martes, 31 de agosto de 2010

LA DEFENSA DEL CASTILLO DEL MORRO.

Don Luis de Velasco, héroe de la defensa del Morro.
Uno de los mayores privilegios de los que goza la Infantería de Marina Española (aparte de ser la más antigua del mundo), es la consideración de Cuerpo de la Casa Real, el cual le fue concedido por R.O. DE 22 de Marzo de 1763, debido al heroico comportamiento de sus miembros en la defensa en La Habana del Castillo del Morro. Hemos de situarnos en el marco de la Guerra de los Siete Años (1756-1763), la que Winston Churchill consideró como la verdadera primera guerra mundial de la historia, ya que se desarrolló en tres continentes (Europa, América y Asia) e involucró a Gran Bretaña, Hannover, Prusia y Portugal contra Francia, Austria, Rusia, Suecia, Sajonia y España.


Tras el periodo de paz que caracterizó el reinado de Fernando VI, la llegada de Carlos III significó un cambio de rumbo y la firma del Tercer Tratado de familia con Francia fue lo que empujo al monarca español a involucrarse en esta guerra, sin olvidar las afrentas inglesas con sus continuos ataques a los barcos españoles en las Antillas y el Atlántico.

En Marzo de 1762 una gran escuadra inglesa parte hacia La Habana para apoderarse de ella. Sus fuerzas se componían de 74 buques de guerra, 150 de transporte, 22000 hombres (más 4000 de refuerzo que llegarían de las colonias americanas) y 2292 cañones de todos los calibres.

Mientras en La Habana el Capitán General de Cuba, Don Juan de Prado Malleza Portocarrero y Luna, empezaba a tomar decisiones desafortunadas, como no juntar todas las fuerzas marítimas de la isla, junto a las francesas, para poder haber hecho frente a la escuadra inglesa.

Las fuerzas con las que contaba España en La Habana para su defensa eran el Regimiento de infantería de la Habana mandado por el coronel Alejandro Arroyo y compuesto por cuatro batallones de seis compañías con una fuerza total de 856 soldados, sin contar oficiales y los destacamentos destinados en diferentes puntos de Cuba y La Florida; el segundo batallón del Regimiento de infantería España al mando del Teniente Coronel Feliú formado por nueve compañías con 645 soldados sin contar oficiales; el segundo batallón del Regimiento Aragón mandado por el Teniente Coronel Panés Moreno formado por nueve compañías con 636 soldados sin contar oficiales; el cuerpo de Dragones de la Habana que estaba repartido por diferentes destinos estando en la Habana una fuerza de cuatro compañías compuestas por 54 soldados a caballo y 21 a pie y los Dragones de Edimburgo formado por 200 a caballo sin contar oficiales. La situación de la artillería era bastante precaria. Se consideraba que para una buena defensa de la ciudad eran necesarios 595 cañones, disponiéndose solo de 340 de los cuales únicamente 107 estaba totalmente operativos. A estos se sumaban 69 que envió el Virrey de México y 171 artilleros divididos en dos compañías.

El 6 de Junio los ingleses se sitúan frente a La Habana. Se crea una junta de defensa presidida por Don Juan de Prado, la cual tomará dos decisiones trágicas que marcarán el futuro de la defensa. Primero tras mandar subir con gran esfuerzo dos baterías de cañones a el cerro de La Cabaña, sitio estratégico pero con escasas defensas y ser este atacado por tierra por los ingleses, se ordena al segundo día de ataque despeñar los cañones y retirarse si atacan los ingleses, lo cual ocurrió. La segunda equivocación es la de hundir el 9 y 10 de Junio tres navíos en el estrecho canal de entrada de la bahía para evitar la entrada de la flota inglesa. Estos navíos eran de los mejores de la escuadra española, el Neptuno de 70 cañones y los Asia y Europa de 60 cañones .Los ingleses, sin podérselo creer, se frotan las manos tras ser inutilizada la flota enemiga sin disparar un solo tiro. Perdida la flota se ordena desmantelar los cañones y repartir las provisiones, así como tropa y marineros entre las diferentes guarniciones. Es aquí donde empieza a tomar protagonismo el gran héroe de esta historia, el Capitán de Navío Don Luis de Velasco y Fernández de la Isla, que es enviado a la defensa del Morro.

El 11 de junio los ingleses son dueños del cerro de la Cabaña, así como de los fuertes de la Chorrera y Torreón de San Lázaro. La situación de La Habana es desesperada y se empieza a evacuar a los civiles. Los ingleses disponen el 14 de junio de tres baterías de cañones en La Cabaña, a escasos 190 metros del Morro y en posiciones más elevadas, los cuales disparan sobre la ciudad y el Morro, sumándose a los que disparan desde el mar. Durante los siguientes días las decisiones de la Junta de Defensa, más que ayudar son un estorbo para los intereses españoles, y don Luis de Velasco no cesará de pedir que se organicen salidas para atacar las posiciones enemigas y aliviar la presión a la que se ve sometido el Morro.

El día 29 de junio se lleva a cabo un ataque a las baterías inglesas que fracasa pero permite que 300 soldados al mando del coronel Arroyo entre en el Morro para reforzar a la guarnición.

Vista actual del Castillo de los Tres Reyes del Morro,
nombre completo de la fortaleza.
El 1 de julio se lleva a cabo un ataque general por tierra y mar contra el castillo. Por mar un navío inglés, el Namur, debió ser remolcado por lanchas al haber perdido todos sus palos, otros dos, el Cambridge y Marlborough sufrieron daños. El comandante de un cuarto, el Stirling Castle, fue relevado de su cargo y juzgado por cobardía. Por tierra las baterías del general Keppel van desmontando una a una las piezas que defienden al castillo. Los baluartes y las cortinas se resquebrajaban, los soldados mueren despedazados por los proyectiles de los cañones o enterrados al derrumbarse los muros que protegen el Morro. Con todo el castillo resiste. Al día siguiente han desaparecido las obras exteriores del castillo. Los cañones dentro del Morro son cada vez más escasos y por la tarde solo dos de ellos están en situación de hacer fuego.

Por la noche, tras estos interminables días, se hacen prodigiosos esfuerzos para llevar al castillo, desde la Habana, tropas de refresco y cañones para sustituir aquellos que han sido destrozados. Pero los ingleses también van aumentando el número de bocas de fuego que disparan desde tierra por lo que siempre estarán los españoles en inferioridad. Para el 12 de julio veinte cañones ingleses disparan contra cinco o seis españoles que responden.

El 15 de julio don Luis de Velasco, con un esfuerzo sobrehumano, ya que se hallaba enfermo, acude a las murallas en ruinas y con su presencia anima a los soldados a mantener la defensa. En ese momento será cuando es gravemente herido en la espalda por la metralla. Contra su voluntad debe ceder el mando de la guarnición al Capitán de Navío Francisco de Medina y es trasladado a la Habana para que le curen las heridas.

El combate continúa, el 17 de julio solo quedan dos cañones activos, los ingleses inician una mina para volar los muros. El día 19 y 20 se consigue instalar tres nuevos cañones que pronto quedaran inservibles. Los merlones que dan a tierra están todos destruidos. El trabajo de las minas prosigue amenazadoramente.

El día 23 de julio las tropas españolas atacan a las inglesas con idea de destruir sus baterías. Este ataque desde la Habana ha sido ideado, como no, por don Luis de Velasco quien, a pesar de la gravedad de su herida, no cesa en la idea de una defensa activa frente al enemigo al contrario que el gobernador y la Junta que postulan una defensa pasiva a la espera que la enfermedad destruya al ejército enemigo como sucedió en Cartagena de Indias en la inolvidable defensa de don Blas de Lezo. Fracasó el ataque debido a un fallo en la coordinación. Sin esperanzas de parar las obras de las minas que cada vez se aproximaban más a los muros del castillo, don Luis de Velasco, a pesar de su herida, volvió a asumir su puesto en la defensa del castillo que se sabía sentenciado.

El día 27 de julio los ingleses cortaron la única posibilidad que tenían los españoles del Morro de comunicarse con la ciudad que era con pequeñas embarcaciones por el centro de la bahía. Los cañones ingleses habían cortado esta mínima vía de escape. Desde ese instante la guarnición del Morro se encontraba aislada y sin ninguna posibilidad de recibir suministros o refuerzos.

Al día siguiente los ingleses recibieron un refuerzo de 3.000 soldados procedentes de las colonias americanas. Uno de estos soldados era un joven que respondía al nombre de George Washington. Estos refuerzos causan tan buen efecto moral entre los ingleses que se deciden al asalto final.

