jueves, 1 de septiembre de 2011

La Batalla de Alfambra. La última carga de la Caballería Española.

El General Monasterio con su montura y boina carlista.
Dentro del marco de la gran Batalla de Teruel, entre los días 5 y 8 de Febrero de 1938 se desarrolló la Batalla de Alfambra, donde las tropas nacionales obtuvieron una victoria aplastante que les allanó el camino para la recuperación de la ciudad de Teruel, que poco antes había caído en manos de los republicanos. Pero, lo más importante de esta batalla, desde un punto de vista romántico, es que en ella se produjo la última carga de la Caballería Española, y una de las últimas mundiales, al mando del General José Monasterio Ituarte.
La estrategia nacional se basó en la división de sus fuerzas de 100000 hombres en tres grandes cuerpos, el primero, el Marroquí mandado por el General Yagüe se encargaría del flanco norte, el centro lo ocuparía la I División de Caballería comandado por Monasterio y el Sur por el Cuerpo de Ejército de Galicia al mando del General Arando. En su ofensiva sobre el valle del río Alfambra los apoyarían unas 400 piezas de artillería y la aviación nacional, además de l italiana y la Legión Condor. Para la defensa del valle, los republicanos contaban con el XIII Cuerpo de ejército, integrado por cuatro divisiones, las ya curtidas 27ª y 39ª, la 66ª y la más novel, la 19ª.
Los ataques se iniciaron con retraso el día 5, pues debido a una gran niebla, la aviación no tenía apenas visibilidad para realizar sus bombardeos. La artillería nacional también inicio su castigo sobre las posiciones enemigas. Por parte republicana, los carros de combate soviéticos intentaban abatir a la aviación nacional.
El día 6 continuaron los combates, esta vez con el avance de la Infantería nacional que tras romper la línea de enlace de las brigadas mixtas 132ª y 61ª y creaba un corredor de más de 15 kilómetros en las líneas de la 151ª.
Será el día siguiente cuando la Caballería inicie sus misiones de reconocimiento entre la Sierra de Palomera y la carretera de Zaragoza. La misión se saldó con gran éxito, pues no solo cogieron por sorpresa al enemigo atrincherado, sino que hicieron 1600 prisioneros, además de incautar gran cantidad de armamento y abrir otro nuevo corredor en el campo de batalla. Los republicanos eran continuamente superados por los movimientos nacionales, que conseguían embolsar brigadas enteras, forzando así su rendición. Además, se veían fijados sobre el terreno y no podían hacer nada mientras veían como la División de Monasterio se dirigía a Visiedo, en la mismísima retaguardia republicana. Hacia allí fueron 13 tanques republicanos. Viendo este movimiento, los aviones Fiat italianos pegaron varias pasadas, consiguiendo destruir un carro y averiando varios más. La intervención de la aviación y la cobertura de la artillería, hace que los jinetes de Monasterio consigan situarse a tan solo 50 metros de las posiciones republicanas. Es aquí, con el 4º Escuadrón de Alcántara en vanguardia que Monasterio ordena una carga a la vieja usanza. Los soldados republicanas, que en esa zona eran los más noveles, vieron sorprendidos como pese a sus armas modernas, 3000 demonios a caballo se les echaban encima. Sin poder creer que esa imagen pudiera ser posible y presos del pánico, muchos se dieron a la fuga y cayeron bajo los cascos de los caballos. El 4º Escuadrón Alcántara alcanzó Visiedo, donde los republicanos huyeron sin luchar al ver lo que se les venía encima. Mientras, el resto de la División se abría en abanico y ocupaba la población de Camañas, además de capturar toda una batería artillera enemiga. A media tarde de ese día 7, toda la División de Monasterio había llegado a las faldas del río. Al día siguiente, el resto de fuerzas nacionales completó el avance desde Perales de Alfambra, mientras la I División de Caballería seguía limpiando de enemigos la zona. En total se ocuparon más de 1000 kilómetros cuadrados y 14 poblaciones, dejando limpio el camino hacia Teruel para su reconquista.
La I División de Caballería del bando Nacional.

El General Monasterio, de fuertes tendencias carlistas, fue nombrado jefe de milicias y consejero nacional de FE de las JONS al acabar la guerra e ingresó en 1942 en la Orden Militar y Hospitalaria de San Lázaro, además de ser ascendido a Teniente General. En el año 1943, tuvo valor, junto a otros generales, de decirle al Generalísimo Franco que debía de reinstaurarse ya la monarquía. No molestó esto al líder nacional, que le nombró sucesivamente Capitán General de las V y III Regiones Militares, además de llegar a ser procurador en Cortes. Pero, sin duda, por lo que ha pasado a la historia es por ser el protagonista de la última batalla romántica en territorio español con la épica carga de sus jinetes, a pecho descubierto, frente a los fusiles y maquinaria enemiga.





La fames calagurritana. La fidelidad hispana llevada al extremo.

