanzor de su venganza. En un gesto nada habitual para este demonio, sabe reconocer al único rival digno que tuvo y entrega el cuerpo a los cristianos de Córdoba para que le den sepultura.
Muerte García Fernández ya nadie queda para hacer frente a Almanzor, pero su ejemplo de lucha calará en la generación posterior. Los hijos de los señores sometidos –incluso Sancho García, que cambiará su actitud con los años-, se hartan de vivir bajo la humillación del yugo del musulmán. Uno a uno, cuando vayan llegando al poder, se rebelaran contra Almanzor, hasta la muerte de este, que marcará el inicio de una gran crisis en el califato y de la recuperación de los reinos cristianos, en la cual tuvo bastante que ver el espíritu combativo y rebelde del conde García Fernández, “el de las manos blancas”.

lunes, 11 de junio de 2012

Los Tigres de Buharrat.

Legionarios de la III Bandera con el famoso estandarte del tigre
Ya hemos contado en otras ocasiones, que en sus inicios, el recién creado Tercio de Extranjeros carecía de la confianza del alto mando. Sus primeros servicios se daban lejos de la vanguardia y los primeros legionarios tuvieron que aguantar burlas de los soldados de otras unidades, sobre todo, por su característico gorrillo. Poco duro esta situación, el desastre de Annual catapultó a la Legión a la fama, pero unos días antes, esta legendaria unidad ya empezó a demostrar de lo que estaba hecha y supo acallar las críticas y los comentarios burlones. Una de esas primeras jornadas de gloria, fue la protagonizada por la III Bandera en Buharrat, siendo conocidos sus hombres a partir de entonces como los Tigres de Buharrat.
Bajo el mando del Comandante Candeira, en Febrero de 1921 la III Bandera había llegado a Tetuán, para como el resto, ser revistada por el Alto Comisario, causando una gran impresión entre el público asistente. De allí partió a realizar servicios de seguridad y protección de caminos, hasta que en Mayo llegó a Xauen, con la misión de proteger la ciudad. En estos días, las vanguardias de las columnas que protegen el lugar traban un breve combate con el enemigo, siendo  recibidos estos primeros disparo con gran júbilo por parte de los legionarios, que no ven la hora de entrar en combate. Pero los días pasan y no acaba de llegar el esperado día de bautizarse en un gran combate. Se construyen blocaos y se asegura la zona, más parecen peones e ingenieros, que soldados de infantería. El día 24 de junio, las tres banderas vuelven a unirse en el Zoco el Arbaa. Sus relaciones con los Regulares son cordiales, pero tendrán que llegar a las manos con otros soldados que les cantan aquello de “¿Quiénes son esos soldados, con tan bonitos sombreros? Son el Tercio de legionarios que llena sacos terreros”
Tiene la esperanza de encontrar la acción en las futuras operaciones que se presentan sobre Beni Lait, con el objetivo de acabar con el segundo del Raisuni, el temible guerrillero Hamido es Sucan. Pero al partir el día 27 se les vuelve a encuadrar en el grueso de las columnas, la ansiada vanguardia sigue quedando lejos.
En la operación sobre Salah, por fin el Comandante Franco consigue un puesto en vanguardia para su I Bandera, pero con la condición de que no tenga ni una baja, algo prácticamente imposible en un terreno infestado de enemigos. Alcanzamos así el día 29 de junio, un día que pasará a la historia de la Legión. El Sucan lanza un poderoso ataque sobre las fuerzas de Franco. Sus hombres reaccionan bien, pero pagan con su sangre el éxito. Uno de los heridos será el famoso Capitán Arredondo, jefe de la 1ª Cía., que quedará un año de baja por varios disparos en las piernas. Ese mismo día, al norte de Kudia Taimutz, la columna en la que está encuadrada la III Bandera, debe de entrar también en combate. Hay en la zona una larga loma, de vital importancia para dominar la situación, es Buharrat. A su toma se lanzan las dos compañías de fusiles de la Bandera, la 7ª y 8ª, apoyadas por el fuego de la de ametralladoras, la 9ª. Una vez tomada la posición, desde la cual se ve la propia casa del Sucan. Es cuando la 9ª se va a incorporar a las posiciones en Buharrat que se envuelta por un violento contraataque de los harqueños. Los legionarios están rodeados y tienen al enemigo tan cerca que no se puede emplear el fuego de ametralladora. Los servidores deben de defenderse a tiro de pistola antes de llegar al cuerpo a cuerpo. Mientras los conductores hacen lo propio con sus mosquetones, todos ellos acompañados por el vigor de su capitán, Camilo Alonso Vega. El enemigo intenta apoderarse de las máquinas y llega a cogerlas por el cañón, teniendo que soltarlas por su elevada temperatura y acabando por ser rechazado.
La acción de Buharrat le cuesta a la III Bandera la muerte del teniente Torres Menéndez y la de once legionarios. Han quedado heridos el capitán de la 8ª, Ortiz de Zárate y 19 legionarios. Se lamentan los caídos, pero por fin han disfrutado de su bautismo de fuego y han callado las bocas de esos que los calificaban como simples cargadores de sacos terreros.
El jefe de la Legión, el mítico Millán Astray, dará a esta Bandera su nombre de los Tigres de Buharrat, y a partir de ahora este será su estandarte, un tigre rampante que recordará por siempre el valor y ferocidad de aquellos legionarios que empezaron a escribir la historia gloriosa de la Legión.
Cuadro del excelente pintor Clauzel que muestra al portaestandarte de la III Bandera a caballo