Velasco sabe que el castillo está sentenciado por lo que comunica a la Junta la situación y solicita ordenes. La Junta de Defensa, en su línea e incapaz de tomar ninguna decisión, le contesta que actué como crea oportuno. Para un hombre como Velasco,con un sentido del deber y pundonor tan marcado es prácticamente una incitación a que lleve a cabo una lucha hasta la última gota de sangre.

El día 30 de julio de 1762 el general William Keppel da la orden de atacar. El orden de ataque será los destacamentos de zapadores delante tras ellos cuatro compañías de soldados, el general Keppel al mando de una brigada detrás y al final el resto de las brigadas.

Cuadro que muestra como los buques ingleses
se retiran del Morro seriamente dañados.
A las dos de la tarde, la hora de más calor, explotan las minas y las tropas parten al asalto. Se inicia un combate cuerpo a cuerpo por el castillo de una ferocidad inaudita. Don Luis reúne entorno a sí una fuerza de cien hombres en los parapetos que están alrededor de la bandera y anima la defensa hasta que una bala le atraviesa el pecho. El mando de la fortaleza pasa al otro gran héroe de la jornada, don Vicente González-Valor de Bassecourt que no permitió que se le fuera robado su estandarte y murió con el cuerpo atravesado por las bayonetas enemigas mientras abrazaba la enseña nacional. Ante la falta de líderes y tras tantos días de sufrimiento, combate y penurias, los supervivientes deciden rendir la fortaleza.

Los ingleses han quedado profundamente impresionados por el valor mostrado por los españoles en la defensa del castillo y en especial con su comandante. Sin pensarlo dos veces organizan el traslado de don Luis de Velasco a la Habana para que sea cuidado por médicos españoles, en el traslado a la ciudad la acompañara uno de los oficiales del conde de Albermale. Pese a todo, las heridas eran muy graves y nada se puedo hacer. Dos días después fallecería el heroico marino.

Pero no acabó aquí la admiración inglesa por nuestro héroe, y en un gesto que les honra le levantaron un monumento en la abadía de Westminster, el cual todavía se puede visitar. Además el estandarte español que capturaron en el Morro lo guardaron con gran respeto en la Torre de Londres. Por último y hasta entrado el siglo XX, cada vez que un barco de guerra británico pasaba por Noja, en Cantabria, disparaba salvas de honor en nombre de don Luis de Velasco, por ser natural de esta localidad marinera.

En España, el rey Carlos III, junto al honor otorgado a la Infantería de Marina, concedió títulos a los familiares de don Luis de Velasco y del no menos heroico don Vicente González. También construyó un monumento a Velasco cerca de Noja y declaró que un navío de guerra español siempre llevaría su nombre.

Por el contrario, la desastrosa Junta de Defensa fue tratada con total deshonor por los ingleses, y los principales oficiales españoles fueron embarcados y devueltos a España donde les esperaba un juicio para dilucidar su actuación. El proceso reveló los fallos cometidos en la defensa de la plaza de la Habana.

La perdida de la batalla significó perder La Habana, pero no por mucho tiempo, ya que tras la firma de la paz esta volvió a España, a cambio de Florida, recibiendo España la Luisiana por parte francesa a modo de compensación.
Castillo del Morro

Bibliografía: Wikipedia y diversas webs de Internet sobre numismática e Infantería de Marina.

lunes, 30 de agosto de 2010

La invencible inglesa.

Uno de los mayores bulos de la leyenda negra española y de esa historiografía anglosajona que tanto nos gusta creernos a los españoles, es el de la famosa Armada Invencible. Ese seudónimo se lo pusieron los ingleses en parte como mofa y en parte para glorificar su victoria. El nombre real de la expedición que pretendía invadir Inglaterra era La Grande y Felicísima Armada, y no, no sufrió una derrota, ni tan siquiera un estrepitoso desastre, sino que más bien fue una fracaso. Fracaso porque no consiguió su objetivo y porque murieron alrededor de 15000 hombres en el intento, además de perderse varias naves. Pero como muchos autores, por suerte, ya han sabido demostrar esto se debió más que nada a los temporales que sufrió y a su mala dirección, pues su principal comandante, el Marqués de Santa Cruz, murió mientras la preparaba y el mando recayó en un inexperto Alonso Pérez de Guzmán, duque de Medina Sidonia. Los ingleses, también sufrieron alrededor de 8000 bajas, y sus acciones se limitaron a hostigar a barcos perdidos por el temporal y aislados. La mayor parte de naves que los españoles perdieron no eran de guerra, sino mercantes, eso sí con valiosa carga, y casi todo el grueso de la expedición pudo volver a la península para reparar los barcos que habían quedado muy dañados.


Maria Pita dando muerte al alférez inglés
Mucho se podría profundizar de este tema, pero vamos hablar de lo que ocurrió al año siguiente, en 1589, cuando los ingleses, aprovechando la debilidad de la Armada española, que seguía en reparación, montaron una gran expedición para atacar las costas españolas y con el objetivo de sublevar a los portugueses (entonces bajo la corona de Felipe II) contra el rey español. La escuadra inglesa la mandaban Drake, que tantas falsas medallas se puso en el fracaso de la Invencible española, y Norris.

Pese a que el objetivo principal era la mencionada rebelión portuguesa, el ansia de botín de la mayoría de embarcados, como el mismo Drake, contra la opinión del resto de comandantes, hizo que la Armada inglesa se dirigiera a saquear La Coruña. Aquí comenzó el desastre militar de los ingleses fue absoluto, y digo desastre militar, porque a lo largo de la expedición, las 13000 bajas inglesas (cifras estimables, porque los ingleses no dejaron muchos documentos sobre sus derrotas) si fueron en combate. La ciudad gallega resistió bravamente, destacando el episodio de María Pita, que dio muerte a un alférez inglés que se colaba en la ciudad por una brecha de la muralla, dícese que con el sable de su marido, que acababa de caer en combate. Ante la noticia de que llegaban refuerzos terrestres españoles, los ingleses, derrotados en todos sus intentos por los coruñeses, siguieron hacia Lisboa. No les fueron muy bien allí las cosas, ya que no consiguieron que los portugueses les apoyaran en masa como esperaban y cada vez sufrían más deserciones en sus propias filas, algo constante desde que salieron de Inglaterra. Además la pequeña escuadra española comandada por don Martín de Padilla no dejaba de infligirles daños y bajas constantes. Visto lo visto, los ingleses decidieron que la retirada era la mejor opción, pero para aprovechar en lago el viaje pensaron que sería buena idea saquear Las Azores, volviendo a fracasar, pagando sus frustraciones en la entonces pequeña Vigo, a la cual saquearon y quemaron, pero donde se dejaron otros 500 muertos.

Para conocer mejor el desarrollo de estos hechos y de otras grandes victorias españolas por mar, recomiendo el libro de Agustín Ramón Rodríguez González, experto en el tema, Victorias por Mar de los Españoles.

En resumen, y pese a los pocos datos que del desastre militar inglés tenemos, podemos hacer la siguiente comparativa.

Armada Invencible Española: 15000-20000 muertos españoles y 6000-8000 ingleses. 800 heridos españoles y 400 ingleses. 400 prisioneros españoles. Los españoles perdieron unos 60 barcos, casi todos de carga y por el temporal.

Armada Invencible Inglesa: 13000 muertos ingleses y 900 españoles (muchos civiles). Los ingleses perdieron unos 30 barcos y casi 40 más desertaron junto a 5000 hombres.

Lo importante es una vez más señalar que las bajas inglesas fueron en su mayor parte en combate, igual que las de su barco, frente a los famosos “elementos” que derrotaron a los españoles un año antes.

sábado, 28 de agosto de 2010

LA CARGA DE TAXDIRT. CUANDO SANTIAGO VOLVIÓ A COMBATIR JUNTO A LOS ESPAÑOLES.

Cavalcanti
Dentro de los centenarios, bicentenarios y demás efemérides que inundan nuestra rica historia, hay uno que por aislado, aunque no por ello menos importante, ha tenido poco eco, por no decir ninguno, en los medios. Se trata del centenario de la carga de Taxdirt, la memorable hazaña capitaneada por el entonces Teniente Coronel Cavalcanti.


Para calibrar la importancia de este hecho tenemos que situarnos en el difícil contexto de la época. Con los sucesos del Barranco del Lobo y de la semana trágica muy recientes en la memoria, el ejército español sufría una de sus peores crisis de desprestigio entre nuestra sociedad. El Gobierno se percató de que tenía que tomarse más en serio los asuntos de África y reforzó las tropas allí asentadas con algunas de las mejores con las que contaba en la península. Entre estas se encontraba el escuadrón de Caballería “Alfonso XII”, principal protagonista de esta historia.