Como ya anunciamos en el artículo sobre Sertorio, vamos a dedicar este breve artículo al pueblo de Calagurris, que siguiendo el ejemplo de Numancia, ofreció una salvaje resistencia, todo en honor de la fides que habían jurado a su líder, ya muerto, el romano Sertorio.
Tras un primer asedio por parte de las tropas de Pompeyo y Metelo en el año 74 a.C., levantado este por la intervención de Sertorio, que le causa 3000 bajas al enemigo, la unión de Calagurris con su salvador se refuerza. Pese a este rescate, las consecuencia para la ciudad son muy duras, ya que las tierras de alrededor han quedado devastadas por los ejércitos romanos enemigos. A esto se suma que Pompeyo, orgulloso general donde los haya, no olvidará este fracaso y mantendrá Calagurris en su punto de mira.
Como ya contamos, el cambio de política en Roma, donde los populares vuelven a ser tolerados y a coquetear con el poder, hace que la legitimidad de Sertorio quede muy dañada. Se inicia su declive en el año 73, hasta que es traicionado y asesinado al año siguiente. Parece ser, que el asedio a Calagurris se inicia ya en el 73 que inmersos ya en la resistencia se enteraron de la muerte de su líder y aliado, pese a lo cual siguieron luchando.
Pompeyo decidió delegar la dirección del asedio a su lugarteniente Afranio. La obstinación de este pueblo y su negativa a la redición conmovió a los cronistas romanos de varias épocas, y serán varios los que estampen por escrito esta gesta. Ante la falta de víveres y para no cesar en su lucha, se da el conocido episodio de la fames calagurritana, por el cual recurren al canibalismo, hasta el punto de, según Salustio, recurrir a salar los cadáveres para alargar su conservación. El mismo Salustio sirve de fuente a un autor posterior, Valerio Máximo, que fue el que retrató el episodio con mayor crudeza:

“La macabra obstinación de los numantinos fue superada en un caso semejante por la execrable impiedad de los habitantes de Calagurris. Los cuales, para ser por más tiempo fieles a las cenizas del fallecido Sertorio, frustrando el asedio de Cneo Pompeyo, en vista de que no quedaba ya ningún animal en la ciudad, convirtieron en nefanda comida a sus mujeres e hijos; y para que su juventud en armas pudiese alimentarse por más tiempo de sus propias vísceras, no dudaron en poner en sal los infelices restos de los cadáveres”.

Seguramente los autores más contemporáneos dieron más detalles del asedio, pero sus obras no han llegado a nuestros días. Existe una leyenda acerca de una figura conocida como “la Matrona”. Al parecer esta era la última mujer que quedaba con vida en la ciudad y su función era encender por las noches todas las cocinas de la ciudad, para que al ver el humo de estas, los romanos creyeran que aún quedaba mucha gente con vida. En su honor se erige en la actual ciudad de Calahorra una estatua con unas inscripciones que rezan:

- "Prevalecí contra Cartago y Roma"


- "Consiguió Calahorra el trofeo de vencedora e invencible por la nobleza de su sangre, por su estirpe, por las ciencias, por sus virtudes y por su valor guerrero".


- "Muy Noble, Muy Leal y Fiel Ciudad de Calahorra".

La ciudad se reconstruyó varios años después, ya muy romanizada. Pero, lo cierto, es que este nuevo episodio de resistencia reafirmó la fama de gente dura que los hispanos tenían entre los romanos. Así mismo, volvían a demostrar ser un pueblo fiel, leal a sus líderes. El mismo Augusto tendría durante años una guardia personal formada exclusivamente por calagurritanos, sabedor de que tras haberle jurado fidelidad, nunca le traicionarían.


Estatua de La Matrona


jueves, 28 de julio de 2011

El socorro de Melilla. La Legión entra en escena.

