martes, 24 de enero de 2012

Otto Skorzeny, el hombre más peligroso de Europa.

Otto Skorzeny, con su famosa cicatriz.
Por encima de bandos e ideologías, la II Guerra Mundial dio grandes líderes militares, reconocidos y admirados por propios y enemigos. Uno de estos hombres fue el declarado por los aliados, como el hombre más peligroso de Europa, el coronel de las Waffen SS, Otto Skorzeny. Para hacerse idea de la valía militar de este hombre, solo hace falta señalar que sus memorias han sido traducidas al hebreo y son de obligada lectura en la academia militar israelí.
Natural de Viena, desde joven llevó una vida de culto al honor. Fruto de esto es su famosa cicatriz en la mejilla, que mostraba con orgullo tras haberla recibido en un duelo de Mensur. El Mensur –que existe aún hoy día, más suavizado-, son duelos de esgrima, que gozaban de gran popularidad entre los jóvenes estudiantes germánicos. No se buscaba la victoria, sino combatir con gallardía ante un oponente respetado. El premio no era vencer, sino obtener cicatrices, las schmiss, que daban muestras de la valentía de su portador. Skorzeny la lucía como su más valiosa condecoración y le aportó el apodo de Scarface o Cara cortada, como era conocido por sus enemigos.
Ya en su juventud se afilió al NSDAP y no dudó en alistarse en las Waffen SS en cuanto estalló la guerra, aunque en principio quiso servir como piloto en la Luftwaffe debido a su experiencia en avionetas. Luchó encuadrado en la SS Leibstandarte y en la Das Reich en las campañas de Francia, Holanda y los Balcanes. En Rusia obtuvo la preciada Cruz de Hierro, antes de volver, ya como capitán, a Berlín. Allí se le hace jefe de comandos y crea la unidad de operaciones especiales con la que pasará a la historia, los Friedenthaler.
La misión con la que se él y sus hombres consolidan el prestigio de la unidad será la Operación Eiche (roble), cuya finalidad era rescatar al líder fascista, el Duce Benito Mussolini, que había sido apresado por el gobierno pro aliado de Badoglio. El éxito era complicado, ya que el Duce estaba bajo custodia de los carabinieri en la fortaleza natural apenina del Gran Sasso. Entrar allí solo era posible por el aire y así fue como con nueve avionetas, el 13 de Septiembre de 1943, se infiltran en la zona sin ser detectados. Entran en el Hotel Imperatore, donde estaba el Duce y lo sacan de allí sin pegar un solo tiro, pues la guarnición de carabinieri se rindió al verse sorprendida. Trasladado Mussolini sano y salvo a Viena; Skorzeny es recompensado con el ascenso a comandante, Sturmbannführer, jefe de unidad asalto y con la Cruz de Caballero.
La siguiente misión, Mayo de 1944, fue el intento de prender o acabar con la vida del líder comunista yugoslavo, Tito, era la Operación Rösselsprung. A pesar de con unos pocos paracaidistas consiguió acabar con un grupo de combatientes mucho más numeroso, en medio de la refriega, el líder partisano logró escapar. 
La liberación del Duce en el Gran Sasso.
Aunque no puede ser considerada un fracaso, el grupo de Skorzeny se resarció de no haber capturado a Tito, en la siguiente operación, la Panzerfaust, en Octubre. Como el regente húngaro, almirante Miklós Horty, iba a rendir el país a los soviéticos; Skorzeny capturó a su hijo en un hotel donde estaba negociando la rendición. Con este ilustre rehén, el húngaro desistió en su intención, tras no pocos esfuerzos e intervención armada en Budapest. Fue llevado a Alemania y allí abdicó en un gobernante pro-alemán. Cara cortada fue recompensado con un nuevo ascenso a Teniente Coronel u Obersturmführer.
A los poco días se le asignó una nueva misión, quizás la más famosa de todas la que realizó, la Operación Greif. Skorzeny reclutó a varios hombres que hablaban el inglés a la perfección y se hizo con 14 jeeps americanos, además de camuflar unos carros de combate para que se asemejaran a los Sherman de USA. Así disfrazados se infiltraron en las líneas aliadas en las Ardenas para tratar de boicotear su imparable avance en el frente occidental. Bien adiestrados en las costumbres norteamericanas, la acción de sus hombre se debía combinar con una contraofensiva donde los alemanes iban a echar el resto para tratar de romper las líneas enemigas. El 16 de diciembre, mientras se inicia un violento cañoneo alemán, los hombres de Scarface entran en territorio americano y gracias a sus disfraces y actuación consiguen desviar con engaños a muchos contingentes americanos de sus verdaderas líneas de avances. Pese al éxito de su misión, la ofensiva alemana es detenida. Los hombres que fueron descubiertos fueron fusilados, acusados de espionaje. Además, Skorzeny fue herido en la cabeza por metralla y enviado e Berlín. La gran confusión que consiguió crear Skorzeny entre los americanos, fue la que les llevó a considerarle como el hombre más peligroso de Europa.
En los inicios de 1945 la guerra estaba vista para sentencia y solo quedaba defender Berlín a vida y muerte, como hizo nuestro compatriota Ezquerra. A Skorzeny, se le encargan misiones suicidas, con pocos hombres y mal entrenados. Se le encarga detener a los rusos en el río Oder y para ello debe volar el puente de Ludendorff, cosa que no consigue tras sufrir muchas bajas. Tras la caída de Berlín se dirigió a la búsqueda del reducto alpino, donde tras no encontrar fuerzas propias, el 8 de Mayo se entrega a las fuerzas aliadas.
Skorzeny fue absuelto en los juicios de Núremberg, pero ingresado en un campo de desnazificación, de donde consiguió huir hacia España. El resto de su vida lo pasó casi siempre en nuestro país, aunque también paso algunas épocas en Sudamérica, siendo consejero de Perón. Mientras vivía en España, se le acuso de ser el líder de la organización ODESSA, que se encargaba de reagrupar a viejos nazis. Fijo su residencia en la población mallorquina de Alcudia, donde le gustaba disfrutar del mar, que se convirtió en su pasión. En estos años de paz publicó sus memorias en dos volúmenes, Vive peligrosamente y Luchamos y perdimos. En Argentina se publicaron juntas con el título de Misiones Secretas. Las memorias de Skorzeny son un valioso manual de operaciones especiales que no tiene desperdicio.
En 1975, muere de cáncer en Madrid, siendo sus restos inhumados en su tierra natal.
En youtube se pueden encontrar numerosos videos, como este, sobre esta interesante figura.