lunes, 14 de mayo de 2012

La Dama de Arintero, la mujer caballero.

Imagen de la Dama de Arinteros que se encontraba en la
desaparecida sala de las mujeres militares del antiguo
Museo del Ejército en Madrid. Esa sala perdida en el
"progre" nuevo museo del Álcazar de Toledo.
Vivía España unos momentos de incertidumbre, provocados por una guerra civil en la que se disputaba el trono de Castilla. Por un lado tenemos a nuestra Isabel I de Castilla, la católica; por el otro, la hija bastarda del difunto rey Enrique IV, Juana la Beltraneja. Esta última recibió la adhesión de muchos nobles castellanos y contaba con el apoyo de las tropas portuguesas, ya que era esposa del rey de ese país, Alfonso V. Los Reyes Católicos han de hacer un llamamiento a todos sus fieles. Uno de ellos era el hidalgo Juan García, natural de Arintero y veterano de las guerras contra los moros, en 1474 era demasiado viejo para acudir de nuevo al combate. Para desgracia suya sus 7 descendientes eran mujeres, por lo que no iba a poder ayudar a sus reyes, viendo caer la deshonra sobre su familia. Tan apenado estaba el anciano, que una de sus hijas medianas, Juana, decidió tomar el papel que a un hijo le hubiera correspondido. Con una gran fuerza de voluntad recibió un duro entrenamiento de dos meses en los que curtió su cuerpo y aprendió el oficio de las armas. Una vez estuvo lista, se pertrecho como un guerrero y partió a unirse a las filas de sus reyes. Llegó al campamento de Benavente y triunfó en su engaño al ser alistado como el caballero Diego Oliveros. Tras meses de campaña, participó con valentía en la toma de la rebelde Zamora y se gano el respeto de sus compañeros. Tras esto, los fieles a la Beltraneja, con el ejército portugués al frente, se concentraron en Toro, en torno a la cual se iba a decidir el futuro de la contienda.  Era 1 de Marzo de 1475, cuando en Peleagonzalo, las tropas de caballería castellanas destrozan al enemigo. En la persecución el caballero Oliveros traba combate con un fiero enemigo. Pese a que lo desmonta del caballo, en el choque, Diego sufre la rotura de su jubón, quedándose libre un suave pecho blanco que hace descubrir a todos que en realidad están delante de una mujer. Salta pronto el escándalo y Juana es llevada ante la presencia del rey Fernando. Este queda muy sorprendido por como una mujer se ha desenvuelto todo ese tiempo con tanta valentía y destreza y le ofrece lo que ella quiera. Esta, humilde, le pide solo la libertad, a lo que el rey contesta que eso ya la tiene, que pida otra cosa. Es entonces cuando según los romances la Dama de Arintero le pide al rey:

“En ese caso, señor, hay algo que me gustaría pediros. Mi tierra os sirve tan generosamente que se está quedando sin varones y tiene que enviar a sus mujeres a la guerra, no consintáis que se despueble y libradla de los azotes de la guerra. No os pido que la libréis de los justos tributos de dinero; libradla de los tributos de sangre; haced que todos sus naturales sean hijosdalgo, y ello engrandecerá el reino”

El rey le expende un documento a Juana, en el que se recogen los siguientes privilegios para su villa:
- Arintero sería ahora solar conocido de hijosdalgos notorios.
- En las tierras de Arintero y en veinte leguas a la redonda no podría exigirse contribución de sangre o dinero; sus vecinos quedaban exentos del pago de tributos reales y del servicio militar.
- Los miembros del linaje y solar tendrían el privilegio de presenteros de beneficios.
- Que fueran Presenteros en la parroquia de Santiago Apóstol.
- Que los Presenteros tuvieran derecho a ser obsequiados con yantar por el rector de la parroquia.
- Que el Presentero más viejo llevase la ofrenda de la caridad todo el año.
- Que su categoría de Hijosdalgos la tuvieran aunque cambiaran de residencia, y referido a todos los vecinos de Arintero.
- Se concedía licencia real para celebrar todos los años fiesta y feria en el aniversario de la victoria ante las tropas portuguesas.

Parte Juana muy contenta hacia su pueblo, pero no acaba aquí su historia, pues el drama estaba por venir.
La reina Isabel hace ver a su marido que ha errado en su decisión, que tal como están las cosas, con tanto noble levantisco, no se pueden ir regalando privilegios de ese tipo así como así. Se envía por lo tanto una patrulla de seis hombres para que prendan a Juana y le arrebaten el legajo.
Nuestra heroína, que en nada podía sospechar este devenir de las cosas, se encontraba descansando en La Cándana, un pueblo a escasos 20 kilómetros del suyo, parece ser que jugando a los bolos con unos familiares. Pronto dan con ella los soldados y le piden los documentos. Esta se niega, y, previsora de lo que podía ocurrir, se los había dado a un primo suyo para que se los hiciese llegar a su padre.
Juana entabla un feroz combate contra los seis hombres. Unos dicen que murió valientemente en la refriega; otros que logro escapar y acabar sus días esposada con un noble asturiano. Quién sabe, para la leyenda ha quedado su nombre y el escudo de su pueblo la recuerda con este poema:

SI QUIERES SABER
QUIEN ES ESTE VALIENTE
GUERRERO QUITAD LAS
ARMAS VERÉIS SER
ES LA DAMA DE ARINTERO
CONOCED LOS DE
ARINTERO VUESTRA
DAMA TAN HERMOSA
PUES QUE COMO
CABALLERO CON SU REY
FUE VALEROSA.
Escudo de la Villa de Arintero


También quedaron unos versos en su recuerdo en el pueblo que presumiblemente la vio caer, en La Cándana aún se dice:

"La Cándana, pueblo triste
porque en tu recinto viste
morir la luz de Arintero.
Toda la montaña llora
la alegría de tus muros
y, en la Dama, a quien adora
mira sus timbres más puros".

Existe una novela histórica de Antonio Martínez Llamas con el título de “La Dama de Arintero” donde se narra la vida de esta gran mujer.

martes, 1 de mayo de 2012

Mörsel Karl, el supermortero alemán.