Tras el abandono a la desesperada de Annual y la retirada desorganizada que tantas muertes provocó, mientras el mayor grueso de tropas se concentraba en Monte Arruit, algunos soldados, librándose de la masacre general, conseguían llegar a Melilla. Con ellos venían también las primeras noticias de lo que había sucedido y empezaba a cundir el pánico entre la población civil. En esos momentos Melilla estaba mal guarnecida y en ella solo se encontraban la Compañía de Mar y una unidad de Carabineros. La situación es desesperada, pues tras Monte Arruit, nada impide a los rifeños caer sobre la indefensa ciudad española.
Millán-Astray y González-Tablas, jefes de la Legión
y Regulares en las operaciones de rescate de Melilla.
Afortunadamente, el mismo día 22 de Julio, fecha de inicio del desastre, llegan a la zona occidental del protectorado las primeras noticias de los que está pasando en el Rif. En Tazarut se encuentran la I y la III Banderas de la Legión. En estos momentos es una unidad novel, aún no ha cumplido su primer año de existencia, y solo se ha podido batir en pequeñas escaramuzas. Los legionarios están deseando entrar en acción y su fundador, Millán-Astray, no ve el momento de demostrar que esa unidad que creo –a la que no faltaron detractores en su inicio, entre ellos el mismo General Silvestre-, está preparada para afrontar la misión para la que fue creada, ocupar la primera línea de fuego y morir por España. Se le ordena que una Bandera debe de salir inmediatamente para el Fondak de Ain Yeyida. Se lo sortean y sale que es la I Bandera del Comandante Franco la que debe partir. Al llegar allí se les informa del desastre y se les anuncia que han de partir raudos hacia Tetuán, donde cogerán un tren que los llevará a Ceuta y de allí en barco a Melilla. Los legionarios han llegado exhaustos y Franco pide un mínimo descanso. Así tras solo cuatro horas de sueño, parten a las 3 de la mañana a marchas forzadas. Tras casi ocho horas de marcha llegan a su destino, donde ya les espera la II Bandera, que estaba de operaciones en Beni Arós y era mandada por el Comandante Fontanes. La I Bandera había recorrido más de 100 kilómetros, teniendo tan solo las mencionadas cuatro horas de descanso, en menos de 17 horas. Llevaban todo el equipo y mueren dos legionarios reventados por el cansancio, cumpliendo así con el Espíritu de Marcha. Llegados a Ceuta se les equipa con el mejor material disponible, al igual que a los Regulares. Primero partirán los legionarios en el Ciudad de Cádiz y luego los Regulares, junto a las tropas de artillería, ingenieros e intendencia. Los legionarios van por primera vez en vanguardia, debido también a que tras las numerosas deserciones de tropas indígenas en el Rif, se teme por la reacción del pueblo de Melilla a la llegada de los Regulares. Ya en el barco llegan un par de telegramas pidiendo que aceleren la marcha. El barco da todo lo que puede y a navega a un ritmo que a punto están de estallar las calderas. El 24 de Julio a la una del mediodía llega el barco a Melilla. Los melillenses están en un gran estado de nerviosismo. El propio Millán-Astray cuenta en su libro La Legión de 1922, que se había llegado a apuñalar a un oficial de la Compañía de Mar. Cuando aún no habían arribado se les acercó una embarcación con el Comandante Sánchez Delgado, ayudante del Alto Comisario. Este le dice que ha hablado con el General Sanjurjo, que conoce bien las dotes oratorias del fundador de la Legión, y le pide que hable con el pueblo de Melilla. Así cuando el Ciudad de Cádiz está a la vista del puerto de Melilla, los legionarios empiezan a cantar al ritmo de la música con su potente voz marcial. Millán-Astray pide permiso al General para hablar al pueblo de Melilla y les dice: “Melillenses, os saludamos. Es la Legión, que viene a salvaros; nada temáis; nuestras vidas os lo garantizan. Manda la expedición el más bravo y heroico General del Ejército español: El General Sanjurjo. Vienen detrás de nosotros los Regulares de Ceuta, con el Laureado Teniente Coronel González-Tablas y Artillería de montaña, ingenieros y fuerzas de Intendencia. ¡¡Melillenses!!: Los legionarios y todos, venimos dispuestos a morir por vosotros. Ya no hay peligro. ¡Viva España! ¡Viva el Rey! ¡Viva Melilla!"
Desembarcan los legionarios con Millán-Astray al frente montado a caballo. Tras unos movimientos de orden cerrado, desfilan con toda su marcialidad retornando la confianza al pueblo de Melilla. El Comandante Franco, en su Diario de una Bandera, recoge los testimonios de la población: “Estos son soldados, que negros y que peludos vienen. Mirad a los oficiales, que descuidados, con sus trajes descoloridos. Huelen a guerra. Estos nos vengarán”.
Es la gran diferencia entre la Legión y las tropas peninsulares. Mientras que estas última estaban formadas en gran parte por tropas de reemplazo, con chavales muy jóvenes, que se habían visto en medio de una guerra feroz, casi sin saber porque estaban allí; por el contrario, en la Legión servían hombres más maduros, voluntarios todos ellos. Además los legionarios eran hombres que sabían que habían ido al Tercio a morir, olvidando su vida anterior, a la que ya nada les ataba. Para eso creo esta unidad Millán-Astray, para ahorra sangre española joven e inocente. Por eso se llamó Tercio de Extranjeros, aunque al final, en la recluta, fueron mayoría los hombres de la madre Patria. Recalcar, que en este momento, por fin la Legión iba a poder demostrar que era capaz de estar en primera línea y cumplir con creces en esta misión, de ahí el entusiasmo con que estos legionarios, novios de la muerte, llegaron al rescate de Melilla. Tras instalarse en campamentos fuera de la ciudad, el día 26 de Julio se inician las operaciones. Todavía existía la esperanza de poder salvar Monte Arruit y el resto de posiciones que aún resistían. El General Sanjurjo lleva las dos Banderas en su columna, junto a los Regulares. Se ocupan las primeras posiciones, entre ellas Sidi Hamed, desde donde se ve Nador, en sus últimos coletazos de resistencia. La Legión quiere ir a su socorro, pero Sanjurjo teme otra maniobra desorganizada como la que llevó al desastre de Annual y no permite el avance sino es escalonado. Pasan los días, cae Monte Arruit, pero el avance de las tropas españolas es continuo y firme. La Legión está cumpliendo con lo esperado por su fundador. En el combate de Casabona, la I Bandera pierde la tercera parte de los hombres que había llevado a ocupar la posición, 96 bajas.

Cabo Suceso Terrero.