lunes, 16 de enero de 2012

La Batalla del Salado. Golpe mortal al islam.

La gran victoria de los cristianos españoles sobre los moros en las Navas de Tolosa, en 1212, parecía haber acabado para siempre con la amenaza musulmana sobre los reinos de la vieja Hispania. Tras la caída del poder almohade, los débiles reinos de taifas fueron cayendo uno tras otro en poder de portugueses, castellanos y aragoneses. En pocos años se podría haber dado fin a la Reconquista, pero el rico reino nazarí de Granada mantuvo su independencia a base de grandes tributos, los cuales, servían para aliviar la delicada hacienda castellana. Pese a todo, los nazarís nunca dejaron de anhelar sacudirse el yugo cristiano. 
Alfonso XI en el momento culmen de la batalla.
Mientras tanto, en el norte de África, un nuevo poder desplazaba a los decadentes almohades. Eran los Banu Marin, más conocidos como benimerines. Con un poder central ubicado en Fez, pronto se extendieron por todo el Magreb y pusieron sus ojos en la ansiada península. Allí empezaron a mantener relaciones con los nazarís para ver de qué forma podían vencer a los cristianos. Se alían para proclamar la guerra santa e inician las incursiones en territorio enemigo. Famoso es el sitio que pusieron a Tarifa en 1294, apoyados por el infante castellano don Juan, que pretendía usurpar el trono de su hermano, el rey Sancho IV. Allí la defensa organizada por Guzmán el bueno evita la caída de la ciudad, aún a costa de perder a su propio hijo, para lo cual cedió a los moros su cuchillo para que acabaran con él, tras haber sido chantajeado con su vida para que abriera las puertas de la ciudad.
Pasan los años y el primer éxito benimerín llega en 1329, cuando toman Algeciras. La contra castellana llegó al año siguiente, cuando se apoderaron del estratégico castillo de la Estrella en Teba. Tras la batalla en esta localidad, donde murió el cruzado escocés Sir James Douglas, se firma una tregua de cuatro años y unos pagos de los nazaríes hacia Castilla. No detuvo esto el afán de los musulmanes, que enseguida se apoderan con su flota del estrecho de Gibraltar y toman esta ciudad en 1333. Nadie en Castilla parece percatarse de la verdadera amenaza que se cierne sobre ellos. Nadie excepto el viejo almirante Jofre Tenorio, que a través de una red de espías consigue la información de la acumulación de naves musulmanas en el estrecho para transportar un ejército de 300.000 hombres a la península. El entonces rey de Castilla, Alfonso XI, manda a su almirante a que ataque a la flota mora, pero este en un primer momento prefiere evitar el desigual enfrentamiento directo, para atacar a naves aisladas. Tras ser tratado en la corte como un cobarde, el orgulloso marino se lanza a un suicidio seguro, pues apenas contaba con 17 naves contra las 193 de los benimerines, que además habían recibido otras más de apoyo de Túnez. Pese al valor de los castellanos, solo se salvan cinco naves, siendo el resto hundidas y los hombres capturados y decapitados.
Alfonso IV