Un Mörsel Karl con la gran cantidad de hombres que se necesitaba para su uso
De entre los diferentes tipos de morteros que se emplearon en la II Guerra Mundial, el más espectacular, aunque no el más efectivo, fue el mortero Mörsel Karl, una auténtica bestia de 600 mm. de calibre. Debido a su gran tamaño y a la dificultad de su transporte apenas se le dio uso y su función más la del impacto psicológico sobre el enemigo. Pensando para la campaña de Francia, la rápida rendición de esta nación, hizo que su uso se retrasara hasta la campaña del Este, concretamente en el sitio de Sevastopol. Posteriormente fue utilizado en el Levantamiento de Varsovia y en Brest-Litovsk. Su radio de alcance superaba los 6800 metros, en el modelo Gerät 040. Posteriormente, se modificaron tres de los 6 Mörsel Karl existentes, creando el modelo Gerät 041, que alcanzó un radio de más de 10 kilómetros, al reducir el calibre a 54 cm y estableciendo la longitud del tubo en 7,1 metros.

Los Mörsel Karl se distribuyeron en tres batallones de la Wehrmacht. En el 1º estaban los Karl Adán y Eva, en el 2º Odín y Thor y en el 3º Loki y Ziu (nombre germano de Tyr, dios escandinavo de la guerra).
El Mörsel Karl ZIU en el Levantamiento de Varsovia

El peso de la munición, según el tipo, rondaba las dos toneladas por unidad. Los Mörsel Karl se situaban sobre una plataforma con ruedas de carga. La suspensión se consiguió mediante dos tipos de barras de torsión. El motor de la plataforma de transporte era un Daimler-Benz MB 507 Diesel de 12 cilindros, refrigerado por líquido, consiguiendo una velocidad máxima de 10 km/h. El transporte se hacía a través de ferrocarriles especiales, ya que para ser llevados por carretera tenían que ser desmontados.
Muestra de la violencia del impacto del ZIU contra un edificio

lunes, 9 de abril de 2012

Don Ángel Salamanca, Medalla Militar Individual.