El Comandante de la zona era el General Marina, que tras dividir sus fuerzas en cinco grandes unidades se decidió a pacificar el norte de Melilla, llegando al Cabo Tres Forcas para no dejar al enemigo a sus espaldas antes de volverse al Sur. Tras dividir sus fuerzas en dos columnas, una se dirigió al sur hacia el zoco el Had, siguiendo el río de Oro y la otra más al norte, con dirección a Taxdirt. Esta segunda columna, al mando del General Tovar, llegó a su destino sin demasiadas dificultades, aunque trabando algunos combates en los que destacaron los nombres del Cabo Pedro Calvo y el Teniente Velarde.

El día 20 de septiembre de 1909, por la mañana, los batallones de cazadores de Cataluña, Chiclana y Tarifa se despliegan frente a Taxdirt donde los rifeños han acumulado fuerzas para su defensa, trayéndolas del zoco el Had y, sintiéndose fuertes, contraatacan el dispositivo español. Tras intensos combates y ante la actitud cada vez más pasiva de los rifeños, el general Tovar decide retirar a las tropas que estaban en vanguardia, el batallón de Cataluña, y sustituirlo por el Tarifa. En el proceso del relevo y aprovechando el momento de desorganización de las tropas españolas, los rifeños iniciaron un feroz ataque con la intención de envolver al batallón que se estaba desplegando. Es en este momento cuando el General Tovar ordena al Teniente Coronel Cavalcanti que auxilie al batallón Tarifa con su escuadrón de caballería dándole una total libertad de acción. Tras un rápido estudio del terreno y con tan solo 65 caballos, Cavalcanti se sitúa en el flanco izquierdo del enemigo tras una loma. Es aquí cuando llegamos al punto culminante de la batalla. Tras alcanzar la cima, Cavalcanti ordena desenvainar los sables y recuperando el grito de guerra que acompañó a la Reconquista y a los Tercios, el escuadrón Alfonso XII se lanza en una vertiginosa carrera que aterra a los 1500 rifeños que sin poder reaccionar se ven superados y comienzan a huir despavoridos.

Tras esta primera exitosa carga, Cavalcanti solo cuenta con 40 caballos, además algunos jinetes se han lanzado a la persecución de los rifeños y sus fuerzas están dispersadas. A esto se suma que el enemigo, superada la sorpresa, se reorganiza y se prepara para contraatacar. Llegados a este punto, es donde los autores contrarios a Cavalcanti vuelcan sus críticas, pues lo acusan de haber provocado la pérdida de muchos de sus hombres por esta acción suicida y ponen en duda las condecoraciones y reconocimientos que recibió por estos hechos, argumentando que sirvieron para tapar el desastre de la batalla. Pero lo cierto, es que Cavalcanti supo reagrupar lo que le quedaba de su escuadrón, el cual se defendió disparando sus carabinas, y que gracias a su acción el batallón de Tarifa pudo salvarse, reorganizarse y devolver ahora la ayuda a la caballería española. Al mando del Teniente Coronel Moreira acuden por el mismo camino por el que había atacado el escuadrón y consiguen hacer retroceder a los rifeños. El propio Moreira, que alentaba a sus hombres caracoleando con su caballo a través de toda la línea, es gravemente herido en la acción.

Aquella jornada, como en Clavijo, el apóstol Santiago al cual invocó Cavalcanti pareció volver a bajar al mundo terrenal para salvar a los españoles de un nuevo desastre en tierras africanas.

El escuadrón Alfonso XII recibió por esta acción la corbata de la cruz de San Fernando de manos del rey Alfonso XIII en Sevilla. Cavalcanti fue ascendido a Coronel y recibió la laureada de San Fernando, un premio justo a una carga de caballería tan romántica, como decisiva que pareció retornar el arte de la guerra a unos siglos atrás.

Me gustaría dedicar este modesto artículo a todos los héroes que defendieron el nombre de España en África, a los miembros de la Caballería Española y a mi compañero Paulo Sanz Baillo, antiguo miembro del acuartelamiento que lleva el nombre del protagonista de esta hazaña.

Mapa de la zona de operaciones

Suena el clarín… con sus bélicos sones de guerra.


Suena el clarín… óyelo, Cazador de Taxdirt.

Vamos allá... galopad sin cesar.

Si lucháis como buenos… no tenéis que temer.…

A la Carga, a la Carga, a la Carga, bravo Cazador de Taxdirt

(Del Himno del “Sagunto” 7, heredero del Estandarte, historial y tradiciones de los “Cazadores de Taxdirt”)
 
Himno de la carga de Taxdirt en youtube:
http://www.youtube.com/watch?v=TjdIv7eZ9dY

viernes, 27 de agosto de 2010

La Batalla de Clavijo.

Castillo de Clavijo
Una de las batallas más famosas, y a la vez más discutidas respecto a su existencia, es la Batalla de Clavijo. Después de la Batalla de Covadonga, Clavijo es la segunda gran victoria de la Reconquista. El motivo de que se haya puesto en duda su veracidad es que la victoria cristiana en esta batalla se atribuye a la legendaria intervención del apóstol Santiago. Pero dejando al margen esto, no hay porque poner en duda la existencia histórica de los hechos, y sino fue en Clavijo, parece casi demostrado que si hubo una importante victoria cristiana a mediados del siglo IX, como pudo ser la Batalla de Albelda.

Cruz de Santiago en el castillo de Clavijo
El cómo se llegó a esta batalla, parece tener su origen en otro hecho envuelto también de cierta leyenda, como era el pago que los reyes cristianos tenían que hacer a los emires árabes de cien doncellas. Estamos en el año 844, cuando el rey de Asturias, Ramiro I se niega a pagar este tributo y el caudillo musulmán, Abderramán II decide enviar una expedición de castigo. Ramiro I no se echo atrás y salió a buscar a su enemigo, pero al llegar a la zona de Albelda y Nájera se vio rodeado por el ejército musulmán teniendo que refugiarse en el castillo de Clavijo en Monte Laturce, a unos 25 kilómetros al sur de Logroño. En gran semejanza con el sueño que tuvo el emperador Constantino antes de la Batalla del Puente Milvio (y no por eso nadie duda de la autenticidad de dicha batalla), Ramiro I, la noche antes de la batalla soñó con que se le aparecía el apóstol Santiago, el cual le aseguró que vencería y que el mismo le ayudaría en la contienda, bajando de los cielos en un caballo blanco. Los españoles vencieron al día siguiente al grito de Que Dios nos ayude y Santiago. Ramiro I atribuyó su victoria a esta intervención divina y desde entonces se creó el Voto de Santiago, un voto sagrado y solemne con el compromiso de abonar las primicias de las cosechas de cada año y el equivalente al gasto de un caballero en combate para la diócesis de Santiago; y la peregrinación a la ciudad con su nombre en la que está enterrado, para darle gracias por esta victoria y llevarle ofrendas. Es aquí cuando nace la figura de Santiago matamoros y su símbolo de cruz roja en forma de espada que hoy es en parte del escudo de nuestro ejército.

Santiago Matamoros
Otros autores sitúan la batalla en el 856 con Ordoño I; y también hay quienes afirman que la leyenda de la intervención de Santiago fue en el 939, en la Batalla de Simancas con Ordoño II. De lo que no cabe duda, es que fue en el inicio de la formación de los reinos cristianos, cuando a raíz de una gran victoria se instituyó el culto al santo patrón de España.

Como curiosidad, apuntar que el Voto de Santiago se mantuvo en vigor hasta la Constitución de Cádiz de 1812, cuya una de sus primeras medidas fue abolirlo. Los más fanáticos del apóstol afirman que fue a raíz de esto que empezó la caída de España como gran potencia mundial, pero eso por desgracia era un proceso mucho más largo que ya venía de antaño, porque como bien dicen en la película La caída del Imperio Romano, refiriéndose a Roma, pero que también se le puede aplicar perfectamente al viejo león hispano, su caída duró más tiempo que el que existen en total muchos otros imperios.

miércoles, 18 de agosto de 2010

Gaudiosa, la mujer guerrera de Don Pelayo.

De todos es conocida la Batalla de Covadonga que inició la Reconquista y, quien más y quien menos, sabe quien era Don Pelayo, el héroe y futuro rey que encabezó a los guerreros españoles en dicho combate. Pero, seguramente, pocos han oído hablar de su esposa, Gaudiosa, y menos aún conocerán el papel tan importante que desempeño en estos primeros pasos de recuperación del territorio a los invasores. En esta grandiosa mujer se junten por desgracia el hecho del poco interés que los españoles tenemos en general por reivindicar nuestro glorioso pasado; con el no menos lamentable del poco caso que se ha hecho a los actos de las mujeres a lo largo de la historia. Es por tanto muy difícil saber quien fue esta mujer y que es lo que hizo, y los expertos han tenido que bucear mucho en las fuentes antiguas para poder extraer la poca información que de ella poseemos. Una de las pocas menciones a está mejor es la del Códice Ovetense de la Crónica Alfonsina.