Tras este descalabro, Alfonso XI -que consigue apoyo del papa y que declare como cruzada su guerra, dando absolución absoluta a los que luchen durante tres meses -, pide ayuda a la flota aragonesa y genovesa, que ante lo delicado del panorama, se la prestan sin dudar. Siguen la táctica, antes criticada, del almirante Tenorio, y con ataques aislados se hacen con el control del estrecho en unos meses. Además de estos apoyos, Alfonso XI debe tragarse el orgullo y suplicar la ayuda de su suegro, Alfonso IV de Portugal, que tras hacerse de rogar, se la concede. Ambos monarcas se reúnen con sus fuerzas en Sevilla y desde allí se dirigen a Tarifa. Las cifras varían según los autores, pero entre ambos sumarían unos 60.000 infantes y 18.000 jinetes. Por el contrario, las fuerzas de benimerines y nazarís se estiman en más de 160.000 infantes y 40.000 jinetes. Ambos bandos se encontraran en los márgenes del río Salado, con la flota aragonesa cerrando el estrecho para impedir la llegada de más tropas que reforzaran a los musulmanes. Es el 30 de octubre de 1340.
Tras unas primeras escaramuzas, la superioridad numérica musulmana parece imponerse. Los cristianos luchan con valor, pero el pánico se empieza a apoderarse de algunos núcleos que amagan con la huída. El propio rey castellano recibe un flechazo en la silla y hasta a punto de lanzarse en una carga solitaria y suicida contra los moros. Un consejero religioso le frena y le aconseja calmarse. Si el rey muere, la batalla estará perdida, el ejército cristiano perecerá y los moros tendrán campo libre para hacerse de nuevo con toda la península. El momento es muy crítico, pero Alfonso XI se rehace y mantiene la disciplina de sus hombres presentándose en los puntos más calientes. Hay que apuntar que mientras las tropas castellanas se enfrentaban a los benimerines; los portugueses se opusieron a los nazaríes de Granada, por lo que se puede decir, que existían dos batallas en una. Es en el peor momento, cuando la guarnición cristiana de Tarifa sale de la plaza y pilla por la espalda a los benimerines. Mientras los infantes nazaríes, mucho mejor entrenados que los benimerines, viendo cerca la victoria sobre los lusos, pierden la formación. Es entonces cuando Alfonso IV lanza a su caballería pesada y los destroza, emprendiendo la fuga los pocos que se salvan.
Volviendo al lado castellano, el líder benimerín, Abdul Hassan, viendo a sus hombres rodeados, envía a la flor y nata de su ejército, la caballería de elite, los merinid. Pero nada podrán hacer ante los infantes castellanos que los ensartan en sus lanzas. Hassan ya no sabe qué hacer y lanza su reserva de 90.000 infantes a darlo todo por el todo. Es un error fatal. Alfonso XI también tenía una reserva, la de 5000 caballeros, armados y protegidos hasta la médula. Será esta inmensa masa de hierro la que aplaste a los soldados benimerines sin compasión, llegando incluso hasta el campamento base de de Abdul Hassan, el cual saquean, tras acabar con la vida de todas las mujeres y niños.
Los cristianos habían perdido 8.000 hombres, los  musulmanes más de 105.000. No correrán la misma suerte que sus hombres los líderes moros. Hassan consigue huir al norte de África, mientras que el rey nazarí, Yusuf I, se refugia en su Granada.
La victoria cristiana corre como la pólvora por toda Europa. Se le envían al papa numerosas riquezas tomadas a los moros y todos los pendones que se les capturan, de los que hoy en día se pueden ver tres en la catedral de Toledo.
La invasión benimerín fue la última musulmana sobre la península. El poder musulmán no volvió a levantar cabeza. Como sucedió después de las Navas, el reino de Granada se salvo, y perduró más de un siglo más, por el simple hecho de que era una fuente de ingresos segura para la corona castellana, que aún dependía en exceso de sus nobles, egoístas y ansiosos de poder personal, por encima del interés de su reino.