Monumento al Cabo Suceso Terrero en Hormilla.
Son muchos los hombres valientes que van cayendo estos días, pero la primera acción que entra en los anales de la historia por la puerta grande es la conocida como la del Blocao el Malo. Era un blocao, cerca de Nador, donde se recibían continuos ataques, de ahí que se le bautizara como el Malo, siendo Dar Hamed su verdadero nombre. Como se espera dar el golpe final sobre Nador, se releva a los legionarios de la posición por hombres del Batallón Disciplinario el 14 de Septiembre. Pues bien, al día siguiente del relevo, recibe la posición un gran ataque. El Teniente legionario Águila pide permiso para ir en su ayuda, pero se le niega porque son necesarias todas las fuerzas en las operaciones actuales. Aún así, consigue que puedan ir 15 hombres a intentar el rescate. Irán al mando de un Cabo, el famoso Suceso Terrero López. Todos saben que la muerte es prácticamente segura, pero aún así hay discusiones porque todos quieren ir. Seleccionados los hombres estos dan sus últimas voluntades. El legionario Lorenzo Camps da su prima de Enganche al Teniente para que la entregue a la Cruz Roja. Los 15 valientes consiguen romper el cerco y entrar en la posición, pero los ataques de los rifeños son brutales e incluso asientan un cañón de artillería a solo 50 metros. Cuando al día siguiente se acude a la posición, encuentran a todos los hombres muertos, han cumplido con el Espíritu de la Muerte. El Cabo Suceso Terrero quedará por siempre en la memoria de la Legión y hoy día es recordado todos los años en su localidad natal de Hormilla, La Rioja, donde cuenta con un monumento.
El día 17 de ese mes es herido de un disparo en el pecho Millán-Astray mientras dirigía las operaciones. Ante la gravedad se le evacua a Melilla y toma el mando el Comandante Franco. El avance continua, se va reocupando posiciones, donde el espectáculo que se encuentra es dantesco, lleno de cadáveres mutilados y vejados, como cuando el 24 de Octubre llegan a Monte Arruit y topan con la masacre y escarnio allí realizados.

El Macizo de Aixam. La primera operación especial de la Legión.

El Macizo de Aixam está en una de las laderas del célebre monte Gurugú, y allí habían excavadas unas minas. Los rifeños habían sabido organizarse fuertemente, aprovechando además las antiguas trincheras españolas. Su conquista iba a significar un gran derramamiento de sangre y costaría la vida de muchos hombres. Pero al jefe del Tercio en ese momento, el Comandante Franco, se le ocurrió otra estrategia. Será un ataque nocturno, un auténtico golpe de mano sin que los rifeños se percaten de que sucede. A las 4 de la madrugada del 18 de Octubre se inicia la acción. Es un ataque masivo de las dos Banderas, pero que llevan en vanguardia al Capitán de la Policía Indígena Jiménez Ontaneda, junto a otros policías y el capataz de la Compañía de las Minas del Rife, todos ellos perfectos conocedores de las estructura de las minas y que actuarán pues como guías. Las fuerzas se van dislocando en Compañías, teniendo cada una como objetivo una posición. Al alba se lanza el ataque, los rifeños son sorprendidos en casi todas las posiciones y su caballería no puede apoyarles pues también se ha visto rodeada. Se consigue conquistar todas las posiciones con el saldo de tan solo 9 bajas en toda la jornada, un auténtico éxito.
El historiador Federico Villalobos en su obra El sueño colonial, recoge estas operaciones especiales y habla de que se creó un grupo especializado en esta guerra no convencional, los Hijos de la Noche, auténticos precursores de la BOEL. Cuenta, que en una ocasión, enterados de que se iba a realizar una reunión en una pequeña población rifeña con los jefes de las principales harkas enemigas, este grupo consiguió hacer una infiltración, hasta que llegaron al poblado, abrieron el techo de la tienda donde se desarrollaba la reunión y lanzaron varias granadas que acabaron con la vida de todos los jefes enemigos.

Conclusiones:

Se ha destacado en este artículo el papel de la Legión, por ser fundamental y demostrar que su fundador había acertado en su creación; pero también fue muy importante el papel del resto de unidades. Todas se batieron con valentía y consiguieron reconducir una situación tan crítica. Los Regulares vencieron los recelos de la población y demostraron su fidelidad a España, comandados por el Teniente Coronel Santiago González-Tablas y García-Herreros, al que Millán-Astray dedica su obra de la Legión y del que dice que era el mejor soldado de la Infantería Española. También los Batallones de soldados de reemplazo supieron estar a la altura y vengar a sus hermanos.

Monumento a los caídos en Annual.
90 años después no podemos permitirnos olvidar Annual y esas tierras rifeñas regadas con tanta sangre española.

Bibliografía: - Revista La Legión. Nº 508

sábado, 23 de julio de 2011

Igueriben, antes muertos que rendidos.

El Comandante Julio Benítez
Como decíamos en el artículo anterior sobre Annual, el preludio del desastre y donde más muestras de heroísmo se produjeron fue en la posición de Igueriben, la cual estaba al mando del Comandante Julio Benítez y Benítez.
La posición de Igueriben fue tomada por las tropas españolas el 7 de Junio. El General Silvestre quería responder así al duro golpe de la perdida de Abarrán, que había pillado por sorpresa al mando y donde se perdieron varios cañones que ahora estaban en manos de los rifeños. Destacar aquí el sacrificio del Teniente de Artillería Diego Flomesta Moya, al cual le perdonaron la vida a cambio de que enseñara a los rifeños a utilizar los cañones. Flomesta no solo se negó, sino que se negó a que fueran curadas sus heridas y a ingerir cualquier tipo de alimento hasta que murió de inanición. Igueriben protegía el sur de Annual, pero tenía el punto de aguada más cercano a cuatro kilómetros y el acceso era difícil pues estar todos los caminos cortados por barrancos. Pero, sin duda, lo peor de la posición es que tenía poca distancia la Loma de los Árboles, con mayor altitud y que incompresiblemente no fue ocupada, siendo este un error más en la disparatada estrategia llevada a cabo por Silvestre. El grueso de la ocupación está a cargo del Regimiento Ceriñola con dos compañías al mando del Comandante Mingo, reforzadas por una sección de ametralladoras, una batería de artillería y algunos miembros de la Policía Indígena, en total unos 350 hombres. El hecho de que la mayoría de los hombres fueran españoles, se debía a que se pretendía evitar lo sucedido en Abarrán, donde la mayor parte de los indígenas se pasó al enemigo en medio de la refriega. A los pocos días de la ocupación el Comandante Mingo es sustituido por Benítez, que venía avalado por dirigir pocos días antes la defensa de la posición de Sidi Dris.