Tumba en Covadonga de Don Pelayo, su esposa y su hermana

El nombre de Gaudiosa significa gozosa, o según otros autores, agradable a Dios. Parece ser que nació en la localidad de Liébana, en la zona de Cosgaya, dominio de las tribus de cántabros y astures. Cuando Don Pelayo se refugió en estas tierras, tras la dolorosa derrota del ejército del rey godo Don Rodrigo en Guadalete, fue cuando conoció a esta dama que acabaría convirtiéndose en su esposa. Lo más probable es que fuera la hija de un jefe astur y que el matrimonio le valiera a Don Pelayo ganar aún más confianza con los rudos montañeses. Pero Gaudiosa demostró no ser una mujer que se conformará con su papel de ofrecer descanso al guerrero y cuando Don Pelayo preparó la legendaria resistencia en Covadonga, su esposa, temerosa de que este fuera derrotado no se quedó de brazos cruzados. Aunque su esposo la había enviado a su localidad natal para que estuviera segura, ella por su cuenta y riesgo comenzó a reclutar un ejército con las gentes de Cosgaya para continuar la lucha contra el invasor. Tras recibir las buenas noticias de que su marido había salido vencedor de la contienda y aclamado como rey, de nuevo Gaudiosa dio muestras de su carácter, y lejos de conformarse e irse a lanzar a los brazos de su marido, aprovechó que ya contaba con un ejército formado y salió al encuentro de los restos del derrotado ejército musulmán. Tras dar con ellos, los aniquiló en un lugar cerca de Espinama, el cual hoy día es conocido como Campos de la Reina en honor a nuestra protagonista.

Gaudiosa y Don Pelayo tuvieron dos hijos, Favila, que heredó el trono de su padre, pero que murió atacado por un oso; y Ermesinda, que se casó con el que sería Alfonso I, hijo del duque godo de Cantabria, Don Pedro. De esta manera se unieron en los futuros monarcas de la naciente corona astur los linajes godo y montañés que irían recuperando palmo a palmo la hispana tierra de manos del invasor.

EL MARQUES DE LA ROMANA Y LA EPOPEYA DE LA DIVISIÓN NORTE.

Una de las gestas más impresionantes, a la vez que desconocida, de los inicios de la Guerra de la Independencia, es la que protagonizaron unos millares de soldados de españoles, los cuales, de repente, se vieron muy lejos de su patria y bajo el servicio del mismo que estaba subyugando a sus gentes. Tuvieron que iniciar así una autentica odisea para poder volver a proteger sus hogares. Es la epopeya de la División Norte que comandaba el Marqués de la Romana.

El Marqués de la Romana

Pedro Caro y Sureda era el III Marqués de la Romana. Nacido en Palma de Mallorca en 1761, estudió junto a su hermano en el colegio de la Trinidad en Lyon, que por entonces era de los mejores de Europa. Dese sus inicios Pedro Caro demostró un gran interés por los libros y fue un gran estudioso. Gracias a los meritos de su padre, el rey Carlos III, le dio a él y a su hermano plaza de Guardia Marinas. Como Alférez de Fragata participó en la recuperación de la isla de Menorca de manos de los ingleses en 1781. Prosiguió su carrera en la Armada sin abandonar sus estudios perfeccionándose en los mejores colegios de Europa. En 1790 es ya Capitán de Fragata. Con motivo de la Guerra del Rosellón se pasa al ejército con el rango de Coronel, destacando en varias acciones y estando presente en las negociaciones de la Paz de Basilea de 1795. Siguió con sus ascensos y Carlos IV le nombra Capitán General de Cataluña.

Llega 1807 y el pacto de amistad con Francia, firmando principalmente por la influencia de Godoy sobre los reyes, empieza a pasarnos factura. Napoleón quiere invadir Suecia y para ello ha concentrado un ejército franco-belga en Dinamarca. España enviará 14000 hombres, la flor y nota de sus soldados, incluidos los 6000 que estaban destinados en el Reino de Etruria. Su comandante será el Marqués de la Romana. Este cuerpo recibirá el nombre de División Norte. Tras salir de España en Abril de 1807, y tras un periodo acampados en Hamburgo; en Agosto ya se encuentran en Dinamarca. El total del contingente lo manda el mariscal francés Bernadotte.
Cuadro sobre el juramneto de las tropa españolas en Dinamarca

Frente a la forma de comportarse de belgas y franceses como autenticas tropas invasoras, los soldados españoles dejaron una imagen muy positiva en el recuerdo de los daneses por su trato cortés y amistoso con la población. Con motivo del segundo centenario de estos hechos, en Dinamarca se organizaron una serie de eventos, entre ellos una exposición cuyo tema era la presencia de la División Norte. Entre otras cosas, en la exposición se hablaba de que los españoles enseñaron a los daneses a liar tabaco, aliñar ensaladas o usar ajo en las comidas.

Para quienes no conozcan la geografía danesa, aparte de la península que comprende la mayor parte de su territorio, el país se compone de multitud de pequeñas islas, siendo las tropas españolas distribuidas en varias de ellas. Cuando llegaron a los oídos del Marqués de la Romana los sucesos del 2 de Mayo y de la rebelión española, esta dispersión fue el mayor problema para poder organizar una evasión generalizada. En un principio, dada su delicada situación, el Marqués aparentó seguir siendo fiel a Francia e incluso instó a sus tropas a que juraran de forma colectiva fidelidad a Bernardotte y José I para poder ganar tiempo, pero estas se negaron a tamaña humillación. Cuando tras varias negociaciones secretas con los ingleses, el Marqués pudo empezar a embarcar a las tropas rumbo a España tras burlar la vigilancia de los franceses, una serie de contratiempos y delaciones impidió que el éxito de la empresa fuera total, quedándose en Dinamarca presa de los franceses 225 oficiales y 4950 soldados españoles. Muchos de estos fueron obligados a luchar en el ejército napoleónico en Rusia, como muy bien recogió Arturo Pérez-Reverte en su esplendida novela Bajo la sombra del Águila, dejándose la vida por una patria que estaba invadiendo la suya propia. Pocos fueron los supervivientes que después de miles de penuria pudieron regresar a sus hogares.

Ilustración sobre las tropas de la División del Norte
Por su parte, el Marqués de la Romana, una vez en España, no dejó de combatir a los invasores, hasta que falleció de un ataque de disnea a inicios del año 1811. Para comprobar su valía como militar, sirven las palabras del general inglés, el Duque de Wellington, que se mostró siempre muy crítico con la forma de actuar de los mandos españoles y que sin embargo dijo de nuestro protagonista: "El ejército español ha perdido en él su más bello ornamento, su nación el más sincero patriota y el mundo el más esforzado y celoso campeón de la causa en que estamos empeñados".



Bibliografía:

-Wikipedia.

-Artículos de ABC y El País.

lunes, 16 de agosto de 2010

EL TIMBALER DEL BRUCH.

A pesar de que la primera derrota en campo abierto del invicto ejército napoleónico fue en los campos de Bailén, ante las tropas españolas comandadas por el General Castaños; ya antes las armas francesas habían sido sometidas en nuestra tierra. Fue en Cataluña, en el Bruch, situado en el corazón de Montserrat cuando 3800 franceses, bajo el mando del General Schwartz, fueron emboscados por 2000 españoles, principalmente somatenes catalanes y algunos soldados profesionales suizos del ejército español, principalmente de Manresa e Igualada, pueblos que los franceses querían castigar por su rebeldía. Esto ocurrió el 4 de Junio de 1808, un mes y medio antes de Bailén, y mientras que los voluntarios españoles dejaron tan solo 20 muertos, los franceses hubieron de retirarse con 320 muertos y 600 heridos, además de la pérdida de un cañón.


Los franceses habían ocupado Barcelona a mediados del mes de Febrero, perjudicando gravemente el comercio con América. Pronto esto generó una grave crisis y los pueblos del interior se negaron a pagar unos impuestos. Así que los franceses decidieron hacer esta expedición de castigo.

Las hazañas del Timbaler se llegaron a representar en comics.
Pero los hechos que crearon el mito que aquí se narra, ocurrieron diez días después, cuando tras haber aprendido la lección, los franceses volvieron a intentar penetrar en el interior de Cataluña por este punto estratégico. También los somatenes habían perfeccionado sus defensas, pero poco podrían haber hecho ante el superior equipo y número de los invasores, de no haber mediado la participación del legendario, pero auténtico, Timbaler del Bruch. La batalla que se dio en este día no arrojó grandes pérdidas, 15 muertos españoles y 83 franceses (más 274 heridos), pero esto se debió a la huida de estos últimos. Se dice que en medio de la refriega un joven de 17 años empezó a tocar su tambor. El sonido de este, al chocar con las rocosas paredes de Montserrat se vio multiplicado creando un gran estruendo que hizo pensar a los invasores que el ejército enemigo era mucho más numeroso, de forma que presos del pánico se retiraron.