sábado, 31 de diciembre de 2011

La Era Hispánica. ¡Feliz año 2050!

Hubo una época, que durante muchos años se uso en España y en otras zonas del antiguo Imperio Romano, la llamada Era Hispánica. Esta era se inicia en el 38 a.C., por lo que tras las doce de la noche de hoy entraríamos en el año 2050. Durante mucho tiempo se afirmó que el emperador Augusto inició este computo por haber conseguido la pacificación de Hispania, pero lo cierto es que ese año no coincide en nada con las Guerras Cántabras que marcan la última resistencia hispana a Roma, así que no se sabe que motivo el inicio de esta era, que se había relacionado con la belicosidad de España.
De la importancia de esta era para los documentos medievales, da muestra que su uso se prolongó durante más de mil años. Los primeros en aceptar la nueva era cristiana para datar los documentos, fueron los condados catalanes en 1180. En Castilla se extendió hasta 1383, en Portugal hasta 1422 y en Navarra aún permaneció hasta mediados del siglo XV. La mismísima Tizona tiene una inscripción con esta era, pues dice estar hecha en 1040, que es el 1002 de la era actual.
Una pena no saber que fue lo que marcó el inicio de esta fecha, pero esta clara su importancia para nuestra historia y por ello no debemos olvidarla. ¡FELIZ AÑO 2050 DE LA ERA HISPÁNICA!
Alegoría de la Diosa HISPANIA

martes, 13 de diciembre de 2011

Kudia Tahar, el Combate de las Laureadas.