Sidi Dris.

Tras la ocupación de Abarrán, Abd el-krim ganó muchos partidarios mostrando como trofeo los cañones robados. Tras aumentar su harka de 3000 a 11000 hombres, envalentonado, el 2 de Junio de lanzó a la conquista de Sidi Dris. Empezó su ataque a las 3:00 de la madrugada. Por suerte para la posición y sus hombres contaban con un líder competente, el Comandante Benítez. Además, contaron con apoyo desde el mar del cañonero Laya y por el aire gracias a los bombardeos de la aviación española. Del propio cañonero desembarcaron para incorporarse a la defensa el Alférez de navío Pedro Pérez de Guzmán, junto a un contramaestre y 14 marineros, que portaban dos ametralladoras que resultaron muy eficaces para la defensa, al ser colocadas junto a los cañones del Teniente Galán, que al ser herido hubo de ceder el mando al propio Alférez de la Armada que hubo de dirigir el tiro incluso en paralelo de lo cerca que estuvo el enemigo, que llegó a cortar la alambrada de la posición en algunos puntos. Tras 24 horas de lucha, los rifeños tuvieron que retirarse con más de 100 bajas, mientras que los españoles solo tuvieron ocho soldados heridos, más el Teniente Galán y el propio Benítez, siempre apoyando a sus hombres en los momentos más difíciles.

Igueriben.