Hay quien pone en duda esta historia y la califica como una leyenda inventada, asegurando que esta batalla se ganó por la superioridad de la artillería española. Sin restar merito al papel de los combatientes de aquella jornada, lo cierto es que ya en 1809 un historiador catalán, Cabanes, hace referencia a estos hechos. Cuenta que el chico se llamaba Isidre Lluça i Casanoves, natural de Santpedor y que murió ese mismo año. Hay otros autores que dicen que junto a él había otro tamborilero de Igualada llamado Benito Malheví y un antiguo trompeta de caballería, vecino de Piera, de nombre Miguel Rigol. También hay quien dice que en realidad lo que asustó a los franceses fue el retronar de las campanas de los pueblos vecinos. Pero, el que ha pasado a la historia ha sido Isidre, que hoy en día cuenta con monumentos en su localidad natal y en el paso del Bruch, donde al pie de su estatua dice:

“Viajero, para aquí, que el francés también paró, el que por todo pasó no pudo pasar de aquí.”

Estatua del Timbaler

Cabe destacar que está próximo el estreno de una película sobre estos hechos. Ya existen, al menos que yo conozca dos más, una de los años 40, en la exploxión del cine patriota, y otra de los 80 protagonizada por Jorde Sanz. En esta nueva versión, cuyo protagonista es Juan José Ballesta, no sabemos que nos vamos a encontrar. Esperamos con ilusión su estreno, aunque también con mucho excepticismo conociendo el actual cine español. Aquí dejo el trailer colgado en Youtube, que no es que diga mucho, pero de momento es lo que hay.

EL CHARRO, UN GUERRILLERO ESPAÑOL.

El Charro
La historia de Julián Sánchez, conocido como El Charro, parece extraída de la leyenda o de una novela de aventuras, pero es tan cierta como que aún se recuerdan sus gestas por las tierras salmantinas.

Hijo de labradores, siguió esta profesión hasta que con 19 años decidió alistarse, concretamente en el Regimiento de Infantería de Mallorca, con el cual participó en la Guerra del Rosellón, cayendo prisionero en Tolón hasta que fue liberado por la Paz de Basilea. Tras su liberación participó en la defensa de Cádiz contra los ingleses de Nelson y en la Guerra de las Naranjas, después de la cual optó por licenciarse. Poco tiempo le duró la paz a Julián. Había contraído matrimonio y vivía demás junto a su madre y hermanas, las cuales parece ser que fueron deshonradas por las tropas invasoras francesas, lo que acabó de convencer al Charro para tomar las armas contra ellos. El 15 de Agosto de 1808 se alista en el Regimiento de Caballería que se estaba organizando en Ciudad Rodrigo. Desde un primer momento el Charro dejó claro que combatir de una manera regular no iba mucho con él, y optó por adoptar una silla de montar diferente que le permitía más movilidad en su caballo, así como un uniforme distinto al que se estilaba. A pesar de todo pronto alcanza los empleos de Cabo 1º, Sargento y Alférez, y es a partir de entonces, como con una partida de solo 12 hombres inicia sus hazañas. Sus hombres no llevaran lanzas, sino garrochas, como los héroes de Bailén. Son hombres de campo que utilizan esta herramienta como una extensión de su brazo. Poco a poco, Julián irá sumando adeptos. Se dedica a ir por todos los pueblos salamantinos buscando a los mejores jinetes y los franceses sufrirán un autentico calvario cada vez que intenten atravesar las tierras charras. Se conocerá su partida como Los Doscientos de Julián, se adscribe así al cuerpo mandado por el general inglés Wilson con el grado de coronel, pero con autonomía propia y aplicando sus propios métodos. Ya en el ejército del futuro duque de Wellington, el número de guerrilleros bajo su mando se hace tan grande que su partida pasa a denominarse Regimiento Ligero de Lanceros de Castilla, y por último acaba constituyendo la Brigada de Don Julián, denominación que le otorga el ejército a partir de 1810. Posteriormente, el propio Wellington ante tal número de efectivos decide adscribir la partida al cuerpo que el manda y les obliga a adoptar uniformes regulares. Serán así como se presenten en la famosa Batalla de los Arapiles, donde muchas veces se ha menospreciado el papel de las tropas españolas, pero donde la gente del Charro capturó 500 prisioneros franceses y varias piezas de artillería.
Monumento al Charro en Salamanca

El Charro participó en numerosas acciones a lo largo de la Guerra de la Independencia, y como no podía ser de otra forma en tan peculiar personaje protagonizó anécdotas que aún se cuentan por los pueblos de la zona. Pero no solo él, sino también sus hombres eran especiales. Famosa es aquella ocasión en que la estando Salamanca plagada de franceses, se celebraba una romería, y cinco de sus hombres naturales de la ciudad decidieron bajar a hacer acto de presencia, burlando la seguridad francesa y acabando con unos cuantos enemigos en su retirada. Centrándonos en el Charro, quizás sea la más espectacular aquella que protagonizó por recuperar su caballo el cual había perdido en una refriega contra los franceses. Posteriormente es informado de que el caballo ha sido regalado como botín de guerra al propio Dorsenne en persona, gobernador militar de Salamanca, el cual se regocija ante el hecho de montar sobre el corcel del héroe de la población salmantina, al que veneran como a un Mesías. Julián se presenta en Salamanca de incognito, y cuando Dorssene pasa revista a las tropas en el puente, a lomos del caballo, éste sale de entre la muchedumbre asistente y se precipita sobre el jinete. A la voz del amo el caballo inicia una vertiginosa carrera por el camino de Ciudad Rodrigo. Al poco rato Julián se deshace de Dorsenne arrojándolo de la montura a la altura de la Pescantía, mientras los franceses lo persiguen incapaces de alcanzarle ante su endiablada velocidad sobre la grupa.

Tras la Guerra de la Independencia fue nombrado Gobernador militar de Santoña, pero no habían acabado los días de guerra para El Charro, ya que como enemigo del absolutismo se enfrento a los Cien Mil Hijos de San Luis en 1823, enviados para restaurar la autoridad de Fernando VII. Derrotado fue hecho prisionero, pero liberado pronto por el Duque de Angulema, aunque varias veces más sufrió presidio hasta su total absolución. Poco tiempo después, en 1832, muere el Charro en Etreros.

Hace unos años, la villa de Etreros cedió los restos mortales de Julián Sánchez a la ciudad de Salamanca, donde estuvieron depositados varios meses, en la Torre del Clavero, rindiéndosele honores militares. El féretro recorrió las calles de la ciudad entre aplausos y vítores de millares de salmantinos, las campanas de los cientos de campanarios de Salamanca retumbaron para homenajearle y se lanzaron al aire más salvas aquel día que en los de los entierros de cualquier monarca o jefe de estado.

Posteriormente, el ayuntamiento de Salamanca cedió a su vez los restos de El Charro al ayuntamiento de Ciudad Rodrigo, ciudad en la que descansan actualmente.

Dicen las gentes de la zona, que aún hoy puede verse en mitad de las dehesas, a través de la bruma matinal y la verde espesura de los prados y los encinares, la erguida silueta fantasmagórica de un jinete altivo, sobre un caballo blanco. Que mira fijamente y arma su garrocha. Y como poco a poco, su figura se pierde con la bruma y el lejano tintineo de unas espuelas.

Quizás esto último no sea cierto, pero lo que aún permanece seguro en el eco de esas tierras es aquella canción que decía:

"Cuando Don Julián Sánchez monta a caballo se dicen los franceses ¡viene el diablo! Cuando Don Julián Sánchez monta a caballo dicen los españoles ¡vienen los charros!"

Monumento de la tumba del Charro en Ciudad Rodrigo
Me gustaría dedicar este artículo a un gran guerrillero como el Charro, mi amigo y compañero, el S.A. Víctor Domínguez Ruiz, orgullo de la Sección 11.



BIBLIOGRAFÍA: -Wikipedia.

-Web http://numisma.forum-express.net/medallistica

jueves, 12 de agosto de 2010

EL CABO NOVAL. OTRO CENTENARIO GLORIOSO.

El 2009 fue un año de centenarios casi caídos en el olvido, otra épica efeméride que nos dio la guerra de África en 1909 fue la gesta del Cabo Noval.