Una de las acciones bélicas más famosas de la historia militar española en África, es sin duda el desembarco en Alhucemas y las posteriores operaciones para recuperar el terreno perdido tras el desastre de Annual y el retroceso a la “Línea Estella” ordenado por Primo de Rivera. Aunque el lugar de desembarco no estaba claro, era un secreto a voces que los españoles iban a realizar una gran invasión al Rif entrando por la Bahía de Alhucemas, y eso Abd el Krim lo sabía bien y movió sus cartas. Su apuesta fue intentar la toma de Tetuán, que en la época era un importante centro neurálgico de los intereses españoles. Sabía el líder de los rifeños que si esta ciudad caía, los españoles tendrían que frenar sus intenciones en Alhucemas y centrarse en recuperar la ciudad. Tetuán, como las otras ciudades españolas del norte de África, se encontraba protegida por un cinturón de posiciones, más o menos lejanas, que servían de escudo a la urbe. De todas ellas, la más importante por su situación estratégica, era Kudia Tahar. Esta era el enlace clave con otras posiciones del macizo de Gorgues y Ben Karrich a través de fortificaciones, más pequeñas y débiles, las cuales se extendían por los Tazarines y Nator. Abd el Krim estaba convencido con razón, de que si tomaba Kudia Tahar, el resto de posiciones caerían como fichas de dómino, igual que ya paso en Annual. De esta manera, el paso hacia Tetuán estaría franco para sus fuerzas. Además, Abd el Krim sabía que las mejores unidades españolas se encontraban concentradas para desembarcar en Alhucemas.
Es así como, el día 3 de septiembre, cinco días antes del desembarco español, los rifeños de la kábila de Beni Hosmar, desde el collado de Dar Raid, ponen sitio a Kudia Tahar. En aquellos momentos la posición estaba protegida por una escasa guarnición de 130 hombres del Regimiento Infante nº 5, una batería de 70/16 y un destacamento de telegrafistas. El jefe de la posición era el Capitán Gómez Zaracíbar. Desde primera hora del día, los españoles sufren fuego de fusilería, de cañón y de mortero. Las tiendas se incendiaron y se hundió el parapeto de la posición tras este primer ataque, después del cual los rifeños llegaron hasta las alambradas, donde fueron rechazados por los españoles. A la jornada siguiente empeoró la situación, pues el agua y los víveres se agotaron enseguida. No cesaron los ataques de un enemigo mucho más numeroso, que además impedía la llegada de ayuda desde el exterior. Lo trágico de lo que estaba ocurriendo queda de manifiesto en el hecho de que los españoles, por no poder enterrar a sus muertos, tenían que dejarlos entre el parapeto y la alambrada. El propio Capitán Zaracíbar, que había demostrado un gran liderazgo y valentía a la hora de organizar la defensa de Kudia Tahar, fue herido de muerte el día 5 por un disparo.
Será en la madrugada del día 8 cuando llegue algo de esperanza, ya que ese día por fin se consigue llevar suministros a la posición. Los protagonistas de la hazaña serán 50 hombres de Regulares de Ceuta al mando del Teniente Muntané, que además no sufren ninguna baja. Muy distinta será la salida de la posición, pues esta vez son descubiertos y han de refugiarse en una pequeña posición adyacente llamada Tienda Fortificada.
Enterado Primo de Rivera de lo que sucedía tan cerca de Tetuán, decidió enviar el día 8 a Ceuta la II y la III Bandera del Tercio, comandadas por el Teniente Coronel Balmes. Estas habían embarcado el día 5 en Melilla y habían llegado al frente de la Bahía de Alhucemas tras realizar unas acciones ofensivas de distracción en Sidi Dris y el Cabo Quilates. A ellas se sumó un tabor de Regulares de Melilla al mando del Comandante Romagosa. Estas fuerzas llegaron el día 10 a Ceuta y desde allí se dirigieron en tren hacia Tetuán. Las instrucciones que llevaban del propio General Primo de Rivera, merece la pena transcribirlas:

Situación del enemigo.-Frente a Kudia-Tahar, como a 1500 metros, dos piezas y algunos tiradores. En el origen del barrando de Asaadel un núcleo enemigo; otros tres en los poblados de este nombre, en los de Dar-Gazi y Dar-Halkay en dos bosques cercanos a ellos, todos en la barrancada formada por los Tuabs, los Artitis y Hafa-el-Ma. Además, núcleos pequeños en cuevas, barrancadas transversales y castilletes rocosos. Es decir, un barranco grande ocupado en todos sus accidentes por grupos enemigos y principalmente los pueblos de Dar-Gazi y Asaadel.