Croquis de la posiciones de Annual
Lo primero que hizo Benítez al llegar a Igueriben fue informar de lo conveniente de ocupar la Loma de los Árboles, y es que Benítez era uno de los pocos mandos que mantuvo la lucidez en esos días de locura general. Pese a que se refuerza la posición con cuatro ametralladoras y una batería ligera, Benítez avisa que de ser tomada la loma por el enemigo será casi imposible proveer Igueriben desde Annual. En una decisión incomprensible, el mando, para hacerle callar, envía patrullas diarias a la loma, pero que vuelven por la noche, dejando la posición nuevamente abandonada.
El 12 de Junio, desde Igueriben se informa de que se ven partidas de enemigos en la zona y el 14 sufren el primer ataque, de nueve horas de duración, que se rechaza con el apoyo de las baterías de Annual. En esa misma jornada, los españoles se percatan que los rifeños ya merodean por la Loma de los Árboles, consiguiendo el día 16 ocuparla tras duros combates. Es ahora cuando el mando se da cuenta de la gravedad. Realmente, Silvestre que seguía minusvalorando a los rifeños, nuca creyó que los rifeños tuvieran capacidad para tomar la loma. Tarde y mal, desde Annual se intenta recuperar la loma, siendo imposible tras sufrir muchas bajas. Los rifeños de han hecho fuertes y han preparado bien la defensa de la loma. Silvestre, que sigue en su mundo paradisiaco, empieza con sus contradicciones, la bipolaridad que demuestra que va cayendo en la locura. Pese a que tranquiliza en Melilla a Berenguer, refuerza Annual con más tropas de la ciudad española y de las posiciones de retaguardia, que quedan cada vez más desprotegidas. Mientras pasan los días los ataques a Igueriben son esporádicos y de poca importancia. Silvestre le sigue diciendo al mando y a la prensa que la situación está bajo control, y para dar señales de tranquilidad a la tropa, se permite el lujo de mandar de vacaciones de verano a varios oficiales, como si en Annual no pasara nada.
Pero llega el 2 de Julio e Igueriben sufre un fuerte ataque que lo aísla de Annual. El Heliógrafo de la posición, único medio de comunicación con Annual en estos días, empieza a dar señales de alarma. Será el 17 de Julio cuando los rifeños lancen su ataque más decidido, con la idea clara de tomar la cota. Abd el-Krim ataque de frente tratando de envolver la posición y cortar el paso hacia Izzumar. En ese día llegan las primeras bajas, incluyendo la del Sargento Armando Antón Cisneros. Desde Igueriben se envía el siguiente mensaje "Falta la munición del cañón, escasea la de fusil, tenemos pocos víveres, estamos sin agua..." En Annual se prepara un convoy de ayuda, precedido de una columna compuesta por un Tabor de Regulares y dos escuadrones, tres compañías del Ceriñola y una batería de montaña. En el convoy iba el Teniente artillero Ernesto Nougues Barrera con 17 artilleros para reforzar la posición. La protección de dicho convoy corría a cargo de un escuadrón de Regulares al mando del Teniente de caballería Joaquín Cebollino von Lindeman. Pese a que el convoy llegó a Igueriben y dejó de refuerzo a los artilleros más 31 hombres de intendencia y las acémilas que cargaban las provisiones, casi se perdió toda el agua, pues las cubas en las que las mulas la llevaban estaban agujereadas por los disparos. Destacar la acción del Teniente Nougues, que junto a ocho artilleros recuperaron unas cajas de munición que habían caído en un barranco. Así mismo el Teniente Cebollino fue recompensado con la Laureada por traer de regreso a sus hombres tras librar rudos combates. La acción había costado 17 muertos y 55 heridos, incluido el Teniente Ledesma del Regimiento de Melilla.
Dibujo de la posición de Igueriben
El día 18 de Julio los rifeños hacen un ataque nocturno, que además de causar tres muertos y tres heridos acaban con la vida de las mulas que caen sobre la alambrada destrozándola. Se alcanzan al día siguiente temperaturas de 55 grados que hacen estallar los cuerpos inertes de las mulas, envolviendo la posición de un hedor insoportable que hace vomitar a los hombres. Benítez envía otro mensaje: “No podremos seguir la resistencia si no envían recursos urgentemente. Necesitamos agua, víveres, munición y tropas para reponer las bajas". Los españoles han de realizar una peligrosa salida, al mando del Teniente Ovidio, para poder enterrar a sus muertos. Mientras, el Teniente Casado y el Soldado Muñoz consiguen rescatar a un Regular, que el día anterior había quedado mal herido en un barranco cercano.
Llega el día 19 y los rifeños en otro ataque nocturno llegan tan cerca de la posición española como para arrojar granadas de mano y pedir a gritos a los españoles que se rindan. La respuesta española son vivas a España y más tiros. Se gastan las 50 granadas que quedaban y Benítez vuelve a solicitar auxilio. Desde Annual se mandan tres columnas de apoyo, que tras durísimos combates han de volver de retroceder a Annual, pues el paso a Igueriben se ha vuelto imposible. El intento ha costado 14 muertos y 88 heridos. Mientras, los rifeños, que a causa de no saber usar los cañones lanzaban sin ninguna precisión, comienzan a atinar y destruyen parte del parapeto Norte. En Annual no saben qué hacer y ante la imposibilidad de un convoy, deciden enviar a una compañía de regulares con 3 cantimploras por hombre para llegar a Igueriben. Pese a que les apoyan otras tres compañías no consiguen su objetivo. La situación en Igueriben es desesperada. Lo peor no es la escasez de municiones para los fusiles, que los cañones ya no tengan casi con que tirar, sino que es la sed lo que esta desesperando a los hombres. Primero tuvieron que machacar las mondas de las patatas y chupar su líquido, luego se bebieron lo que quedaba en los botes de tomate y pimientos, para seguir con la tinta y la colonia y acabar por beberse la orina mezclada con azúcar. Muchos incluso se metían piedras en la boca para tratar de salivar e incluso chupaban los cañones de las ametralladoras, las cuales, debido a la falta de refrigeración, acabaron por quedar inútiles, privando a los defensores de una gran potencia de fuego.
El día 20, Silvestre parece despertar y se dirige a Melilla a pedir refuerzos a Berenguer, solicitando hombres, apoyo aéreo y que la Armada simule un desembarco en Alhucemas que distraiga al enemigo. Mientras llega a Annual su segundo, el General Navarro, que se percate de la poca moral de las tropas y que con esos hombres no se podrá llegar a Igueriben, por lo que suspende un convoy preparado para auxiliar a esa posición. En ella, mientras, continúan los ataques. Se trata de rescatar a los hombres caídos en las alambradas y una bomba cae en la enfermería acabando con la vida de 30 heridos. Solo quedan 100 defensores en condiciones de luchar, por lo que todos los oficiales y los heridos menos graves, también acuden al parapeto. Benítez, siempre presente, no deja de animar en todo momento a sus hombres. Navarro le envía mensajes de ánimo, más llenos de palabrería que otra cosa, pues en Annual nadie se mueve. Le pide que por España resista unas horas más y le jura que al día siguiente irá con todo a rescatarlo.
En ese día 21, Navarro organiza dos columnas con 3000 hombres antes de que Silvestre llegue de Melilla. Lo que había predicho el día antes Navarro se cumple, la moral es muy baja que pese a la preparación artillera, ninguna de las dos columnas consigue acercarse a Igueriben, lo que provoca el siguiente mensaje de Benítez: "parece mentira que dejéis morir a vuestros hermanos, a un puñado de españoles que han sabido sacrificarse delante de vosotros." A punto estuvo Silvestre de organizar una carga suicida con todos sus escuadrones, pero sus oficiales lograron hacerle desistir. Da permiso, por tanto, a Benítez para que negocie la rendición de la posición. Este, que ya había rechazado una carta de Abd el-krim sobre el asunto, contesta: "los oficiales de Igueriben mueren pero no se rinden."
Tras ver que las avanzadillas más próximas a Igueriben retroceden hacia Annual, Benítez reflexiona y llama a sus oficiales a los que comunica que, junto a ellos, protegerá la salida de la tropa y así se lo comunica a Silvestre: "Nunca esperé recibir de V.E. orden de evacuar esta posición, pero cumpliendo lo que en ella me ordena, en este momento, y como la tropa nada tiene que ver con los errores cometidos por el Mando, dispongo que empiece la retirada, cubriéndola y protegiéndola debidamente, pues la oficialidad que integra esta posición, conscientes de su deber, sabremos morir como mueren los oficiales españoles."

Benítez prepara una columna que organiza así:

• Vanguardia: al mando del capitán D. Arturo Bulnes.

• Flanco izquierdo: al mando del teniente D. Alfonso Galán Arrabal.