El Cabo Noval
Luis Noval y Ferrao era un asturiano de Oviedo que con 21 años entró en las filas del Regimiento de Infantería Príncipe nº 3. A los pocos meses de su incorporación fue ascendido a Cabo, justo al mismo tiempo que su regimiento partía rumbo a Marruecos para combatir en tierras africanas. No tardó mucho en entrar en combate en la famosa batalla de Taxdirt, ya señalada días atrás. Se conserva una carta que escribió a su padre hablándole de esta acción y de lo mucho que echaba de menos las fiestas de su Oviedo natal. Participó también en la toma del zoco de el-Had de Benisicar, donde pocos días después encontraría la muerte. Se podría explicar y alabar su hazaña de muchas maneras y con todos los adornos del mundo, pero que mejor narración que el testimonio de su propio coronel en una carta dirigida al diario El Correo de Asturias, la cual decía así: “se encontraba el cabo Luis Noval, a las 2:30 de la mañana del 28 de septiembre, recorriendo la línea de escuchas, y sin duda debido a la oscuridad de la noche, se alejó más de lo conveniente, en el momento en que fue atacado el campamento por nuestros enemigos; un grupo numeroso de los cuales condujo a dicha clase hasta cerca de la alambrada del reducto ocupado por la tercera compañía gritando: "¡Alto el fuego que somos españoles!", a cuyas voces el primer teniente Evaristo Álvarez, al distinguir al cabo Noval que llegó hasta las alambradas, mandó hacer alto el fuego, lo que oído por el cabo, gritó seguidamente: "¡Tirar, que vengo entre moros! ¡fuego! ¡viva España!" Roto el fuego, se rechazó al enemigo con grandes pérdidas, y hecha la descubierta al amanecer, se encontró el cadáver del heroico Noval, abrazado a su fusil, con la bayoneta calada teñida en sangre, y próximo al mismo un moro muerto, que entre otras heridas de arma de fuego, tenía atravesado el pecho de un bayonetazo. A corta distancia había otro cadáver moro, que el enemigo no pudo retirar en su precipitada huida. Otros hechos distinguidos tuvieron lugar en esta jornada, en el brusco ataque al campamento ocupado por las tres compañías del primer batallón, y no alcanzando la importancia del relatado, merecen sólo los honores de figurar en la historia del Cuerpo, por cuya razón los omito. Al propio tiempo, tengo el gusto de participarle que en el regimiento se ha abierto una suscripción con objeto de perpetuar la memoria de este heroico soldado, y si esa querida provincia estima que debe hacerse algo en favor del mismo, cuenten siempre con el que suscribe y todos los jefes, oficiales e individuos de tropa a sus órdenes”.

Su memorable acción caló hondo en la sociedad española y los homenajes no se hicieron esperar, y no solo en su ciudad de origen, sino también en muchas otras. El Ayuntamiento de Valencia erigió un monumento al cabo Noval y a los soldados valencianos muertos en África; el también valenciano pintor Antonio Muñoz Degraín compuso un magnífico cuadro inspirado en la hazaña del cabo ovetense; Sevilla dio su nombre a una calle; lo mismo hizo Logroño; Madrid le erigió en la plaza de Oriente un monumento, obra de Mariano Benlliure, inaugurado en 1912.

Un año después de su muerte se le concedió a título póstumo la Cruz Laureada de la Orden Militar de San Fernando.

Monumento al Cabo Noval en Madrid
Sus paisanos tendrían que esperar siete años para recuperar sus restos, que fueron recibos con todos los honores y sus mejores galas y depositados bajo el monumento, obra de Víctor Hevia, levantado en el cementerio del Salvador, donde aún reposan en la actualidad.

Fuentes: Wikipedia y web www.vivirasturias.com

miércoles, 4 de agosto de 2010

ALONSO DE CONTRERAS. EL VERDADERO CAPITÁN ALATRISTE.

Hay vidas que parecen más propias de una película o novela que de la realidad, y un verdadero ejemplo de esto es la vida del Capitán Alonso de Contreras, del cual se dice que el mismísimo Arturo Pérez Reverte lo tomo como referencia para crear al famoso Capitán Alatriste, que tanto nos ha hecho disfrutar leyendo sus aventuras.


Alonso de Contreras podría haber sido uno más de los miles de héroes españoles que buscaron la fama, honor y ganarse la vida en los mares y campos de batalla europeos. La diferencia es que, al parecer siguiendo el consejo de su amigo Félix Lope de Vega, decidió escribir sus memorias, las cuales llevan por título Vida de este Capitán, siendo estas uno de los pocos testimonios escritos de primera mano que conservamos de la época más gloriosa de nuestros ejércitos.

Nacido en Madrid en 1582, pronto empezó nuestro protagonista a demostrar que lo suyo no era llevar una vida tranquila, ya que con tan solo 12 años tuvo que cumplir un año de destierro en Ávila, tras acuchillar y acabar con la vida de un compañero de estudios. Al volver de su exilio, su madre consiguió encontrarle trabajo como aprendiz de un platero, pero Alonso pronto se cansó de esa vida sin emociones y a los 14 años, en 1597, se alista en el Ejército de Flandes del Archiduque Alberto de Austria.
Las aventuras autobiográficas del
Capitán han sido traducidas a varios idiomas.

Por culpa de un malentendido con sus superiores, según su propia versión, abandona su unidad para acabar llegando a Palermo, donde se embarca en las galeras de Pedro de Toledo, que luchaban contra los turcos y piratas berberiscos en el Mediterráneo. Aprendió rápido Alonso el arte de la navegación, y con solo 19 años recibe el mando de una fragata para vigilar las costas griegas y espiar a los turcos, de los que llego a aprender su lengua. Aprovechó también para ejercer el corso, actividad en la que destacó, con hazañas como conseguir secuestrar a un rico judío de Tesalónica que trabajaba para el gran turco, o a la amante del Solimán de Catania.

En 1603, con 21 años, es nombrado Alférez de Infantería. Aunque era muy mujeriego, decide casarse en 1606 con una rica viuda española que vivía en Sicilia, a la que mató dos años después, acompañada junto al supuesto amigo con el que le era infiel. Alonso seguía demostrando que no le temblaba la mano cuando tenía un arma en ella. Tras este suceso vuelve en Madrid, intentando sin conseguirlo hacerse un hueco en la corte. Después de no conseguir su objetivo, se retira como ermitaño a una zona del Moncayo, pero le sacan de allí acusado de forma increíble de ser el cabecilla de una rebelión morisca. Todo vino porque unas armas que fueron encontradas en una casa de moros de Hornachos, se dijo que eran suyas, y que se había ido al Moncayo porque era una zona estratégica entre Castilla y Aragón. Contreras dirá en sus memorias que este episodio le sirvió a su amigo Lope de Vega para escribir la obra El Rey sin Reino.

Pese a que resultó absuelto, tuvo que huir a Flandes, donde sirvió como oficial en la guarnición de Cambrai. Consiguió volver al Mediterráneo e ingresar como novicio en la Orden de Malta, pero su carácter bravo hace que sea encarcelado varias veces más. Ya como Capitán de Infantería participa en una expedición a América, allí ejerció el corso en la zona de Puerto Rico contra los ingleses, dándoles de probar a estos de su propia medicina. En 1616 vuelve a España para luchar de nuevo contra berberiscos y turcos que ponen un alto precio a su cabeza.

Tras ejercer un tiempo como gobernador de la ciudad de L´Aquila, cercana a Roma, donde cumplió con firmeza sus funciones, se retira en 1630, y al parecer gracias a la mediación de su siempre presente amigo Lope de Vega, recibe el título de Caballero Comendador de la Orden de San Juan de Jerusalén o de Malta. Parece que fue entonces cuando se dedicó a escribir sus memorias, las cuales llevan por título completo Vida, nacimiento, padres y crianza del capitán Alonso de Contreras, natural de Madrid Cauallero del Orden de San Juan, Comendador de vna de sus en comiendas en Castilla, escrita por él mismo, y por subtítulo, Discurso de mi vida desde que salí a servir al rey, de edad de catorce años, que fue el año de 1597, hasta el fin del año de 1630, por primero de octubre, que comencé esta relación. Por distintas circunstancias, estas no se publican hasta el año 1900, cuando el manuscrito es descubierto por Manuel Serrano y Sanz, quien hizo una primera edición que contenía supresiones y errores. Después se han hecho varias ediciones con prólogos y comentarios de diversos autores. La obra fue editada en 1943, con un ensayo preliminar de José Ortega y Gasset, y más tarde por el hispanista Harry Ettinghausen.

Pero no acaba aquí la obra literaria de nuestro protagonista, pues de él también se conservan varios memoriales relatando sus servicios, los cuales se redactaban para pedir y justificar una promoción. Algunos están hoy archivados en el Archivo General de Simancas. Además escribió un derrotero del Mediterráneo que él mismo creyó perdido pero que ha sido recuperado y está publicado y que se titula Derrotero universal desde el Cabo de San Vicente, en el Mar Océano, costeando Cartagena, Cataluña, Francia, Nápoles, Golfo de Venecia, Archipiélago de Levante, Caramania, Natolia, Suria, Egipto, Nilo, volviendo por Berbería hasta Cabo Cantín, Islas de Sicilia, Cerdeña, Mallorca, Candía, Chipre. El manuscrito original se encuentra hoy en la Biblioteca Nacional de Madrid.