Plan de la operación.-Ocupadas por nosotros las dos cresterías de Hafa-el-Ma y los Tuabs. Imposible enlazar el frente por las trincheras del enemigo, procede ir barriendo éste de abajo arriba, muy lentamente, con mucha sagacidad, empleando las bombas de mano y los morteros. Antes se hará una acción artillera intensa y breve.

Es esencial no dejarse atrás sin reconocer ni ocupar nada, o por lo menos sujetar por pequeños grupos propios.

Aviación tiene limitada su acción dentro del barranco. La artillería de Hafa-el-Ma y los obuses de Gorgues auxiliarán el avance.

Las fuerzas de los Tuabs y de Hafa-el-Ma han de guardar los flancos de la línea que avance por el fondo y las laderas del barranco.

En resumen, se trata de un combate casi individual, accidente por accidente y grupo por grupo, en que no se debe dejar enemigo atrás ni a los costados, aunque se avance menos, y reconocerlo todo muy bien, bomba en mano: aduares, bosques, cuevas, grupos de rocas y permanecer en todo lo que se ocupe.

Antes de la una debe estar consolidado lo conquistado para prevenir una reacción, preparando cada grupo el accidente en que se haya hecho fuerte y en el cual debe defenderse.

La aviación mientras tanto batirá el frente de Kudia-Tahar para evitar ser atacada.

Ben Karrich cuidará del frente de Zinat y de Menkal.

Espero que soldados tan bravos como los del Tercio resolverán esta situación y liberarán Kudia-Tahar, que lleva siete días de heroica e insuperable defensa”.

Foto aérea de la posición de Kudia Tahar

Junto a la citada columna manda por el Teniente Coronel Balmes, habría otras dos, dirigidas por el Coronel Fanjul y el Coronel Preteger. Las tres quedarían a las órdenes del General Federico Sousa. Balmes, con sus dos Banderas, reforzadas con el tabor, tendría la misión de limpiar de enemigos el barranco de Sekin por Dar-Halka y Dar-Gazi y batirse en las inmediaciones de Kudia Tahar, cuyos accesos dominaba dicho barranco.
El día 11, a las 8:30 de la mañana se iniciaba la acción española desde los Artitis. La II Bandera avanzó por el flanco derecho y por la ladera de Hafa-el-Ma. La III Bandera por el centro y más retrasada, constituyendo la reserva por el fondo del barranco de Sekin. No se encontró resistencia hasta la llegada a la entrada del barranco de Sekin, clave en la operación como se ha visto. Lo complicado del terreno y el nutrido fuego enemigo dificultaba en demasía el avance español, que aún veía lejos la población de Dar-Halka. Se vivaqueo y se fortificó la zona tras decidirse parar sobre el terreno para continuar nada más amanecer el día 12. Pronto se toma el poblado sin resistencia y las kudias que dominaban Dar-Gazi, donde si había presencia enemiga. Una vez fijada, la 5ª Compañía de la II Bandera queda en una altura dando frente al dispositivo español, mientras que la 14ª Cía. Enlaza por la izquierda con el Tabor. Por su parte la III Bandera avanzó por la derecha para ocupar un monte que dominaba Dar-Gazí, con el refuerzo de la 4ª Cía. de la II Bandera. A las 16:00 se inicia el asalto del Tabor sobre un bosque y unas casas próximas al poblado; y toda la III Bandera más la 4ª y 15ª Cía. de la II Bandera sobre las casa más próximas. En este movimiento destacó el Teniente José Martínez Anglada, que con 20 hombres de estas dos compañías, fue el primero en entrar al asalto en las casa enemigas y entablando una violenta lucha. El Comandante Francisco García Escamez y el Teniente Arturo López Maraver no se quedarían detrás en valor y acometividad. La lucha en Dar-Gazi fue brutal, se hubo de ganar casa a casa y se hizo con muy pocos tiros de fusil, casi exclusivamente a la bayoneta y con granadas de mano. Fue una dura jornada, tras la cual se fortificaron en el pueblo. El Tercio había perdido al Teniente Inocencio del Real y a 28 legionarios, además de 4 oficiales heridos y 78 legionarios. El mismo Teniente Coronel Balmes sufrió una herida leve.
El día 13, tras diez duros días de asedio, se consiguió liberar Kudia Tahar. Se liberaron también las posiciones vecinas, como la de Tienda Fortificada, donde resistían aquellos regulares mandados por Muntané. En las más cercanas a Kudia Tahar quedó la II Bandera y el Tabor de guarnición; mientras que la III Bandera tras preparar el asalto con ametralladoras y morteros, recuperó las restantes en las que quedaba presencia enemiga.
Una vez más, el novel Tercio, la Legión, se cubría de gloria, dejando sobre aquellas tierras que rodeaban Kudia Tahar la sangre de 8 oficiales y 136 legionarios entre muertos y heridos.
El día 14 las fuerzas libertadoras desfilan por Tetuán, para seguidamente embarcar las dos Banderas del Tercio rumbo a Alhucemas, donde más gloria y nuevos combates las aguardaban.
La prensa española se hizo eco de esta hazaña, en especial el diario ABC, que como recoge el libro de historia “LA LEGIÓN, 50 AÑOS DE HISTORIA”, en su edición del 26 de diciembre describía así los hechos:

“Uno de los episodios más interesantes en la operación de Kudia Tahar fue el asalto a Dar Gazi, base decisiva del combate”.
“Se llevaba luchando todo el día, separando a los combatientes una distancia de 50 metros que no se podía salvar por el fuego eficaz y persistente del enemigo. Era necesario resolver la situación antes de que oscureciera, pues en este caso quedaría dificílisima en lo más abrupto del terreno y en las inmediaciones de Dar Gazi, convertido en un fuerte con una guarnición”.
"El Teniente Coronel Balmes ordenó que cesara el ataque. García Escámez, Comandante de la Tercera Bandera, pidió voluntarios para asaltar el caserío, presentándose veinticuatro legionarios con los Tenientes Maraver, Anglada y Ceballos, estos dos de la Segunda Bandera. Avanzó esta pequeña tropilla muy decidida y pegada al terreno hasta situarse bajo las tapias de Dar Gazi, en cuyo interior hervían los rebeldes.
Las primeras bombas de mano, arrojadas por encima de los tapiales inesperadamente, produjeron efecto indescriptible. Los moros saltaron al borde de la tapia, pero los legionarios, con fuego de fusil, los iban derribando. Así transcurrieron varias horas. Nuestros legionarios metiéndoles sus granadas, pegados a las tapias, cercándoles, y los rebeldes, sin poder salir, sirviéndoles el caserío, que tan cuidadosamente habían fortificado, de cárcel y sepulcro.El guión de la Tercera Bandera, que representa un tigre, está todo manchado de sangre de los que lo llevaron. Era portador de él el Sargento Riego, gallego, tipo del verdadero militar, sereno y valiente, y del que Balmes, los Jefes, Oficiales y legionarios hacen grandes elogios. Murió cuando cargaba impetuosamente. Recibió un balazo en la cabeza y cayó fuertemente abrazado a su Guión, que le arrancó inmediatamente, alzándolo en alto, otro Sargento, Beistegui, que, con él, avanzó llegando hasta la casa donde también fue muerto. Lo recogió entonces el Sargento Ramos, quien sostuvo violenta lucha cuerpo a cuerpo con un rebelde. Abrazados los dos y con el guión en medio, cayeron rodando por una chumbera. Por fin, Ramos arrancó la gumía al moro, matándolo.