En el artículo de la batalla de Krasny Bor, el testimonio del entonces sargento Salamanca, ya nos sirvió para dar vida a los hechos. Hoy, como se merece, nos toca homenajear a este hombre, que tras ser nombrado Medalla Militar Individual por su capitán en el propio campo de batalla en 1943, hubo de esperar hasta 1969 para que le fuera concedida de manera oficial y hasta 1998 para que le fuera impuesta en un acto en la Academia de Infantería.
Ángel Salamanca Salamanca nació en 1919 en el pueblo toledano de Escalonilla. Transcurría tranquila su vida, como la de cualquier aldeano, hasta la llega de la II República. Tras unos primeros años sin alborotos, la victoria del Frente Popular en las irregulares elecciones de 1936 acaba con la paz del poblado. La ley empieza a brillar por su ausencia y solo vale lo que salga de la Casa del Pueblo. A todo aquel que tiene unas míseras tierras se le considera rico, y como tal se le obliga a contratar parados, que al no tener donde trabajar, solo hacen que vaguear y vivir de una pobre clase media trabajadora. Uno de estos casos es el del padre de Ángel Salamanca. No acabaron aquí los desmanes, pues ya antes del inicio de la guerra, dos familiares son asesinados sin razón, arrojados a un pozo y enterrados bajo macetas.
Tras el estallido de la guerra, la familia Salamanca queda en la zona roja. Seguirán con especial atención el avance de las tropas nacionales hacia la liberación del Alcázar de Toledo. Era septiembre de 1936, cuando enterado de la presencia de los nacionales en Talavera de la Reina, Ángel Salamanca, con solo 17 años, decide pasarse a sus líneas, en soledad y sin decir nada a nadie. Durante 3 días ando siguiendo el curso del río Tajo. Alimentándose de lo que iba encontrando en los huertos que iba encontrándose en su camino y durmiendo al raso, fue sorprendido por unos disparos y unas voces. Se había topado con un tabor de Regulares. Tras decir que venía a unirse a sus fuerzas, fue llevado ante un oficial para ser interrogado sobre la situación tras las líneas. Estaba en la posición de la columna del comandante Castejón, formada por el II Tabor de Regulares y la V Bandera de la Legión. Tras pasar toda la información que pudo, quedaron sorprendidos de que no hubiera encontrado tropas enemigas en todo su camino, eso significaba que el avance estaba más libre de lo que creían. Queda encuadrado en la Plana Mayor y pocos días después participa en la liberación de su propio pueblo, donde se encuentra con su preocupada familia que nada sabía de él. Tras esto, siguió en el avance hasta Toledo. Una vez tomada la ciudad y liberado el Alcázar queda filiado en el Depósito de Milicias de FE de las JONS. Se le encuadra en la III Bandera de Castilla donde lucha en el frente de Toledo y Madrid, hasta que por ser menor de edad de le tramita la baja de la I Bandera de Toledo donde estaba en ese momento. Al poco tiempo, ya mayor de edad, pasa a formar parte de la IV Bandera de Castilla, en la tercera centuria, en la División nº 13 del Cuerpo de Ejército Marroquí. Como el mismo cuenta en sus memorias Esclavos de Stalin, estuvo en los frentes de Aragón: en el Vértice del Silencio; en Teruel, donde su bandera tomó varias cotas importantes hasta el río Alfambra; y en Belchite. Su Bandera recibió por estas acciones la Medalla Militar Colectiva. Cruzó el Ebro y el Cinca y llegó hasta las puertas de Lérida. En su expediente consta que “durante su permanencia observó buena conducta y alto espíritu militar y falangista”.
La curiosidad en este tiempo, es que durante la batalla de Teruel, sirviendo como enlace, se pierde durante varios días entre las líneas enemigas. Se le da por muerto y así se le comunica a su familia. Finalmente apareció y pidió permiso para ir a su pueblo a calmar a los suyos. No sería la última vez que Ángel Salamanca fue declarado muerto.
De abril a junio de 1938 realiza el curso de Sargento Provisional en Jerez de la Frontera. Tras obtener sus galones es destinado al 6º Batallón del Regimiento de Infantería Burgos nº 31, adscrito a la 81 División del Cuerpo de Ejército de Castilla bajo el mando del general Varela. Se movió por Castellón, Valencia, el Ebro, Extremadura y Guadalajara, donde le sorprende el final de la guerra. Además de la Colectiva, obtuvo de manera individual la Medalla de Campaña, dos Cruces Rojas del Mérito Militar y dos Cruces de Guerra. Tras la guerra es enviado con su batallón a los montes de Asturias y León para controlar los últimos focos de resistencia republicana, hasta que en junio de 1940 acaba su misión y es disuelto su batallón, quedando en situación de disponible.