El propio Capitán Contreras definió su estilo como literario como Ello va seco y sin llover, aunque creo que lo mejor es que cada uno lo compruebe por sí mismo y lea de primera mano sus interesantes aventuras ya que fácilmente se pueden encontrar en Internet.

martes, 3 de agosto de 2010

ÁLVAREZ DE CASTRO, EL HEROE DE GERONA.

El protagonista que hoy nos ocupa es importante no solo por acciones en la Guerra de la Independencia, sino porque fue de los pocos altos mandos militares que desde un principio se opuso a la presencia de los franceses en nuestras tierras. Nacido en Granada en 1749, ingreso muy pronto en el ejército. Participó como oficial en el sitio de Gibraltar de 1787 y ya como coronel en 1793 tomo parte en varias acciones de la Guerra del Rosellón. En 1801 intervino en la Guerra de las Naranjas, ocupando Elvas y Villaviciosa.

Alvarez de Castro

Es en 1808, antes de los hechos del famoso 2 de Mayo, cuando, como gobernador militar del castillo de Montjuich en Barcelona, da muestras de sus posturas anti francesas y se opone a entregarles su fortaleza cuando estos llegaron a la ciudad. Las presiones del Capitán General de Cataluña, le obligaron a su entrega, tras la cual, abandona la plaza para unirse al ejercito que se formó tras la revuelta de Madrid. En 1809 es nombrado gobernador militar de Gerona, donde escribirá las páginas más gloriosas de su carrera. Esta ciudad ya había soportado dos asedios antes de que llegara Álvarez de Castro, pero será a partir de Mayo de ese año cuando los franceses concentran más esfuerzos para tomar la ciudad y empiezan a tomar las localidades más cercanas a la capital gerundense. Álvarez de Castro empieza a almacenar provisiones y armas ante el más que previsible largo asedio al que se iba a ver sometida la ciudad. En Junio aparece ante las puertas de Gerona el general francés Saint Cyr con 18000 soldados, ante los 5600 con los que contaba Álvarez de Castro. Para dejar bien claras sus intenciones, el gobernador español publica un bando que dice “Será pasado por las armas el que profiera la voz de capitular o de rendirse”. A las propuestas de negociación del general francés responde “no queriendo tratos con los enemigos de su patria, recibiría a cañonazos a cuantos parlamentarios le enviasen”.
Monumento a la Resistencia de Gerona

Durante 7 meses los gerundenses resistirán como hicieron los maños en la misma guerra o como muchas otras veces lo había hecho el pueblo español a lo largo de su historia. Pese a todas las dificultades, Álvarez de Castro no dejo de construir defensas y animar a la defensa. Se negó a aceptar todas las ofertas de rendición y solo cuando cayó enfermo y tomo el mando su lugarteniente, Juan Bolívar, la ciudad se rindió un 10 de diciembre. La resistencia le había costado 10000 muertos.

Los vencedores, como demostraron muchas veces a lo largo de la guerra, no supieron tratar con honor a tan dignos rivales, en especial a Álvarez de Castro, al cual enfermo como estaba fue trasladado a Perpiñán primero y al castillo de Figueras después, donde murió el 22 de Enero de 1810. La causas real de la muerte se ha debatido por los historiadores entre que murió fruto de su enfermedad, o que fue envenenado por los franceses. La rabia de los franceses contra su persona no acabo aquí, pues años más tarde, cuando volvieron a entrar en nuestras tierras, esta vez como los Cien Mil Hijos de San Luis que repusieron al ignominioso Fernando VII en el trono, cuando pasaron por delante de una placa conmemorativa a Álvarez de Castro, la destruyeron. Por justicia, a finales del siglo XIX, la ciudad de Gerona construyó un monumento en honor de tan digno héroe y de su gesta.

En el Museo de Historia de Gerona, de recomendada visita, se pueden ver más cosas sobre este episodio y su protagonista.
Cuadro sobre las salvajes luchas en Gerona

lunes, 2 de agosto de 2010

1898, NO TODO FUERON DERROTAS.

Del triste año de 1898 solo se recuerda la pérdida de nuestras últimas colonias, aquellas tierras lejanas dejaron de ser españolas tras siglos bajo nuestra bandera. Es de sobra conocido, que de no haber mediado la participación de Estados Unidos (tras la excusa de la explosión del Maine), muy diferente hubiera sido el resultado de las contiendas de Cuba, Puerto Rico y Filipinas.


Tras la declaración de guerra provocada por este suceso, la rápida intervención de EE.UU. cogió de sorpresa al gobierno español, que sin capacidad de reacción, apenas pudo enviar ayuda a las tropas destinadas en las colonias. Estas tuvieron que resistir a un ejército más numeroso y con sus bases de operaciones mucho más cercanas, especialmente en Cuba. Fue casi una guerra relámpago, decidida por dos batallas navales, las estrepitosas derrotas sufridas en los puertos de Cavite y Santiago de Cuba.

Por tierra, las tropas españolas, más escasas pero mejor preparadas, ofrecieron una ardua resistencia a los sorprendidos estadounidenses, que ya se estaban empezando a dudar de sus posibilidades cuando se produjeron las mencionadas derrotas en el mar.

Pero no todo fueron derrotas en el liquido elemento, hubo tres acontecimientos, tergiversados o silenciados por la fuentes de EE.UU., que cubrieron de gloria a nuestra Armadas, fueron los combates de Cárdenas, Manzanillo y Cienfuegos.

En Cárdenas, dos lanchas cañoneras españolas, la Ligera y Alerta y un simple remolcador, el Antonio López con un único cañón como arma, fueron capaces de derrotar a una flotilla americana formada por el torpedero Winslow, el guardacostas Hudson y el cañonero Wilmington, los tres con mucha mayor potencia de fuego. El peso de la batalla lo llevo el Antonio López, que gracias a su rapidez y acierto en el tiro desconcertó a los estadounidenses y dejó inutilizado el Winslow. Los americanos nunca dieron crédito a que un simple barco de un solo cañón les hiciera tanto daño y atribuyeron su derrota al ataque de poderosas baterías ocultas en la costa. El teniente de navío Montes, comandante del Antonio López, recibió por si acción la Cruz Laureada de San Fernando.

En Manzanillo los cruceros auxiliares de EE.UU. Hist, Hornet, y Wompatuck, tras perseguir a unas cuantas lanchas cañoneras españolas que se refugiaron en el puerto de dicho nombre, tuvieron que retroceder ante las habilidosas maniobras de estas pequeñas embarcaciones y finalmente retirarse con graves averías.

Explosión del Maine que desencadenó la
intervención americana en las guerras del 98
Por último, en Cienfuegos, se produjo un duro combate entre el cañonero español Diego Velázquez y el crucero americano Yankee. Basta solo comparar el peso de ambos navíos para ver lo desigual del combate, 180 toneladas el español por 6900 del norteamericano. Pese a esta inferioridad, el buque español que hizo una maniobra de evasión, tras llegar al puerto de Cienfuegos, consiguió el apoyo de las lanchas Lince y Cometa e hicieron huir a los americanos. Los americanos volvieron a justificar esta derrota falseando los datos, pues su comandante afirmó haber luchado contra un torpedero español de 600 toneladas fuertemente armado.

Es una lástima, que como muchas otras veces, la acomplejada historiografía española calle estos hechos y acabemos por creernos la versión que viene de fuera.

LOS SUBOFICIALES EN EL EJÉRCITO ROMANO.

Cuando hablamos de las legiones romanas y de sus hombres, lo primero que se nos viene a la cabeza es la figura de un rudo Centurión. Los grandes expertos en la materia lo consideran el primer oficial de la legión, aunque por sus funciones de adiestramiento y como encargado de mantener la disciplina entre sus hombres, bien podríamos ver en él a un suboficial. Pero al margen de esta apreciación, lo cierto es que el Centurión contaba con una serie de subordinados en la centuria, cada uno con sus propias funciones, que si que han sido considerados como los suboficiales de la poderosa maquinaria de guerra romana.


Del mismo modo que ocurría con la falange griega, la legión romana varió a lo largo de la historia, tanto en número, como en táctica, estrategia, tipo de armamento y otros aspectos. Pese a esto, su estructura jerárquica más conocida se mantuvo bastante uniforme, especialmente si nos centramos en los años más esplendorosos de sus legiones, desde la época tardorrepublicana hasta el Imperio.