• Flanco derecho: al mando del teniente D. Luis Casado Escudero.

• Grueso, con los heridos y enfermos, al mando del propio comandante Benítez.

• Retaguardia: al mando del capitán D. Federico de la Paz Orduña.

Benítez les entrega una caja con 15000 pesetas, que era el dinero de las compañías, para que las reintegren si llegan a su destino. Reparte 20 cartuchos por cabeza, es todo lo que quedaba y manda su último y quizás más famoso mensaje: "Solo quedan doce cargas de cañón, que empezaremos a disparar para rechazar el asalto. Contadlos, y al duodécimo disparo, fuego sobre nosotros, pues moros y españoles estaremos revueltos en la posición."

En su última arenga, recogida por el testimonio del Teniente Casado, les dijo a sus hombres: “Hijos míos, vamos a abandonar este corralito que hemos defendido como héroes por la falta de víveres y municiones; llorad por vuestros hermanos que dejáis sin sepultura, ahora vamos a seguir defendiéndonos con las pocas municiones que nos quedan y terminadas estas emplead la bayoneta; yo, hijos míos, os seguiré mandando como hasta aquí he hecho”.

Y efectivamente tuvieron que llegar a la bayoneta, pues tras concentrarse en la puerta de salida recibieron un nutrido fuego y tuvieron que tirarse ladera abajo con la bayoneta calada. Mientras Benítez y sus oficiales les cubrían desde el parapeto. El bravo Comandante recibió un tiro en la cabeza que no le impidió seguir combatiendo, hasta que una bala se le clavó en ese gran corazón que tenía y acabó con su vida. En la defensa los rifeños solo tomaron como prisioneros a un soldado herido y al Teniente Casado, que un principio fue dado por muerto, y que rescatado años después pudo dar un valioso testimonio de lo acontecido esos días y que se puede leer en este enlace:

http://www.ingenierosdelrey.com/guerras/1921_annual/documentos/1921_07_21_casado.htm

Pocos hombres consiguieron llegar con vida Annual, unas fuentes dicen que 14 y otras que 36, entre ellos el Sargento Dávila. Cuatro de estos hombres murieron tras darse un atracón de agua para calmar esa sed infernal que tanto los había hecho sufrir.
A título póstumo, Benítez y el Capitán de artillería Federico de la Paz Orduña, que murió en combate cuerpo a cuerpo, cuando en el repliegue salió a inutilizar los cañones para que no fueran empleados por el enemigo, como le había pasado a su posición.

Monumento al Comandante Benítez en el Paseo
del Parque en Málaga.

El Comandante Benítez supo mantener en todo momento el ánimo y la calma en ese mar de incompetencia y locura que fue Annual. Además, y no como hicieron muchos oficiales, supo tratar su tropa como con el cariño y respeto que merecían, e hizo que sus oficiales siguieran sus pasos. Annual fue una vergüenza para las armas españolas, pero valga la actitud de hombre como Benítez y su gente para demostrar que muchos buenos soldados, tuvieron que pagar la torpeza y mal hacer de unos pocos.

Hace poco ha sido publicada una novela sobre estos hechos. El autor es Rafael Martínez-Simancas y se titula Doce balas de Cañón. Se lee en una sentada y refleja muy bien lo que debieron pasar esos hombres. Además recoge los nombres de todos los que defendieron Igueriben.

Bibliografía: - http://www.ingenierosdelrey.com/
- http://www.vadehistoria.com/






Benítez envuelto por la Bandera de España


Detalles del monumento


viernes, 22 de julio de 2011

Annual, 90 años después.

En estas fechas se cumple el noventa aniversario del conocido como desastre de Annual, cuando entre 8000 y 11000 españoles (las fuentes difieren) perdieron la vida a manos de los rifeños comandados por Abd el-Krim. A estas bajas hay que sumar las de unos 3000 indígenas, que al contrario que la mayoría de sus “hermanos”, se mantuvieron fieles a España, pagando con su vida esta lealtad.
No vamos a analizar en profundidad los motivos del desastre, pues mucho se ha escrito ya sobre ellos. Una incursión demasiado profunda sin tener en cuenta las bases de suministros, la dudosa fidelidad de muchas cabilas y harkas, comprada a base de dinero y que se esfumó en cuanto se complicaron las cosas. Tampoco ayudó el excesivo número de posiciones y el aislamiento que sufrían entre ellas. Fueron varios los factores que contribuyeron al desastre, así como que el verano de 1921 fue el más caluroso del siglo. Pero, sin duda, los grandes culpables fueron los altos mandos militares y concretamente el jefe de operaciones, el General Silvestre.

El TCol.. Primo de Rivera y el escudo del
Regimiento de Caballería de Alcántara.
El día clave en que se inicia el desastre es el 22 de Julio, cuando tras cinco días de heroica resistencia cae la posición de Igueriben (ya habrá un artículo sobre estos hechos), que resguardaba por el sur el campamento de Annual, donde en ese momento habían 3000 soldados españoles y 2000 indígenas. Abd el-Krim lo asalto con 18000 hombres. En los últimos días había ganado muchos hombres gracias a sus victorias sobre otras posiciones menores, que habían hecho que muchos rifeños al servicio de los españoles se pasaran a sus filas, así como harkas que habían estado indecisas hasta ese momento.
Pese a que Silvestre tenía suministros para resistir cuatro días y que Berenguer, Alto Comisario de Marruecos, le había prometido refuerzos, decide abandonar Annual. La intención era replegarse de manera ordenada hacia las posiciones de Dar Drius y Ben Tieb, ambas con facilidad para el abastecimiento. Pero todo empieza a torcerse desde el principio. Las tropas españolas reciben disparos de múltiples posiciones y muchos oficiales no hacen honor a su posición y se dan a la fuga. La situación en Annual es una auténtica locura, con hombres huyendo a la desesperada. Pese a todo, algunas unidades mantienen el tipo, destacando los Regulares del Comandante Llamas, que al contrario de muchos indígenas, se mantienen fieles y cubren la retirada de sus compañeros de armas por el paso de Izumar, tras lo cual ellos mismo van retrocediendo de forma escalonada, demostrando que manteniendo la disciplina los resultados son mucho más fructíferos.