Ese mismo año intentó alistarse como voluntario en el ejército alemán que entonces avanzaba imparable por Europa. Su petición, aunque agradecida, fue rechazada como todas las demás, pues Alemania no tenía entonces ninguna unidad donde enrolarlos. Así que cuando se formó la División Azul corrió a alistarse. En esos momentos estaba destinado en la 1ª División de Caballería. Su padre, harto de las ausencias de su hijo, que solo tenía 21 años, consiguió que no le cogieran. Triste vio partir en julio de 1941 a los primeros voluntarios. Así que cuando las cosas en Rusia se complicaron para los alemanes, sin decir nada en casa, fue de nuevo al banderín de enganche. Era mayo de 1942. Concentrado en Logroño, cruzo la frontera en el 14 Batallón de Marcha, quedando en Alemania hasta el 15 de setiembre. Una vez en Rusia queda encuadrado en la 5ª Cía. del II Batallón del famoso Regimiento 262, a las ordenes del eterno capitán Teodoro Palacios. Este le destinó a la segunda sección, bajo el mando del alférez Céspedes, que cayó en Krasny Bor. Tras la batalla, se iniciaban 11 años, 1 mes y 18 días de cautiverio.
El teniente Salamanca dando un discurso cuando recibió la Medalla Militar
Individual en la Academia de Infantería de Toledo en 1998
No vamos a narrar todo lo acontecido en los campos de trabajo y las cárceles rusas, para ello ya están los libros del capitán Palacios y el propio Salamanca. Lo que si debemos destacar es el papel tan importante que tuvieron tanto Salamanca como los otros suboficiales en el mantenimiento de la moral de los prisioneros españoles. Palacios y los otros oficiales pronto fueron separados del resto de los españoles, por lo que los más altos grados en la mayoría de campos, eran los sargentos.
Salamanca, herido en Krasny Bor, pasó los primeros días hacinado en uno de los hospitales rusos donde antes de sanar sus heridas, fue ya enviado a un campo. Durante todos esos años trabajó en diversas tareas y estuvo muchas veces al borde de la muerte por las enfermedades, la falta de alimentos y el maltrato de los carceleros bolcheviques. Siempre estuvo en el punto de mira de los traidores a España, los que formaban los llamados grupos antifascistas que trataban de convencer a los otros prisioneros de firmar declaraciones contra España, mintiendo sobre su situación o que incluso llegaran a renunciar a la nacionalidad española. A cambio se les ofrecía raciones extras de comida o pequeñas comodidades. En una situación extrema, Salamanca consiguió que pocos hombres acabaron cediendo a estas trampas, y recuperó a muchos de los que lo habían hecho. El momento de mayor tensión se vivió en Abril de 1951. Muchos prisioneros de otras nacionalidades ya habían sido liberados o vivían en mejores condiciones, incluso los alemanes. Pero los españoles, como causa del gobierno de Franco, eran los más odiados por los bolcheviques. En esta fecha, Salamanca y otros organizan una huelga de hambre porque eran los únicos que no tenían permitido mantener correspondencia con sus familiares. Tras muchas torturas y tratar de hacerles comer a la fuerza, el gran éxito de la huelga en el corazón del “paraíso de los trabajadores”, hace que al igual que Palacios y otros oficiales, Salamanca y sus colaboradores sean condenados a 25 años de trabajos forzados. Poco les importaba esto a unos hombres que habían perdido toda esperanza de salir de la URSS y que sobrevivían gracias al orgullo de ser españoles y de mantener firmes sus ideales. Al menos, gracias a los camaradas alemanes liberados, idearon un sistema de correspondencia a través de Alemania y diversos organismos, que les permitió dar noticias de su situación a sus familias. Era la segunda vez que la familia Salamanca se enteraba de la “resurrección” de su “difunto” hijo.
Cuando por fin, en Abril de 1954 se llega a un acuerdo para su liberación, muchos no podían creerlos hasta que embarcaron en el Semíramis en el puerto de Odessa. La llegada a Barcelona fue espectacular, todo el mundo se volcó con ellos. Cuenta Salamanca, que cenando en un restaurante se le acercó una prostituta y le dijo que no podía darle nada excepto su cuerpo, y que si quería podía tomarlo. Salamanca rechazó la invitación agradecido, pero sirva el ejemplo para dar cuenta de cómo toda la población adoraba a estos héroes. Tras el recibimiento en su pueblo y dar cuenta de su testimonio, Salamanca intentó volver a filas, pero no se le permitió. Se le contaron los años de servicio, pero no le sirvieron para ascender. Tuvo que conformarse con un trabajo civil y hacer el curso para brigada. Hasta 1969 duraron los trámites para concederle su Medalla Militar. Fue ya como teniente en la reserva que se hizo justicia y hace unos pocos años, en la cuna de la Infantería, se homenajeo a este ESPAÑOL como se merece.
En mayo de 2005, a la tercera fue la vencida, Don Ángel Salamanca Salamanca, dejó, esta vez sí, este mundo.

Bibliografía: Esclavos de Stalin, Ángel Salamanca Salamanca y Francisco Torres García. Colección Denuncia.

Don Ángel Salamanca narrando la batalla de Krasny Bor

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