El suboficial más importante con el contaba un Centurión era el Optio. El hombre que ocupaba este cargo solía ser elegido por el propio Centurión, que lo seleccionaba debido a su experiencia y buen hacer en el campo de batalla. En otras ocasiones eran sus propios compañeros los que solicitaban su nombramiento. El Optio apenas se distinguía en la vestimenta de los otros legionarios por llevar unas plumas o una cresta sobre el casco. Como brazo derecho del Centurión lo ayudaba en todo lo relacionado con la disciplina, táctica y el mantenimiento físico de sus hombres. Debido a su rango estaba rebajado de algunas tareas pesadas y cobraba el doble que los legionarios rasos. Si conseguía destacar en este puesto y sobrevivir varios años, podía llegar a alcanzar el grado de Centurión.

Según la tarea que realizaban se distinguían entre:

-Optio ad carcerem: al frente de la prisión militar de un castra legionis o de un castellum auxiliar.

-Optio candidatus: suboficial que ha sido designado por el jefe de su unidad para alcanzar un rango superior, normalmente el de centurión.

-Optio carceris: suboficial encargado de las celdas de una prisión.

-Optio centuriae u Optio centurionis: lugarteniente de cada centuria.

-Optio custodiarum: suboficial a cargo de la guardia.

-Optio draconarius: en el ejército bajoimperial era el suboficial más veterano de entre los portaestandartes o draconarii.

-Optio equitum: suboficial de la caballería legionaria y de la guardia pretoriana.

-Optio fabricae: encargado de la sección de reparación y fabricación de armas de su unidad.

-Optio navaliorum: suboficial de un navío de guerra, dependiente directamente del capitán.

-Optio praetorii: suboficial al frente de las dependencias del cuartel general de su unidad, tanto principia como praetorium.

-Optio principalis: indicación de la categoría a la que pertenecía.

-Optio speculatorum: optio al frente de los speculatores, soldados encargados de las labores de exploración y espionaje militar.

-Optio stratorum: optio al frente de los stratores o soldados destinados a la función de policía militar.

-Optio tribuni: suboficial destinado como asistente de un tribunus militum.

-Optio valetudinarii: encargado de las instalaciones del valetudinarium u hospital de su unidad.

Otro suboficial era el Tesserarius, de categoría inferior al Optio, recibía órdenes del Centurión a través de este. Cobraba paga y media y su nombre viene de la tessera, que era la contraseña que cada día se fijaba para poder acceder al campamento de la legión, por tanto sus funciones eran las de seguridad.

Por último, y casi tan importante como el Optio, tendríamos al signifer, que era el encargado de llevar la enseña de cada centuria, el signum. Se podría decir que era el abanderado. Además de distinguirse por llevar el estandarte, era fácilmente reconocible por ir cubierto con una piel de animal. Otra de sus funciones era la de tesorero de la centuria, motivo por el cual debía haber demostrado ser un hombre honrado e inteligente. En las centurias, los legionarios tenían una especie de caja de ahorros en la que iban depositando parte de sus pagas y el signifer tenía que llevar un registro con todos estos movimientos. Un signifer que hiciera bien su trabajo podía ascender a Optio. Los había de muchas clases distintas, siendo los más importantes:

Aquilifer en batalla. Nótese que aquí sí que es representado con piel de animal.
-Aquilifer, el signifer más importante pues era el encargado de llevar el estandarte con el águila de la legión. La pérdida del águila para una legión era considerada como un gran desastre, por lo que su portador tenía que gozar de un gran prestigio. Según algunos autores no llevaba piel de animal cubriéndole y portaba un pequeño escudo, llamado parma, sujeto al brazo.

-Draconarius, el signifer de la caballería romana. Adoptado por los romanos desde el siglo II por la influencia de sus auxiliares sármatas y dacios. El draco consistía en una enorme cabeza de dragón hecha de bronce a la que se añadía un tejido corporal artificial similar al de la serpiente y cuya cola estaba compuesta de tela. De alguna forma los romanos consiguieron colocar una especie de silbato en la boca del dragón de modo que este emitía un sonido aterrador cuando cabalgaba.

-Imaginifer era una clase de signifer que en tiempos del Imperio Romano portaba la imago - la imagen - del emperador. Este cargo fue establecido a partir de la implantación del culto imperial durante el reinado de César Augusto. La imago era un retrato tridimensional del emperador hecho de metal labrado que portaba sólo la cohorte principal.

-Vexillarius fue una clase de signifer que servía en tiempos de la Antigua Roma en las legiones de sus ejércitos. El deber del vexillarius era portar el vexillum, el estandarte militar en el que figuraban el nombre y el emblema de la legión en la que servían. El vexillum consistía en una pancarta de tela colgada de un palo o lanza. Se empleaba tanto en unidades de infantería como de caballería.

Cabe decir, que una estructura tan perfecta y compleja como la de la legión romana no hubiera podido funcionar sin toda esta red de suboficiales, los cuales, es importante repetir, eran elegidos por haber destacado durante muchos años en las interminables campañas militares de Roma.

Signifer



Bibliografía: -Yan Le Boec, El ejército romano.

-Monografía en Internet de Mattia Mauro Raffaello Casali Guidugli.

-Wikipedia.

LOS SUBOFICIALES EN LA FALANGE GRIEGA.

Aunque resulta arriesgado hacer paralelismos entre épocas muy distantes, y mucho más usar términos actuales para designar realidades del pasado; lo cierto es que desde que existen los ejércitos siempre ha habido hombres que han desempeñado las funciones de un suboficial. La famosa falange griega no es una excepción. Si bien la falange más arcaica era una formación muy compacta y de escasa maniobrabilidad, que los hoplitas eran en su mayoría ciudadanos libres iguales entre ellos y con unas funciones comunes a todos ellos, la experiencia era un grado y en una formación donde mantener la posición era tan importante, hubo hombres que se encargaron de organizar y mantener la disciplina en las líneas de las que formaban parte. Es importante señalar que en tantos siglos de guerras hoplitas la falange fue evolucionando. De ciudadanos-soldado que se costeaban su propio armamento, la falange llegará a ser un ejército profesional que alcanzará su máximo esplendor con las reformas de Filipo II de Macedonia, cuando esta formación alcanzó su mayor esplendor y donde mejor se puede apreciar el papel decisivo de estos antiguos suboficiales. Filipo II, padre de Alejandro Magno, estuvo muy influenciado por otro gran general, el tebano Epaminondas, famoso por acabar con la hegemonía espartana en tierras helénicas.


La formación más común de la falange era la de 16 hileras con 16 hombres de fondo, resultando 256 hombres en cada Columna o Syntagma. Con las reformas de Filipo II, las columnas se dividían en dos cuerpos de 8 por 8, llamados Taxis, para poder maniobrar con más flexibilidad, y a su vez cada uno de estos cuerpos también podía dividirse por la mitad, en las denominadas Tetrarquias. Cada una de estas tres formaciones tenía su jefe, empezando por el Syntagmatarca, jefe de toda la formación; seguido por dos Taxiarcas y cuatro tetrarcas. Todos estos serían los oficiales de la formación, pero dentro de esta y debido a su complejidad harían falta más hombres para conseguir su correcto funcionamiento, es aquí donde entran a jugar nuestros suboficiales helenos.

Como parece evidente, la parte más importante de la formación es la primera hilera, la cual estaba formada por los jefes de cada fila o lochos, los Lochagos, estos serían los suboficiales más importantes, elegidos para este puesto tras demostrar su valor y capacidad de combate a lo largo de muchas campañas. Su armamento era el mejor, acorde a su categoría. Tenían que infundir valor a sus hombres, dirigir los movimientos de la columna y aguantar el primer choque de la formación contra el enemigo. Más atrás, en la quinta fila, a la derecha de la segunda parte de la primera mitad de la columna tendríamos al Protostates Enomotarca; y mandando la segunda mitad de la columna estaría el Protostates Hemilochites. Estos puestos intermedios eran vitales para mantener la cohesión de la formación. Pero el suboficial más importante, junto al Lochagos, era el Ouragos, situado en un punto estratégico, al final de la columna, con la importante misión de saber guiar el final de la formación en los giros, además de alentar a los hombres e impedir que alguno presa del pánico quisiera huir.

ALEJANDRO EL GRANDE

Presentación.

Este humilde blog nace con la intención de reflejar algunos episodios de la Historia de España. Mi intención es honrar a aquellos que dieron su vida por la Patria y reflejar algunas hechos poco conocidos e ignorados por la mayor parte de la historiografía. Estos pequeños artículos ya se han publicado en revistas como Minerva, pero los expongo aquí para aquellos que no hayan tenido acceso a ellas.
Toda crítica o colaboración será bienvenida. Gracias y que disfruten, y lo que es más importante, que el bello se les ponga de punta al revivir estos gloriosos acontecimientos.
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