Al entrar el Comandante García Escámez en la casa, un enemigo lo encañonó, mientras aquél recogía su fusil; pero un gastador mató al moro muriendo también él a los pocos momentos. Cuantos quedaron ilesos en este asalto han sido ascendidos.

Una prueba del elevadísimo espíritu que les anima es que, al desfilar las Banderas por el Hospital O'Donnell, se escaparon los legionarios Tejero, Sagredo y Nicasio González, heridos todos en Kudia Tahar, el último tres veces, incorporándose a su Bandera”.

Pero, lo que de verdad muestra lo encarnizado de los combates para liberar Kudia Tahar, es que a esta operación se la llamó “El Combate de las Laureadas”. Este nombre se le da sobre todo por la lucha del día 12 en Dar-Gazi, donde tres valientes consiguieron la preciada condecoración.
El Comandante Escamez ya como General.
El de mayor graduación fue el jefe de la II Bandera, el ya citado Comandante Francisco García Escamez e Iniesta. Este encabezó un asalto a la bayoneta con 25 legionarios voluntarios. Tuvo 12 bajas, pero le hizo 100 muertos al enemigo.
Otro laureado fue el jefe de la unidad de Regulares que participó, concretamente el jefe de la 3ª Cía. de Regulares de Melilla, el Capitán Miguel Rodrigo Martínez, que a la cabeza de sus tropas limpio el bosque y los montes cercanos a la población de un numeroso enemigo.
El último laureado de la gloriosa jornada fue el Teniente jefe de la 4ª Cía. de la II Bandera, José Martínez Anglada, del que también ya hemos escrito y descrito su acción. Pero, concretamente, lo que le valió la recompensa fue, cuando, armado tan solo de su pistola, se enfrento en desigual combate cuerpo a cuerpo con cuatro rifeños, de los que consiguió matar a tres y hacer huir al cuarto.
Al margen de las laureadas de este combate, por acciones en el resto de jornadas hubo otras seis Laureadas y doce Medallas Militares Individuales, lo que da idea de lo fue el auxilio a Kudia Tahar. Todas estas están recogidas y descritas en un magnífico libro de reciente edición, que además nos ha servido mucho para la redacción de este artículo, y que no es otro que el de Antonio García Moya, “Antonio Navarro Miegimolle, Héroe de la Legión”, de la editorial Almena.
Los otros laureados fueron: Teniente de Artillería Joaquín Fuentes Pila, condecorado también con la Medalla Militar Individual. Teniente de Infantería Antonio Nombela Tomasich. El ya nombrado Teniente de Infantería de Regulares Bartolomé Muntané Civici. El también referenciando Capitán del Regimiento Infante nº 5, José Gómez Zaracíbar, que además recibió también con la Medalla Militar Individual. Teniente de Ingenieros Ángel Sevillano Cousillas, condecorado también con la Medalla Militar Individual. Y por último, el Sargento del Regimiento Infante nº 5 Mariano Azcoz Cabañero.
Los recompensados con la Medalla Militar Individual fueron: Teniente Coronel de Infantería Buenaventura Hernández Francés. Teniente de Infantería Rafael Arjona Alonso. Teniente de Infantería Carlos Ocasar Blanco. Teniente de Infantería Pedro Manjón Palacios. Teniente de Infantería Fernando Sanz Arana. Teniente de Intendencia Miguel García-Almenta y Gutiérrez. Alférez de Infantería Florencio Yagüe Romero. Alférez de Infantería José Soler Lacambra. Y Alférez de Infantería Ramón Tejel Bes.

-Bibliografía:
-“Antonio Navarro Miegimolle, Héroe de la Legión” de Antonio García Moya.
-“LA LEGIÓN ESPAÑOLA, 50 AÑOS DE HISTORIA” de VV.AA.
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