Uno de los magníficos cuadros del pinto Ferrer Dalmau que
refleja una de las cargas del Alcántara.
El que no salió nunca de Annual fue Silvestre, el cual según unos se suicidó y según otros fue acribillado por los rifeños. El segundo al mando, General Navarro, se encarga del desastroso repliegue hasta la posición de Monte Arruit. En el camino, que dura seis días de penosa marcha, entre Annual y el resto de las posiciones intermedias, han muerto ya más de 4000 soldados de España. En estas sufridas jornadas destacó la acción del Regimiento de Caballería de Alcántara Nº 14, al mando del Teniente Coronel Fernando Primo de Rivera. Con múltiples cargas protegen la retirada hasta Dar Drius. Tras decidir Navarro que será mejor seguir retrocediendo, vuelven a cubrir la retirada de las tropas españolas hacia Batel. Fueron tantas las cargas y tan violento el combate, que para cubrir el cruce del río Igan, la falta de caballos con vida hizo que los jinetes del Alcántara tuvieran que cargar a pie. Meses después, en el lecho de ese río, se siguieron encontrando restos de jinetes y caballos, mezclados en la refriega. El propio Primo de Rivera -que era hermano del futuro dictador y tío del fundador de Falange-, alentó a sus hombres, contrastando su actitud con la de otros oficiales. Como siguió haciendo después de forma ejemplar y activa en la defensa de Monte Arruit, hasta que la gangrena le arrancó la vida y le llevó a reunirse con los 471 hombres de su Regimiento (de un total de 691) que habían caído en la defensa de la retirada.

El 29 de Julio llega Navarro a Monte Arruit, una buena posición para la defensa -motivo por el cual, junto a la falta de esperanza de refuerzos, había preferido esta posición a Dar Drius-, pero difícil para el abastecimiento. Este se hacía mediante aviones que les lanzaban bloques de hielo, para hidratarse, municiones y otras provisiones, aunque muchas veces caían en zona enemiga en lugar que en el campamento. Las cosas se complican cuando van cayendo otras posiciones cercanas, siendo claves la rendición de Nador el 2 de Agosto, siendo su guarnición la única respetada por los rifeños; y la de Zeluán, que tras pactar la rendición el 3 de Agosto, lo hombres de Abd el-Krim, como era costumbre, no respetan el acuerdo y pasan a cuchillo a todos su hombres. Peor fue el final de sus oficiales, que fueron quemados vivos. Navarro podría haber seguido retrocediendo hasta Melilla, pero no quiso dejar allí abandonados a sus heridos, cosa que le honra. Visto lo complicado de la situación, su superior en Melilla, Berenguer, le autoriza a pactar la rendición. Se acuerda con los rifeños entregarles todo el armamento a cambio de que se les permita a los españoles retroceder hasta Melilla. Los rifeños aceptan y los soldados españoles salen de su posición y abandonan todos sus fusiles. Pero una vez más, el despiadado enemigo no cumple su palabra y cuando los españoles se preparaban para partir se arrojan encima de ellos y provocan una salvaje masacre. De los casi 3000 hombres de la posición, solo sobrevivieron 60. Cuando las tropas españolas recuperaron la posición tiempo después encontraron los cadáveres insepultos y vejados muchos de ellos. Había hombres empalados, otros castrados y con sus partes en la boca, muchos tenían excrementos entre sus huesos. Se llegaron a contar 2668 restos de cuerpos en la zona. Una barbarie en las que los españoles no se quedaron atrás cuando cumplieron su venganza contra los pueblos rifeños de la zona.

Cuando se investigó la causa de este desastre, el famoso General Picasso escribió en su expediente que habían muerto 10973 españoles y 2390 soldados indígenas, aunque posteriormente otros autores han reducido la cifra. Además se perdieron más de 20000 fusiles, 400 ametralladoras, 129 cañones y gran cantidad de munición y otro material militar.

Con la dictadura de Primo de Rivera y el desembarco de Alhucemas se acabó por vencer en esta guerra cruel y recuperar el terreno perdido, pero lo que nunca se recuperó fue la vida de tantos jóvenes soldados, forzosos la mayoría de ellos, que se encontraron en una tierra hostil sin saber por qué y que nunca más volvieron a ver sus lugares de origen. Hoy, como con casi todo, la gran masa nada sabe de estos hechos. Valga para acabar la recomendación de un gran artículo de Pérez-Reverte sobre estos tristes acontecimientos.
http://www.perezreverte.com/articulo/patentes-corso/610/una-tragedia-espanola/


                                           Video con imágenes de la matanza de Monte Arruit








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